Koh-i-Noor, el diamante que todos reclaman a Isabel II

Lo cierto es que poco se sabe de la joya, que antes de ser pulida una y otra vez contaba con un tamaño apabullante.

La mayoría de los pasajes de su historia son poco más que una mezcla de conjeturas y leyendas urbanas.

En su reciente libro «Koh-i-Noor», escrito junto a la periodista india Anita Anand, el historiador escocés William Dalrymple tumba muchas partes de la vida asumida de este emblemático diamante, al tiempo que revelas otras hasta ahora desconocidas.

Pero, ¿cómo hizo todos estos descubrimientos?. «Por accidente», confesó el historiador a Efe.

Las revelaciones que han cambiado la historia conocida del «diamante más infame del mundo» se escondían en la biblioteca personal del entonces rector de la Universidad de Kabul y hoy presidente de Afganistán, Ashraf Ghani.

Fue durante una visita a Afganistán, dirigida a recabar información para otra de sus obras, que el autor se dio un paseo por este paraíso literario y, entre libro y libro, desenterró el tesoro por casualidad.

«Creo que fue la mañana más exitosa de toda mi carrera. Volví a la hora de comer con una pila de fuentes persas, entre ellas un montón de capítulos sobre el Koh-i-Noor, que nadie conocía», relató Dalrymple.

La corona de la reina Isabel II de Inglaterra. en ella está engarzado el diamane Koh-i-Noor. EFE/str PROHIBIDO SU USO EN REINO UNIDO

LA HISTÓRICA HISTORIA INCIERTA

La historia asumida dice que la Montaña de la Luz fue encontrada en una mina de la India y guardada en un templo del sur del país.

Más adelante fue, se dice, robado por una dinastía y entregado cíclicamente a la siguiente hasta que el gobernante iraní Nader Shah se lo quitó, en 1739, al emperador mogol Muhammad Shah con un disimulado intercambio de turbantes.

Sin embargo, ninguna de estas alegaciones «se puede probar», mantiene Dalrymple.

¿Por qué? Pues porque, afirma, “la primera referencia sólida al diamante data de tan sólo 1750”.

Una crónica persa de la invasión de la India por parte de Nader Shah es el primer texto conservado que menciona la famosa piedra y la sitúa, según el libro, entre las muchas gemas que adornaban el llamado Trono del Pavo Real.

Puede que en aquella época muchos ignorasen incluso el codiciado diamante, ya que por aquel entonces rubíes y espinelas eran las piedras más preciadas entre los que se las podían permitir.

Es más, Dalrymple asevera que el Koh-i-Noor no se hizo célebre hasta que los británicos lo exhibieron en la Gran Exposición celebrada en Londres en 1851.

Fue entonces cuando la joya comenzó a acaparar miradas y exclamaciones de admiración como «máximo símbolo de colonialismo», a juicio del historiador, “al más puro estilo romano».

Fue entonces también cuando se desató una espiral de mitos que hasta ahora nadie había puesto en duda.

“Tras el interés atraído en la exhibición de Londres -dice el autor- la gente comenzó a asumir que todos los diamantes de gran tamaño mencionados en textos de la época mogola eran ni más ni menos que el Koh-i-Noor”.

La leyenda dice que el diamante está maldito.

Cierto es que, al menos en la historia asumida hasta ahora, los gobernantes que lo poseyeron se enfrentaron a grandes tragedias.

Y el propio Dalrymple reconoce que la Montaña de la Luz causó «división, engaño y matanzas» durante siglos.

«Hoy sigue siendo el centro de las disensiones en las relaciones internacionales, como siempre lo ha sido», concluyó.

El historiador escocés William Dalrymple posa con su nueva obra, Koh-i-Noor, en su casa de Nueva Delhi. En su nuevo libro tumba como «falsos» muchos de los pasajes más famosos en la historia del emblemático diamante Koh-i-Noor y revela facetas hasta ahora desconocidas de la gema que el Sur de Asia reclama a la reina Isabel II. EFE/Noemí Jabois

LA INDIA Y EL KOH-I-NOOR

La India, además de Pakistán, Irán y Afganistán, defiende sus derechos sobre el Koh-i-Noor, presuntamente hallado en suelo indio y entregado a los británicos por un marajá
indio que apenas había llegado a la pubertad en el momento de la entrega.

Fue, en concreto, el marajá Duleep Singh, cuando tenía 13 años, quien entregó a los británicos el preciado diamante de 105 quilates.

La última de muchas reclamaciones a Isabel II, en cuya corona descansa el diamante, fue interpuesta por la organización Frente de Justicia Social y Derechos Humanos.

Durante el juicio el pasado año, el Gobierno de Nueva Delhi protagonizó un polémico episodio al asegurar, ante la máxima instancia, que no reclamaría la joya porque «no fue robada ni usurpada de manera forzosa».

Defendió entonces, en base a la ley india de 1972 de Tesoros y Antigüedades, que Nueva Delhi solo reclamará objetos de su patrimonio que hayan sido extraídos de manera ilegal del país.

La polémica y las críticas no se hicieron esperar y, apenas un día después, el Ejecutivo se retractó y aseguró que no ha desistido en reclamar la preciada joya.
Hará, de hecho, «todo lo posible» para recuperarlo.

Uno de los mayores diamantes pulidos del mundo, la Montaña de la Luz, no tiene pinta, sin embargo, de ir a regresar nunca a la India a pesar de las peticiones que se suceden desde hace décadas.

Durante una visita a la India en 2010, el entonces primer ministro británico, David Cameron, afirmó que el Koh-i-Noor no se iba a mover de Londres.

Si lo devolviesen, afirmó aquel año, llegarían reclamaciones de otros países y «el Museo Británico se vaciaría».

Para Iqbal, el Koh-i-Noor debe ser devuelto a su país precisamente porque fue donde los colonizadores lo «robaron», donde lo adquirieron «sin legitimidad» alguna. En la imagen la corona donde está engarzado en Londres.EFE/Stringer **POOL/PROHIBIDO SU USO EN REINO UNIDO

GAJES DE LA INDEPENDENCIA

Dalrymple advierte de que, al igual que los indios alegan que el diamante les fue arrebatado «por la fuerza», también a su último poseedor en el subcontinente le llegó a través de «torturas».

Pero éste y el hecho de que Reino Unido ya haya mostrado su postura al respecto, son quizás el menor de los problemas.

Y es que el Koh-i-noor fue entregado a los británicos en suelo hoy paquistaní.

Por ello, también Pakistán reclama la joya y también ha interpuesto diversas causas legales para recuperar un diamante que, considera, le pertenece legítimamente.

Pakistán y la India se dividieron mucho después de la entrega del diamante, en 1947, con la partición del subcontinente tras el fin de la época colonial británica.

Esta es precisamente la carta que jugó el letrado Jawaid Iqbal Jafree, quien el año pasado recurrió a los tribunales tras enviar casi 800 cartas a Isabel II en los últimos 50 años.

«Los británicos robaron el diamante en Lahore (este paquistaní) y deben devolverlo a Pakistán», dijo a Efe Iqbal.

Para Iqbal, el Koh-i-Noor debe ser devuelto a su país, precisamente porque fue donde los colonizadores lo «robaron», donde lo adquirieron «sin legitimidad» alguna.

A diferencia que en el último juicio indio, el letrado no logró el respaldo de la autoridades.

Consultado por el tribunal, el Gobierno provincial del Punyab, del que es capital Lahore, afirmó que no es posible reclamar el diamante, ya que fue entregado a los británicos tras
la firma de un tratado.

La suerte que Iqbal vaya a tener no es demasiado relevante, ya que lo que sí es seguro es que otro paquistaní tomará tarde o temprano su relevo en la lucha por la famosa piedra.

Una joya que, además de Pakistán y la India, reclamaron hasta los talibanes durante el régimen insurgente entre 1996-2001, en una petición que, muy probablemente, gustó a Isabel II todavía menos que las anteriores.

Por Noemí Jabois.
EFE REPORTAJES.