Quién fue Juan Ramón Molina?

Por: Marcial Cerrato Sandoval*

*Palabras pronunciadas por el autor secretario y coordinador general del comité pro monumentos a Juan Ramón Molina, en un acto especial dedicado a J.R.M., y conmemorativo de la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Juan Ramón Molina

Hoy es un día muy especial… nos hemos reunido para recordar y exaltar a quien –el ex presidente Vicente Mejía Colindres- llamara “El Príncipe de los Poetas hondureños”, un hijo de nuestra querida Comayagüela y por qué no decirlo, de este barrio.

También considero oportuno señalar que estamos inmersos en un entorno histórico y simbólico muy significativo.
En este edificio, por ejemplo, funcionó por varios años la Alcaldía Municipal de Comayagüela, antes de unirse a Tegucigalpa y formar el Municipio del Distrito Central.

En el parque de La Libertad, que tenemos enfrente, disfrutó su infancia Juan Ramón Molina y siendo adulto, se sentó a meditar. Este parque fue creado en la administración de Marco Aurelio Soto en honor a la Villa de la Concepción, -como se llamaba entonces a Comayagüela-, y dedicado a “La Libertad”. Representada simbólicamente por una estatua, la cual fue erigida años antes que la famosa y monumental efigie de Nueva York.

Estas son algunas de las razones por las que el Comité Pro Monumentos a Juan Ramón Molina, seleccionó y obtuvo legalmente de la Corporación del Distrito Central, la donación ad-perpetuam del lote, en que, gracias al trabajo e inversiones exclusivas del Comité; desde 1994, -cincelado en bronce, por Mario Zamora- engalana y se yergue como un ícono cultural, su imagen.

Escribir o hablar sobre Juan Ramón Molina es una tarea compleja… fácil y difícil a la vez.

Casi todos los escritores nacionales contemporáneos y posteriores a él, lo hicieron objeto de sus estudios y tenemos hoy diversas biografías, aproximadamente psicológicas y críticas, citas y comentarios; pero si nos alejamos del aspecto histórico y entramos en apreciaciones sobre su multifacética personalidad, la tarea se vuelve compleja.

Pese a lo anterior y bajo el alero acogedor de este centro cultural, deseo compartir con Uds. no solamente una aproximación cronológica-histórica de su vida, sino un atisbo de su visión del mundo, su filosofía de vida, en otras palabras, su elan vital.

“Nací en el fondo azul de las montañas hondureñas, /detesto las ciudades y más me gusta un grupo de cabañas/ perdido en las remotas soledades” así describe Juan Ramón Molina el lugar donde inicio su corta vida terrenal y que en el mapa aparece como la ciudad de Comayagüela, gemela y separada de Tegucigalpa por un río –como Buda y Pest-, y formando ambas, como Distrito Central, la Capital de Honduras.

Su nacimiento fue el 17 de abril de 1875, en la 2ª. Ave. o calle real, entre la 4ª. y 5ª. Calles, conocida como Calle de los Poetas, porque muy cerca nacieron otros escritores de talla continental.

Sus padres fueron personas pobres; un comerciante en ganado de nombre Federico Molina y doña Juana Núñez, campesina originaria de Aguanqueterique, Departamento de La Paz.

Sus primeros años transcurren sin preocupaciones y en actividades propias de un chico inteligente, vigoroso y lleno de grandes inquietudes que traduce en travesuras y juegos de valor y destreza; en montar a caballo –incluso mirando hacia la grupa-, pescar y nadar en los ríos cercanos y hacer sus primeros versos criticando a sus maestros.

Debido a su carácter y espíritu independiente sus padres deciden matricularlo en la escuela de un señor White (blanco) que Molina convierte en sus escritos en el terrible Mr. Black (negro), personaje que describe como salido de una novela de Dickens, y digno representante del dogmatismo y escolástica imperantes de esa época…
Después de grandes vicisitudes logra –sin pena ni gloria- terminar la primaria.

En 1892 viaja a Guatemala y después a Quetzaltenango. En dicha ciudad ingresa en el Instituto Normal para Varones de Occidente (INVO).

Todos sus biógrafos coinciden en afirmar que Quetzaltenango fue la patria intelectual de Molina. Durante estos años recibió el apoyo de directores y profesores, como Flavio Guillén y José Antonio Aparicio, sirviendo clases y viviendo en su compañía. Inicia también su carrera como periodista, escribiendo, no solo en periódicos estudiantiles, sino colaborando y dirigiendo diarios como el Bien Público.

Coronados sus estudios de bachiller en 1894, viaja a la capital de Guatemala y en 1896 se consagra ante la opinión pública y literaria de dicha ciudad, al pronunciar un discurso conmemorativo de la muerte de Justo Rufino Barrios y donde publica varios de sus poemas escritos en Quetzaltenango, como el Águila y la Calavera del Loco.

Regresa a Honduras a finales de 1897 y el Presidente Policarpo Bonilla lo nombra Subsecretario de Fomento y Obras Públicas, pero unos meses después renuncia a dicho cargo, porque habiendo fundado el semanario El Cronista considera que su posición burocrática limita su libertad como periodista. Posteriormente trabaja como Director del Diario de Honduras.

En 1898 participa activamente en la campaña a favor de la candidatura de Terencio Sierra de quien se consideraba amigo personal; este gana la elección, pero en el acto inaugural, Molina expresa algunos consejos –para la conducción del futuro gobierno- que disgustan a Sierra, quien ordena su expulsión del salón donde se celebra el evento y después de una serie de enfrentamientos culmina con su captura, encarcelamiento y trabajos forzados en la carretera del Sur. Cuando recobra la libertad decide el camino del exilio a San Salvador y Guatemala.

Posteriormente se incorpora a la revolución encabezada por Manuel Bonilla en 1903, que lleva a este a la Presidencia de la República. Con el apoyo de Manuel Bonilla, funda el periódico semioficial El Día y además es nombrado subdirector de la Escuela militar y ascendido a teniente coronel.

Durante todos estos años fue amado dentro del tálamo nupcial y fuera de él por muchas mujeres y dejó hijos –tanto legítimos, como naturales-. También sostuvo duelos periodísticos, a bastonazos y pistolas, en que afortunadamente, tanto el –como sus contrincantes- sobrevivieron.

Sufre en 1905 la pérdida de su primera esposa doña Dolores Hinestroza, a quien dedica su elegía inmortal “Una muerta”.

1906 marca un hito en la vida de Molina, ya que el presidente Bonilla nombra a Froylán Turcios y por influencia de este, a Juan Ramón Molina, secretarios de la delegación hondureña al III Congreso Panamericano de Río de Janeiro. En este magno cónclave convive con los grandes literatos de la época y renueva su amistad con Rubén Darío, que lo presenta como el mejor poeta de Centroamérica.

Posteriormente viaja a Europa y convive con José Santos Chocano y Rubén Darío quedando ambos poetas impresionados con su talento.

En este período y bajo el influjo e inspiración producida por ese viaje, Molina escribe varios de sus cuentos, sonetos y poemas más renombrados, como La niña de la patata, Bahía de Río de Janeiro, Pernambuco y Salutación a los Poetas Brasileiros.

Al caer su protector el Presidente Manuel Bonilla, vuelve al exilio político en San Salvador, donde trabaja en un diario de Julián López Pineda y en el Diario de El Salvador, pero su gran sensibilidad de poeta entra en choque con el estrecho mundo social y cultural de su tiempo; su capacidad intelectual y visión política lo confrontan con la estrecha situación del medio.

Soporta además una precaria situación económica agravada por sus nuevos compromisos –se había casado por poder con la joven Otilia Matamoros- su consumo del alcohol y otras drogas, agravan su estado depresivo –el famoso spleen de su tiempo- y su corazón se detiene en una cantina del pequeño pueblo de Aculhuaca o San Sebastián, actualmente un municipio de San Salvador, llamado Ciudad Delgado, el domingo 1 de noviembre de 1908.

Aquí me permitiré retrasmitir la visión de su propia muerte tomado del poema Después que muera: “Tal vez moriré joven… los amigos me vestirán de negro, y entre dolientes y llorosos cirios de pálidos reflejos, colocarán con cuidadosas manos mi ya rígido cuerpo…”

Aunque fue profético en la visión de su muerte, la patria y sus amigos no lo dejaron permanecer en una fosa olvidada, y en 1918 en medio de una gran demostración de duelo y respeto, sus restos mortales fueron trasladados a Tegucigalpa y desde entonces reposan en el Cementerio General.  Gran parte de su obra fue recogida y publicada en 1911 por su amigo entrañable Froylán Turcios, en un libro titulado: “Tierras, mares y cielos”, nombre que de antemano había sido escogido por Molina.

¿Pero quién fue Juan Ramón Molina?

Poeta, escritor y periodista, de gran sentimiento, profundidad filosófica y pasión humanista.
Pensador de altura. Un conocedor de la literatura de su tiempo y los misterios de la filosofía. Citémosle: “He abrevado mis ansias de sapiencia/ en toda fuente venenosa o pura, /en los amargos pozos de la ciencia/ y en el raudal de la literatura”. Patriota indiscutible dejó plasmado sus ideas y sentimientos hacia Honduras en diversos escritos: “Hoy amo a Honduras mucho más que antes, de tal modo que hasta sus defectos me parecen cualidades después de ver en otros países tantas cosas tristes, a la vez que tanta civilización y progreso…”. Fue a la vez promoto9r del latino americanismo y la unión de Centroamérica: “Tal digo, hermanos míos de la prosapia ibérica. /Saludemos la gloria futura de la América, /que todas las espigas se junten en un haz…”.

En muchas cosas se adelantó a su tiempo, era un ambientalista y ecologista nato: le cantó al mar, los esteros, el sol, los pinos, las islas, la selva, los ríos, “Sacude amado río tu clara cabellera. /eternamente arrulla mi nativa rivera/, ve a confundir tu risa con el rumor del mar/ eres mi amigo…”, nada de la naturaleza era demasiado pequeña o grande para él: la araña, el polo norte, los leones, el grillo, las constelaciones, los bueyes, el sapo…

Eterno enamorado de lo bello, decanto la belleza femenina con sensualidad descollante. “…La mirara mañana –entre mis brazos loca- morir –bajo el divino martirio de mi boca- moviendo entre mis piernas su cola tornasol”.

Exploró oscuros y recónditos secretos de lo esotérico que en alguna forma llenaban sus ansias de conocimiento.

Era orgulloso de su valía pero a veces tan humilde que se confundía en tertulias, deportes y diversiones, con los más ignaros de su barrio.

Fue un defensor del pobre y olvidado… valiente hasta la osadía en su lucha contra la opresión y en defensa de las libertades públicas.

Pero sobre todo fue un humanista como lo revela en varias de sus producciones en verso y prosa. El siguiente es un fragmento de “El niño ciego”: “Y aquella mañana, viéndolo completamente ciego, le echaron a la calle a implorar la caridad pública. Vago muchas horas, mostrando al sol sus andrajos, sin pedirle nada a nadie. El hambre y la sed lo mataban”.

Nosotros vemos en Juan Ramón Molina a un gran poeta y por lo tanto un visionario. Un hijo especial y singular de esta patria hondureña y centroamericana. También creemos que su visión no puede morir; que nos corresponde a nosotros –los formados con este mismo barro- transmitir este legado que es universal. Debemos traducirlo a muchas lenguas, compartirlo, pasarlo de generación en generación a través de la enseñanza. Convertir las bibliotecas de Honduras y Centroamérica en ventanas permanentes de lectura, estudio y consulta sobre el poeta.

Aquí y hoy se gesta otro nuevo encuentro de Molina con el mundo y las nuevas generaciones. Es un renacer, un relanzamiento que lo llevará a donde le corresponde, entre los grandes del parnaso universal.

Estamos seguros que todos los presentes nos darán su apoyo. Muchos han contribuido ya con esta labor, esperamos que de aquí en adelante nos digan presente en las tareas que nos depare el porvenir.

Muchas, muchas, gracias por su gentil atención.

Tegucigalpa, M.D.C., 18 de mayo de 2012.

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1 de “Quién fue Juan Ramón Molina?”
  1. Chilly dice:

    Siempre me pregunte porque mi escuelita en la cual curse mi primaria se llama "ESCUELA JUAN RAMON MOLINA"gracias por aportar estos conocimientos a mi cultura general.Estoy orgulloza de este gran poeta hondureno.

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