BOCADILLOS CATRACHOS

ARQUERO 

LOS viajeros menos estereotipados preguntan casi siempre por los platos típicos de Honduras. Algunos hondureños se quedan con los labios congelados pues no encuentran, por ninguna parte, una verdadera lista de comidas eminentemente catrachas para ofrecerle a los extranjeros. Ni siquiera a los mismos paisanos. Pues les avergüenza hablar de las especificidades gastronómicas de su propio país. O han perdido, con el paso del tiempo, la información pertinente heredada por las abuelas y matronas de antaño.

Uno grupo de jóvenes emprendedores –como excepción de la regla–, hace pocos meses estuvo interesado en incluir en la lista de las “Treinta Maravillas” una serie de platos típicos propuestos por los “electores”. Sin embargo, por la desinformación de la cual hablamos, quedaron por fuera una serie de bocadillos que se pierden en la bruma de las décadas. Casi nadie ha oído mencionar el “nacarigüe”, una especie de guiso con carne de venado que se aliñaba a los viajeros que se trasladaban de una provincia a otra. Tampoco resulta familiar en el lenguaje de nuestros días “el arroz de maíz”, más conocido en Tegucigalpa como “sopa de pirrús”, la cual es una mala imitación del plato original. En la zona centro-oriental de Honduras el arroz de maíz se preparaba (algunas matronas todavía lo hacen) utilizando maíz “bofo”, huesteado en piedra de moler, hasta convertirlo en un espeso guiso, coloreado con achiote natural, y enriquecido con carne de gallina vieja, preferentemente. Pero quizás el plato más famoso y delicioso de esta subregión hondureña sea el “tapado olanchano”, preparado con carne salada y yuca blanda, cocido a presión con conchas de plátano maduro, teniendo como resultado una simulación de caldo espeso.

En el occidente de Honduras son conocidos los alimentos de aliño como el “ticuco”; el “atol chuco”; la “pupusa de ayote”; el “tamal de viaje con frijoles”; la “montuca”, con masa grasosa y varios ingredientes; el “chancho orneado”, oloroso y relleno de todo; los “pitos espinosos” en sopa de frijoles; “el vicio”, con maíz pelotoso y vinagre; y el famoso “loroco”, que es una especie de bejuco trepador cuyos botones y florecillas se utilizan como aderezos en diversos alimentos occidentales. También está la “flor de izote”, que aparece tanto en platillos hondureños como salvadoreños.

La zona norte de nuestro país, la cual es comparativamente joven en términos de marejadas migratorias procedentes del interior y del sur, ofrece “el cazabe” de harina, yuca y malanga; el “bastimento” con plátano verde en casi todas las comidas; la “sopa de caracol”; y, la “sopa de tapado”, que es una imitación lejana del “tapado olanchano”. Son apetitosas las “baleadas” con tortillas de harina, frijoles, chile y mantequilla; la yuca con chicharrón y salsa chorreada; lo mismo que la chuleta de cerdo frito con tajadas de guineo maduro o verde, según el caso. Pero estos dos últimos bocados se han generalizado en casi todo el país, y son peligrosos por aquello de la “triquinosis”.

Quizás el bocadillo catracho más popular en Honduras, y que casi nadie ha reparado en la importancia del mismo, sea la famosa “burrita”, única en Centroamérica, que se prepara con tortillas, quesillo, frijoles, huevo, mantequilla, etcétera, y que saca de apuros a los trabajadores de cualquier estrato social. Hay otros platos reconocidos como los “nacatamales”; el “pescado engüevado”; la “sopa de olla”; y el “plato de mondongo”, que es una imitación lejana de los “callos a la madrileña” del centro de España. Una forma de prestigiar a nuestro país, es dar a conocer al mundo nuestra gastronomía regional.

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LA TRIBUNA Online respeta el libre pensamiento de sus lectores. Y por ello publica sus comentarios -- que no pasen de 500 palabras--, tal como los envían, incluso con su ortografía. Pero sugiere que se utilice, indistintamente del criterio político o ideológico de sus autores, un lenguaje que no ofenda la moral y las buenas costumbres. Caso contrario, nos obligarán a omitirlos.

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