El crimen en Honduras

Por Noé Pineda Portillo

La delincuencia y sobre todo el crimen como delito mayor, es objeto de análisis en muchos conglomerados sociales, tanto por la incidencia que tiene en las familias como células sociales, como también por el peso que ello representa en una sociedad subdesarrollada como la nuestra.

No podemos negar que somos una sociedad violenta, así como todas las sociedades latinoamericanas que tenemos como tal, un mismo origen, pues esta violencia se engendró desde cuando la propiedad privada se escenificó para dejar fuera de los beneficios de la tierra, de las aguas y de todos los recursos naturales a las grandes masas que no tuvieron quien las defendiera y si acaso las leyes de Indias lo exigían, aquello no dejaba de ser papel mojado.

Podríamos decir, que son muy pocos los estudios realizados sobre criminalidad en Honduras, sobre todo desde el punto de vista sociológico e histórico, y los que se han hecho, parecen ser una aproximación a la realidad delictiva en el país, ya que desafortunadamente, no existían exigencias institucionales sobre el particular que profundicen este tipo de fenómenos  para conocer mejor las causas y efectivamente prevenir los efectos. Aunque se sabe como lo hemos mencionado que toda sociedad, en este mundo moderno, no está exenta de cometer delitos, pues voluntaria o involuntariamente, estos se cometen a diario, donde algunos de estos pueden afectar a la sociedad, dependiendo de su impacto y otros que pueden tomarse como de rutina, tal como puede ser una infracción  de tránsito.

No cabe duda que el incremento en la delincuencia y sobre todo la criminalidad, obedece a causas muy complejas, difícilmente de controlar, sobre todo cuando no contamos con estudios serios, sectorizados y también globales, para establecer las estrategias correspondientes y tomar medidas de control basadas en conocimiento científico de nuestra  realidad social. El ataque a estos problemas no solamente debe ser a la represión, sino también en la justicia social que recibimos o que no practicamos.

En las ciudades de mayor movimiento comercial e industrial como Tegucigalpa en la región central, San Pedro Sula y La Ceiba en la costa norte, Choluteca en la  costa sur, es  donde mayormente se suceden los grandes crímenes y a pesar de las causas complejas que se mencionan, no debemos olvidar que toda sociedad en crisis por la falta de empleo, de oportunidades sociales y económicas, narcotráfico, migración constante y corrupción en los niveles públicos y privados, hace que las normas de buena conducta en la sociedad se distorsionen y aumenten la delincuencia.

Deberían haber acuerdos institucionales, con la participación de las universidades, para estudios exhaustivos sobre esta temática con otras instituciones que tienen que ver con el orden, la seguridad y la justicia, las universidades en conjunto, pues es una de tantas formas de contribuir a la solución de un problema social. La conducta desviada, siempre es motivo de estudio para toda sociedad moderna, pues solo así puede plantearse nuevos planes de desarrollo nacional y establecer mejores controles sociales. No se crea tampoco, que se van a resolver todos los problemas, pues nuestras sociedades, siempre están en crisis por estar en evolución, ya que  no son estáticas, son dinámicas por naturaleza y mucho más, cuando la base de la estructura piramidal de población es de base ancha, como las nuestras.

No debemos satanizar, a priori, nuestra sociedad echándole la culpa solo a las maras o pandillas juveniles, cuando sabemos que hay delitos de cuello blanco, de narcotráfico, corrupción y otros que se quedan siempre en la impunidad,  engendrando más injusticia y malestar social.

academia2011@cablecolor.hn

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