V grado de la Escuela Tomasa P. de Benedetto

Alumnas del V grado de la Escuela de Niñas Tomasa P. de Benedetto. 1945

Ismael Zepeda Ordóñez

Por ahora, nos preguntamos, ¿desde cuándo las escuelas públicas empezaron a llevar nombre? Es decir, cuando pasaron del nombre de Escuelas de Primeras Letras a Escuelas con nombre propio. Durante el período 1821 a la Reforma Liberal, 1876-1890, primera fase de la época republicana, solo se conocían como escuelas de primeras letras. Las escuelas públicas no tenían nombre propio o particular. Las escuelas eran conocidas por su ubicación geográfica y en las cabeceras departamentales eran conocidas con número. Por ejemplo, Escuela  de Niños No. 1, o Escuelas de Niñas No. 1. Solamente las escuelas y colegios privados llevaban nombre propio.  En Tegucigalpa entre 1880 y 1920 se establecieron el Colegio de Señoritas “Progreso”, la escuela de niñas “La Educación”, El Colegio “La Unión”, Colegio “Eclesiástico”, Colegio “El Porvenir”, el Colegio y Escuela “El Espíritu del Siglo”, escuela privada “La Instrucción”; entre otros. En Juticalpa, instituto “La Fraternidad”, semioficial, primero, y después, oficial. En Santa Rosa de Copán, el Instituto Científico “San Carlos”.

En Santa Bárbara se organizó desde  1877 el instituto oficial “La Independencia”. En Comayagua inició operaciones el instituto oficial “León Alvarado” y el privado “Los Infantes de Colón”. Anteriormente funcionaron el Colegio Tridentino y el Liceo “La Juventud” (1869). En Marcala, La Paz, se organizó el colegio privado “La Educación”. En La Esperanza tuvo operaciones el Colegio “La Ilustración”. Para 1912 ya operaba el Liceo “Manuel Bonilla” en La Ceiba. En Choluteca funcionó el Liceo “Republicano”, antes de cualquier institución educativa de carácter oficial,  cuyo director era el abogado Pánfilo Estrada. Para responder a la interrogante de cuándo empezaron a llevar nombre las escuelas públicas, intentaremos rastrear esas iniciativas de bautizar las escuelas públicas con nombres de próceres, de ciudadanos distinguidos o políticos de turno, que son su mayoría, hoy por hoy. En el caso particular de la Escuela Tomasa Pinel de Benedetto, desde cuándo empezó a ser conocida con ese nombre.

La Escuela de Niñas No. 1 de la ciudad de Choluteca, fundada  en 1880, mantuvo esa denominación hasta aproximadamente 1920. Porque para el siguiente año, 1921, se conoció públicamente como Escuela de Niñas Tomasa P. de Benedetto. Pero,  entonces, ¿quién era Tomasa Pinel Guillén en Benedetto? Debemos decir, primeramente, que no era Maestra de Primeras Letras o Instrucción Pública, sino una rica propietaria  de haciendas y una tienda de mercaderías. Su padre, Juan José Pinel fue administrador de las haciendas de José Cecilio del Valle; además, alcalde, Jefe Político y diputado por Choluteca. Doña Tomasa fue casada en primeras nupcias con el comerciante de origen costarricense, Juan Troya, y en segundas con el  salvadoreño doctor en Medicina Demetrio de Benedetto; cuyos servicios como cirujano de guarnición fueron reconocidos por el gobierno de la República, y fue un influyente personaje en las medidas sanitarias acordadas por la municipalidad ante las epidemias de varicela, viruela,  sarampión y cólera. Con ambos maridos no tuvo descendencia. Al dictar su testamento dejó un legado a favor del sostenimiento de la Escuela de Niñas de  la ciudad.

Esa fue su mayor contribución a favor de la educación pública. Algunos miembros de la pequeña pero influyente familia Guillén-Pinel y sus ramas, quizás, inclinó la decisión al momento de ser bautizada la Escuela con el nombre de Tomasa Pinel de Benedetto. Es importante recordar que para 1886k el gobierno compró al licenciado Abel Cubero la casa para la Escuela de Niñas por la cantidad de 2,500 pesos (véase La Gaceta 351 del 16 de agosto de 1886). La corporación municipal reunida el 24 de marzo de 1886 fue presidida por el  Regidor 2º Juan José  Moncada y el  Gobernador Político, Jesús Benjamín Guillén, envió al gobierno central la solicitud del donativo para adquirir la casa para el uso exclusivo de una escuela de niñas. Esa compra demuestra que doña Tomasa no donó esa casa para que funcionara  la Escuela de Niñas. Una de las primeras directoras de la Escuela de Niñas fue la maestra Antonia Salario Mairena, de León, Nicaragua y quien, más tarde, fue esposa del ganadero y político Fausto Sánchez Regnasco, propietario de la hacienda “El Inglés”. Después de intentar explicar el origen y tiempo del nombre de la Escuela de Niñas “Tomasa P. de Benedetto, me interesó en las estudiantes del V grado del año 1945 bajo el cuidado y cariño de la siempre recordada profesora, graduada en la Escuela Normal de Señoritas, Guadalupe García de Narváez. Porque mi madre, Juana Marina Ordóñez Campos, fue su alumna durante los cinco grados de la educación primaria, 1941-1945. Era directora la profesora Elia Bones de Midence.

La celebración de la fiesta patria del 15 de septiembre de 1945 fue significativa, motivada por la euforia del final de la segunda guerra mundial y la victoria de las fuerzas aliadas. Las autoridades municipales encabezado por el  jefe distrital, Francisco Rodríguez Aguilera, patrocinaron un desfile muy vistoso, acompañada por las  banderas de Honduras y los Estados Unidos de América como señal de alianza democrática. El Gobernador Político, Rubén Sánchez  Mairena,  pronunció un discurso. La banda marcial colocada en los corredores de la hoy “Casa Valle” ejecutó música para el deleite de todos los concurrentes. Las niñas y niños de las escuelas de la localidad recibieron confites y colmenas  con un rico refresco de horchata. Esa sensación de alegría impregnó su sentimiento de nacionalidad e identidad nacional.

Con alguna fragilidad de la memoria de mi madre, que ha alcanzado los 80 años el 27 de diciembre del recién pasado año; podemos identificar algunas compañeras del V grado de la Escuela de Niñas “Tomasa P. de  Bendetto”, en el orden siguiente: Primera fila, de pie, de izquierda a derecha: Ana Luisa Corrales, Mercedes Midence, Blanca Aguilera, Emma Jalil, Ana Corales y Blanca Herrera Solano. Segunda fila: Negut Zacapa, Adriana Espinal, Marina Ordóñez, mi madre, y Norma Hernández. Tercera fila: sentadas: Esperanza Aguirre,  sin identificar, Carlota Morales,  Débora Ballesteros, Cristina Maradiaga y sin identificar. Última fila: Isabel Pinel y Guadalupe Espinal. Para algunas de ellas que han cruzado el umbral de la eternidad, nuestro imperecedero recuerdo; y  aquellas que se conservan  con vida nuestros mejores saludos y deseos porque continúen gozando del cariño de todos los suyos. A todas ellas nuestra amistad y cariño por permitirnos compartir alegrías y sueños en nuestra niñez. Y a nuestra recordada profesora “Doña Lupita”, nuestra gratitud por habernos conducido por el camino del bien, de la responsabilidad y solidaridad. A esa generación de niñas de la Escuela “Tomasa P. de Bendetto” que hoy son madres,   abuelas y bisabuelas, nuestra más sincera amistad y bendiciones a todas.

Comayagüela, enero de 2013

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