Memoria unilateral del hondureño

Por: Segisfredo Infante

Uno de los problemas emocionales más característicos del hondureño como ente promedio, es su capacidad extraordinaria, implícita o explícita, para “unilateralizar” su propia historia, escamoteándola sin ningún rubor. En un primer momento puede borrar los hechos positivos del pasado, desconocer a la gente buena para resaltar, simultáneamente, las cosas negativas que le pudieran haber ocurrido como persona; o como colectividad. La cosa va más lejos cuando alguien tiende a confundir lo positivo con lo negativo; o viceversa. O cuando le es casi imposible deslindar ambos factores al momento de exteriorizar juicios sobre los hechos aislados; sobre procesos sociales; o sobre las demás personas. De tal suerte que existen unos individuos deleznables que aparecieron con unos méritos abultados cuando, en la vida real, se trataba de medianías archi-grises, que supieron sobresalir por el oportunismo; por su mimetismo camaleónico; o por su capacidad de serrucharle el piso al prójimo, en la forma más indigna.

En tal dirección podríamos enunciar que en la historia de Honduras ha habido personalidades brillantes que pasaron ignoradas en el medio, y que por puro milagro no murieron de aflicción, como es el caso del padre Antonio R. Vallejo, estadígrafo moderno extraordinario, en los finales del siglo diecinueve. Y ha habido, por otra parte, muchos individuos taimados que fueron más listos (y más lisos) que los bagres en un río revuelto, cuya condición principal ha sido desconocer los favores que les han prodigado otras personas valientes o de buena voluntad. Los taimados merecerían un capítulo especial en la historia de Honduras, porque algunos tienen verdadero talento pero dudan de ello. Otros se dedican a la intriga las veinticuatro horas del día. O a exhibir sus falsos méritos.

Aunque lo anterior pareciera un galimatías, cualquier reflexión detenida o imparcial sobre lo expresado, podría ayudar al lector a identificar a esas personalidades positivas y negativas de nuestro acontecer histórico. O a deslindar los momentos positivos y los negativos dentro una misma individualidad, con miras al equilibrio en la balanza de los hechos y sucesos. El problema es que el hondureño promedio, para decirlo a la manera de J.L. Borges, “carece de memoria histórica”, llenando el vacío con desinformaciones. Nada sabe de los casi tres siglos del periodo colonial porque la historia oficialista le enseñó que aquello fue un periodo de ignorancia y de pura dominación española, perdiendo de vista que su propio mestizaje histórico-cultural fue fraguado en aquel gran momento, con todo lo positivo y lo negativo que ello pudiera significar; o implicar. Mientras los japoneses actuales (súper-industrializados) se enorgullecen de los mil doscientos años de civilización continua en donde sobresale el “Shogunato feudal” y la poesía breve, el hondureño promedio pasa despotricando contra su pasado colonial, el siglo diecinueve y contra la zigzagueante historia del siglo veinte. En tanto que los europeos modernos se enorgullecen de su arquitectura medieval (románica y gótica), el hondureño se pavonea con altanería e indiferencia frente a los pocos valores arquitectónicos que todavía se conservan en pie.

Eso sí. En Honduras hay una disposición permanente, como en casi toda América Latina, a rendirle culto unilateral a los fusiles, a los cuchillos y a las espadas fratricidas, olvidando a los seres humanos, de carne y hueso, que por diferentes razones se refugiaron o defendieron detrás de tales instrumentos. Si bien es cierto que en países como Francia existe todavía un culto a la personalidad del genial Napoleón Bonaparte, los franceses han construido monumentos gigantescos dedicados al arte, a la investigación histórica y a la ciencia. Otro tanto podría decirse de países como Italia e Inglaterra, en donde tenemos comprendido que se respira historia, ciencia y cultura por todas partes, sin desmedro de las personalidades que sobresalieron a lo largo y ancho de sus propios devenires.

No existen en nuestra arrabalera Honduras grandes monumentos consagrados al arte independiente, a la ciencia, a los libros, ni mucho menos a la filosofía. Adoradores del cuchillo trapero y del revólver, pareciera que en nuestro medio nunca han existido pensadores ni escritores de calibre continental, como don José del Valle, Froylán Turcios y Rafael Heliodoro. Ellos solamente existen cuando hay presentaciones ocasionales de libros; o cuando alguien escribe un artículo aislado para conmemorar las aburridas efemérides regionales. Mientras Honduras cierre los ojos a sus valores genuinos y a la necesidad de un pensamiento profundo y sistemático, y por otra parte se dedique a adorar a los hombres (importantes o mediocres) que regaron la sangre de sus hermanos en las campiñas, el país continuará patinando en el pantano repetitivo los próximos doscientos años. Lo mismo podría ocurrirle al resto de países latinoamericanos. Porque a la par de la espada histórica y de los héroes se necesitan, urgentemente, el “Libro Sapiencial” y el “Búho” simbólico de Minerva, que iluminen nuestros caminos, hoy por hoy fastidiosos y depresivos.

Comentarios

4 Comentarios de “Memoria unilateral del hondureño”
  1. María dice:

    Y no dicen que la memoria solo es una , podríamos decir memoria selectiva ,en todo caso, como nos gustaria tener , la memoria de un país apacible con igualdad justicia para todos ,ver en el prójimo el amigo y no el depredador caminar por las callecitas empedradas ,sin baches ,sin ladrones ,solo con las magnolias ya los jazmines que nos perfumen,ver el río con agua cristalina, acompañado de la brisa y de los olores de la comida añorada,los paisajes luminosos e ingenuos,los niños sonriendo corriendo,si verlos muertos de hambre mal nutridos yen harapos.
    Sus monumentos cuidados ,sus parques llenos de vida y si temores un país apacible donde el crimense esfume y si como llego se vaya.

  2. María dice:

    Yo le sugiero que empieze con una cita de Valle cada uno de sus artículos así se difundirá su caudal de saber y su actualidad.Si tuviéramos a Valle como Modelo bien podríamos. Decir que revolución BOlivariana y que ocho cuartos nosotros tendríamos nuestra revolución Vallista, (hay unos que con solo ver esta. Palabra tiemblan ) no se dan cuenta que hay revoluciones del saber cada minuto.
    Y le aseguro que así como Venezuela redujo su pobreza del 51% al 25% (datos de la CEPAL) así también nosotros nos enfocaremos a reducir nuestra pobreza. Ya tiene un institución Valle en HOnduras que se dedica a difundir su pensamiento?

  3. Josefa Suazo dice:

    DON SEGISFREDO, SU ARTICULO DE HOY NO PUDO SER MAS OPORTUNO. GRACIAS.

  4. Santos M. dice:

    Que buena; AUTOBIOGRAFIA.

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