¿Congreso Ordinario o Constituyente?

Al paso que marcha el actual Congreso Nacional de la República, no sería extraño que cualquier día a su presidente, Juan Orlando Hernández, se le antoje reformar los artículos pétreos de la Constitución, porque ha tomado la Carta Magna como un papel sin importancia por el antecedente de su correligionario cariísta Plutarco Muñoz, que dijo que la Constitución es pura babosada.

Dicho funcionario, no obstante ser abogado, no tiene empacho en reformar el espíritu de la ley si ello es un óbice a sus pretensiones o violar la Constitución de la República, como lo hizo al destituir a los cuatro magistrados de la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia, para aprobar las ciudades modelo; un poder sobre otro.

Ahora quiere ponerle otro parche a la Constitución para permitir que Julieta Castellanos renueve su mandato en la rectoría de la Universidad, cuyo período es de cuatro años, sin opción a ser reelecta, conforme a la Ley Orgánica de la UNAH.

Si la Universidad es AUTÓNOMA y tiene su Consejo Universitario, ¿por qué los políticos meten sus manos en sus asuntos? Que lo averigüe Vargas.

Desde luego que el trabajo ejecutado por la honorable dama es excelente y merecería otro período; pero la ley no lo permite, según lo expresa el ex rector de la máxima Casa de Estudios, doctor Juan Almendárez Bonilla.

Los romanos respetaban la ley como a una diosa por eso estamparon ad perpetuán dura lex sed lex (dura es la ley pero es la ley). Es la base fundamental del derecho, la pauta del buen gobierno y la brújula de la conducta humana; no puede ser violada impunemente.

En cierta oportunidad el actual presidente del Congreso Nacional, Juan Orlando Hernández, aspiraba a ser nominado candidato a diputado al hemiciclo legislativo, pero le obstaculizaba su afinidad con su cuñada, magistrada de la Corte Suprema de Justicia, pero la dama no aceptó renunciar para limpiarle el paso.

Sin embargo, Juan Orlando Hernández, logró su propósito con artimañas políticas, llegando a la diputación deseada y donde se ganó el apodo de “cipote malcriado”.

El Congreso Nacional de la República tiene la función específica de LEGISLAR y no debe tocar más dinero que le corresponde a su presupuesto, pero aquí el presidente de ese poder del Estado hace micos y pericos con los fondos del pueblo y está muy campante porque los organismos contralores son “elefantes blancos”.

La diferencia entre un Congreso Ordinario y una Asamblea Constituyente es que el primero es limitado por su ley, y la segunda es soberana porque es representativa de la voluntad del pueblo.

Jorge Durón Pastrana
Tegucigalpa, M.D.C.

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