¡PENSAR NO DUELE!

Vilma Mondragón Alvarado
vilmondragonalva@gmail.com

“Una vida sin reflexión no merece vivirse”
Sócrates

“Pensar no duele”, nos decía mi profesor de Filosofía, cuando yo estudiaba. Quizás no llegábamos al fondo de ese pensamiento tan profundo, no entendíamos. Ahora creo haber logrado comprender su significado y voy a tratar de compartirlo.

Hay quien piensa que la vida activa, sin mayores esfuerzos de pensamiento, es la mejor vida que podemos tener. Hablando con un amigo que se marchaba a vivir a Estados Unidos de Norte América y preguntándole yo por sus motivos, respondió, entre otras razones, “porque allá no se piensa, sólo se vive rápidamente”. Esa respuesta me dio mucho que pensar y recordé una frase célebre de Sócrates que decía “una vida sin reflexión no merece vivirse”.

He escuchado, en varias oportunidades, departe de algunos  “intelectuales” nuestros, que en un país como el nuestro, pobre y poco desarrollado, la Filosofía es un lujo. A pesar de que hoy existe un auge del pensamiento filosófico, a nivel general, los reformadores educativos y los teóricos de la educación de nuestro país, se han encargado de borrar de los espacios curriculares esta materia, por inservible. Pensar rigurosamente es un lujo.

Por  otra parte, el desprecio por la teoría, entre nosotros es proverbial. Cuando queremos calificar alguna conferencia o curso,  como buenos, escuchamos decir, “estuvo muy bien porque no tuvo nada de teoría”. Esto tiene mucho que ver con la idea de despreciar el pensamiento, puesto que la teoría está constituida por conceptos, que no se ven, ni se tocan, ni se miden directamente, están en la mente, antes de ser escritos o codificados. Sin embargo, no me canso de repetir que “no hay nada más práctico que una buena teoría”. Sin teorías no sería posible ni la ciencia, ni la tecnología.

El otro extremo de la cuestión es que el hombre es sólo reflexión o sea puro pensamiento reflexivo, sin ningún fundamento ontológico. Es decir, que el pensamiento constituye toda la realidad. Esta posición ha generado una serie de tendencias idealistas, durante muchos siglos, lo que ha dificultado la mejor comprensión del mundo, del universo o de la realidad por el hombre.

¿Por qué quiere o necesita el hombre comprender su realidad? Sencillamente para orientarse, para saber dónde está parado. Sin esta comprensión, es difícil emprender alguna acción. Demos un ejemplo: si usted se pregunta por el sentido de la vida, es porque siente que una respuesta –de  naturaleza filosófica, por cierto- puede ayudarle a tomar decisiones sobre su propia vida o a orientar adecuadamente a sus hijos.

Claro está que no todo pensamiento es filosófico. Para serlo, necesita reunir ciertas condiciones como disponer de un método que sea adecuado a la variedad y riqueza de las cosas que se quieren comprender y explicar; también “limpiar”  la mente de telarañas y prejuicios a fin de dar cuenta, en forma crítica, del entorno histórico y espacial de las realidades que interesan; o ver las cosas en su contexto, puesto que la filosofía tiene carácter integral y no parcial. Para esto último ejercen su función las ciencias particulares, como la Biología, las Matemáticas, la Sociología, etc. Todas ellas necesitan de un enfoque epistemológico para ocupar la función y el lugar que les corresponde, en el concierto de todos los saberes.  Es allí donde se da el espacio de colaboración de la Filosofía con las ciencias particulares.

El que estudia Filosofía, ha de tener un compromiso serio con los acontecimientos que están por venir. Es la búsqueda incansable de caminos y soluciones en el campo teórico, político, religioso y sobre todo, vital. No se estudia Filosofía, sino que se aprende a filosofar, para lo cual, el estudio es indispensable.

Es cierto, también, que “el hombre de la calle” tiene su propia filosofía espontánea, de vida. Se la ha dado la “universidad de la calle”, que a veces es la mejor, cuando las universidades formales  se distancian de la cotidiana realidad. Esta filosofía le da respuestas para todo, a veces míticas, experimentales, todas ellas prácticas, muchas de ellas sabias. Cuando las sostiene, lo hace con una gran convicción, es poco probable convencerlo de lo contrario, porque están basadas en el sentido común.

El pensar el mundo, desde la Filosofía, no quiere decir que le quitemos importancia a la acción.

Es muy frecuente –producto de la ignorancia- afirmar que aquel que no hace nada, vive filosofando, confundiendo este quehacer con el “ocio vulgar”, que no es lo mismo que el ocio griego, o tiempo propicio para la reflexión. Sólo así se entiende la afirmación de que “la Filosofía presupone el ocio”.

Finalmente, hay que reconocer que muchos de los que hemos dado clases de Filosofía, podríamos tener parte de la responsabilidad por el descrédito de esta asignatura, si nos hemos dedicado a la historia de la Filosofía, en una firma aburrida y monótona y no logramos despertar en el alumno el interés y la pasión de utilizar la  reflexión filosófica para conocerse mejor cada día.

Explicación necesaria:

LA TRIBUNA Online respeta el libre pensamiento de sus lectores. Y por ello publica sus comentarios -- que no pasen de 500 palabras--, tal como los envían, incluso con su ortografía. Pero sugiere que se utilice, indistintamente del criterio político o ideológico de sus autores, un lenguaje que no ofenda la moral y las buenas costumbres. Caso contrario, nos obligarán a omitirlos.

Opina sobre esta nota