Honduras ¿el país más violento del mundo?

Por Ernesto Paz Aguilar*

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNOC por sus siglas en inglés) afirma  en el “Estudio global sobre homicidios” que Honduras es el país más violento del mundo con una tasa de homicidios de 82.1 por cada 100.000 habitantes, seguido por su vecino El Salvador con 66 y el africano Costa de Marfil con un 56.9. El documento agrega que el triangulo del norte de Centroamérica, es decir, Honduras, El Salvador y Guatemala, es una de las regiones más peligrosas y violentas  del mundo.

Por su parte, el informe  sobre el “Estado de la región en el desarrollo humano sostenible” de 2011, elaborado por una prestigiosa red de instituciones de investigación, sostiene: “Las brechas sociales y la exclusión social así como la ola de criminalidad y el narcotráfico que afectan Centroamérica, pueden llevar al colapso a los estados de la región…y  podrían convertirse  en estados degradados o fallidos”.

¿Cuáles son las causas del alarmante aumento de la violencia en este país centroamericano?
Las causas fundamentales del aumento de la violencia, en nuestro criterio, son: El desarrollo de las maras o pandillas; la expansión del narcotráfico; y, la impunidad de la clase política y de los grupos facticos. A los males citados se suman la pobreza, la exclusión social y la corrupción, todo lo cual, configura una situación peligrosa, volátil e inestable, que amenaza la gobernabilidad democrática del país.

Un informe bipartidista del Senado de los EEUU denominado “Crisis de seguridad en Centroamérica” publicado recientemente, confirma esta tesis y asegura que en nuestra región “la impunidad es la ley”. El documento concluye diciendo que los delitos cometidos por los narcotraficantes quedan impunes, porque los jueces, fiscales y policías han sido corrompidos o temen por sus vidas.

Conviene precisar que el fin de la violencia política en Centroamérica fue el resultado de una solución política negociada, pero que dejó intactas las causas profundas que originaron las sangrientas guerras civiles y que años después estalló nuevamente en forma de violencia criminal. Además, la desmovilización de miles de combatientes y su inserción fallida en la sociedad allanó el camino de la narcoactividad. Sin embargo, este flagelo solo vino a ser el catalizador de un proceso acelerado de desintegración social y de descomposición institucional de las “democracias de fachada” y del Estado clientelar y prebendario.

Las aplicación ortodoxa de políticas neoliberales de los años noventa dejaron estados débiles y desarticulados, con élites dotadas de una mentalidad premoderna con baja capacidad para alcanzar acuerdos; y, con una institucionalidad frágil y precaria con dificultades para procesar demandas y resolver conflictos dentro de parámetros democráticos, tal como quedó demostrado con el golpe de Estado del 2009.

El fracaso de las políticas de mano dura y de cero tolerancia ha tenido como efecto una convergencia perversa entre las pandillas juveniles o maras y los carteles de la droga. Se ha producido además, una especie de división social del trabajo: las maras tienen el control de muchos barrios de las ciudades donde campea el narcomenudeo, la extorsión (impuestos de guerra), el secuestro y el sicariato; y los carteles de la droga, por su parte, han neutralizado o infiltrado algunas estructuras estatales y mantienen una guerra abierta por el dominio de las narco rutas.

Para salir de la crisis es necesario: Avanzar en el proceso de construcción de una democracia más participativa y deliberativa en la dirección que recomienda el Informe de la Comisión Nacional de la Verdad y la Reconciliación; relanzar el proceso de integración centroamericana como medio para sobrevivir como estados soberanos en los tiempos de la globalización; y, repensar una política de seguridad regional centrada en la persona humana, que sea el producto de acuerdos y consensos entre países productores, consumidores y afectados directamente por el narcotráfico.

En definitiva, el peligro de que los países de la región se conviertan en estados fallidos no es una metáfora, es una posibilidad real y para evitarlo se requiere de la cooperación y solidaridad de todos los países del hemisferio. La seguridad de todos está en juego.

*Ex ministro de Relaciones Exteriores de Honduras 1994-1995

Comentarios

17 Comentarios de “Honduras ¿el país más violento del mundo?”
  1. vistoso dice:

    En Honduras,quienes venden las armas,no es en los supermercados o en la truchas,quienes venden los ataudes y ahora hasta cementerio tienen,son los chafas.quienes venden las akas,y las que se perdieron quien las vendio,no fue un pinche soldado,son lo altos los de la cupula militar,y la tal depuracion de la policia,solo quedo en papel mojado,las bandas de maleantes de la policia siguen operando por que los salpico el narcotrafico,y el crimen organizado,jueces,policia chafas etc estan en esa telarana,asi que seguimos igual.

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