El historiador y antólogo Julio Rodríguez Ayestas

Centenario de su nacimiento
Ismael Zepeda Ordóñez

En la residencia de la siempre recordada “dama de la historiografía hondureña, doña Leticia Silva de Oyuela, conocimos a Julio Rodríguez Ayestas. Nos sorprendió que, pese a su avanzada edad, mantuviera fresca su memoria sobre los fondos documentales del Archivo Nacional, y complacido nos hacía la crónica de la obra de los directores que le precedieron en esa institución, símbolo del acervo cultural de la identidad nacional. Sabía de memoria la obra registral y organizativa que esos directores realizaron durante su gestión. Nos comentaba las vicisitudes que atravesó para imprimir la revista “Anales del Archivo Nacional”. Pero no desmayó. Era un hombre de esperanza y su sueño era construir un archivo sobre el General Francisco Morazán Quesada, y muchos de sus viajes por los centros documentales de Centro América los realizó con ese objetivo. Fue presidente por muchos períodos del Instituto Morazánico y mantuvo firme el estandarte victorioso del héroe. Poseedor de una biblioteca especializada en la temática nacional. Muchas tardes en la casa de Lety, lo escuché atentamente cuando comentaba anécdotas y datos biográficos de hondureños sobresalientes, o cuando nos deleitaba con sus comentarios sobre la obra literaria de esos compatriotas que la hiedra del olvido los ha arrinconado para pasar desapercibidos ante las nuevas generaciones. Le era agradable rescatar de las entrañas de la indiferencia a esos hondureños y hondureñas que pareciera que el tiempo los ha expulsado de su dinámica. Pero, pese a todo, era un hombre de esperanza en el porvenir de una Honduras identificada plenamente con los valores de la cultura y la identidad nacional. Para Julio Rodríguez Ayestas cualquier obra literaria, ensayo o publicación tenía un valor trascendente y se sentía responsable de ubicar en los estantes del Archivo Nacional un ejemplar que significaría un tesoro con el correr de los años. Y gracias a esa gratificante labor muchos libros, que son una rareza bibliográfica, hoy se pueden consultar y estudiar en la Biblioteca o en el Archivo Nacional. Esa labor la desempeñó Julio sin mezquindades, y no padecía de esos resabios rurales ante la obra intelectual de nuestros compatriotas. Sentía un pleno orgullo por toda actividad cultural, literaria y científica de todos y todas las hondureñas.

Hoy que celebramos el primer centenario de su nacimiento, queremos resaltar la obra de un hondureño, que sin mezquindades, caprichos y resabios parroquianos, ha colocado en la memoria histórica las bases para estudiar de cerca la evolución de la identidad nacional. Su obra de divulgación cultural no solo ha comprendido la histórica documental, sino la de carácter antológica y ensayística. Por su labor a favor de la ciencia y la cultura recibió el Premio Nacional de Ciencia “José Cecilio del Valle” en 1984. En su condición de Sub-director del Archivo Nacional publicó entre los años 1967-1973, los primeros 13 números de la revista “Anales del Archivo Nacional”; constituyéndose en un genuino continuador de la obra de Rómulo E. Durón y Esteban Guardiola en la Revista del Archivo y Biblioteca Nacional. Como un seguidor incondicional de Rafael Helidoro Valle, publicó la tesis doctoral sobre Cristóbal de Olid, conquistador de México y Honduras, bajo el número 14 de la revista Anales del Archivo en 1979. Esa primera parte de su actividad cultural sigue siendo una fuente de consulta entre los historiadores.

Sus trabajos antológicos sobre: “Hondureños ilustres en la pluma de Paulino Valladares”; “Cartas al Terruño de Alejandro Castro”; “Salatiel Rosales” y Adolfo Zúniga, el Progreso Democrático”; son valiosos para reconstruir el pensamiento y las ideas que forman el mundo intelectual de los hondureños. Esa particularidad del trabajo antológico fue continuada por Ramón Oquelí Garay y Roberto Sosa. La recopilación de un “Proceso de indios de Teupasenti por decirse que eran brujos”, fue presentada en 1975 durante la Primera Reunión de Antropología e Historia de Centro América y México en la ciudad universitaria “José Trinidad Reyes” en Tegucigalpa; es una pieza documental importante para conocer la mentalidad e imaginario colonial. Reunió bajo el título “Tradiciones Tegucigalpenses” la obra del historiador Gonzalo Guardiola Arbizu, ex director del Archivo Nacional y del Archivo Municipal de Tegucigalpa. En su condición de presidente del Instituto Morazánico preparó el “Folleto Morazánico” junto al abogado Rafael Jerez Alvarado para fortalecer la Cátedra Morazánica. Esta es parte importante de la obra histórica de Julio Rodríguez Ayestas, sin contar sus  trabajos periodísticos, conferencias y entrevistas sobre la historia nacional. Era miembro distinguido de Asociaciones de Geografía e Historia de Honduras, Guatemala, Costa Rica y del Instituto Panamericano con sede en México. Por la divulgación de las letras nacionales y labor periodística le fue otorgado el Premio Nacional de Periodismo “Paulino Valladares” en 1970.

Conforme  al pensamiento de Salatiel Rosales (1980. Editorial Universitaria, 166). Podemos decir de Julio Rodríguez Ayestas: “Hombre de letras no es, pues, lo que se cree, un pescador de consonantes, un alígero zurcidor de renglones; hombre de letras es un héroe, que no merece el desdén con que a veces le tratáis, sino la reverencia a que tienen derecho todos los héroes, porque ellos muestran el destino, dan la nube conductora, son así como la fuerza, la gracia y la luz del mundo”. A ese hombre del pensamiento histórico que las instituciones nacionales a las que perteneció lo han olvidado, y no recuerdan tributar un homenaje a su memoria; les reclamamos: luchemos contra el olvido de nuestros pensadores. Porque compartimos con Ramón Rosa, 1848-1893, que la labor de Rodríguez Ayestas en la dirección del Archivo Nacional tiene derecho a recibir las frases pronunciadas: “Un pueblo sin archivo, sin historia, sin tradiciones, no puede tener un carácter que lo distinga, que lo haga representar un papel honroso en las magníficas evoluciones del progreso. Esta es una verdad palmaria”.

Comayagüela, julio de 2012.
Ismael Zepeda Ordóñez. Choluteca. Historiador. UNAH. zepedao.ismael@hotmail.com

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LA TRIBUNA Online respeta el libre pensamiento de sus lectores. Y por ello publica sus comentarios -- que no pasen de 500 palabras--, tal como los envían, incluso con su ortografía. Pero sugiere que se utilice, indistintamente del criterio político o ideológico de sus autores, un lenguaje que no ofenda la moral y las buenas costumbres. Caso contrario, nos obligarán a omitirlos.

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