El nivel de desarrollo de Honduras

Por Noé Pineda Portillo
noepinedap@yahoo.com

Es bueno recordar como parte de nuestra formación cívica cuál es el estado de nuestro desarrollo, para saber cuánto habremos avanzado o el nivel de retraso que llevamos en relación con otros países y el impulso que debemos hacer para lograrlo.

En la Estrategia de Reducción de la Pobreza (ERP), que ya casi ni se oye, se aprobó en agosto de 2001,  un plan hasta llegar a 2015 donde debemos tener niveles de pobreza aceptables con los indicadores de las Naciones Unidas. Este programa se comenzó a ejecutar utilizando recursos del alivio interino HIPC (iniciativa para los países pobres altamente endeudados), o sea, de la cooperación internacional y del gobierno, así como también de la condonación de los fondos de la deuda externa.
La mejora de los índices macroeconómicos, como el crecimiento del PIB (Producto Interno Bruto) de 3-5 a 5% del 2003 al 2004 y la reducción del déficit fiscal, no se ha traducido en un crecimiento sostenible, debido a la debilidad y heterogeneidad de la estructura productiva, la desigualdad social, la alta dependencia demográfica, la baja productividad, el limitado y fragmentado mercado interno, así como los días aciagos que nos engendró la política del quebrantamiento constitucional hasta hoy.

El gasto social ha aumentado, y la pobreza extrema se agudiza, especialmente con los grupos indígenas y las áreas rurales o campesinas. Sin embargo, en la mortalidad infantil se ha tenido una leve mejoría de 39 a 29 por mil. Siendo las principales muertes de menores de 5 años, infecciones respiratorias agudas, diarreas, partos y accidentes. La desnutrición crónica apenas ha disminuido a menos del 40 por ciento, más las otras enfermedades comunes.

Estos problemas han tenido la causa en los limitados accesos a servicios de salud, agua potable y saneamiento, prácticas de higiene, cuidado y crianza inadecuadas y la misma pobreza.

El promedio de años de estudio en educación ha sido de 4 y 6 años en áreas rurales. Las coberturas en educación pre-básica (38%) y básica (90%) avanzan hacia la universalización, pero persisten problemas de calidad y equidad. Esto se debe a las inapropiadas competencias de los docentes, la falta de materiales didácticos y edificios apropiados, la limitada comunicación de las comunidades y la dificultad de aplicar el currículo básico en contextos rurales e indígenas.

La violencia en sus diferentes formas aumenta en los últimos años. La sociedad y el Estado necesitan políticas integrales basadas en los derechos humanos, para prevenir y mitigar este fenómeno que tanto nos agobia. En materia de derechos y equidad de género -según el informe del laboratorio de la violencia- ha habido avances relativos en la adecuación del marco jurídico-legal y de políticas de derechos de la mujer y aunque el sistema democrático ha tenido sus crisis aún persisten dificultades en el marco de la participación social y política.

A pesar de la aguda vulnerabilidad ambiental por los desastres naturales, aún no se cuenta con un sistema nacional de gestión de riesgo basado en la armonización y apropiación de la legislación y la integración en la institucionalidad, ni con una política ambiental que promueva el acceso equitativo y el uso sustentable de los recursos naturales.

El desarrollo de Honduras exige avances en las capacidades económicas y sociales básicas de la población, lo que solo se puede lograr con una estrategia democrática e incluyente de crecimiento económico. Una reforma fuerte del Estado.

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