VENCIENDO ADVERSIDADES

28 noviembre, 2014 Sección Editorial

arquero3POCO se recuerda hoy la catástrofe que sobrellevamos cuando fuimos golpeados —más o menos en ésta época– por uno de los peores desastres naturales del siglo pasado. La magnitud del daño sufrido. Para establecer un contraste. Lo que ocurrió en la ciudad de Nueva Orleáns, con el huracán Katrina, sucedió aquí en todo el territorio patrio. Mientras la primera potencia mundial tuvo tropiezos manejando la contingencia de una sola ciudad, nosotros tuvimos que lidiar con la devastación de todo un país. La enorme tragedia humana. La geografía nacional quedó disgregada, como rompecabezas, incomunicada, rota, en varios pedazos. Las carreteras desmoronadas, los caminos de tierra lavados, cientos de puentes colapsados, tendidos telefónicos y eléctricos caídos, los ríos desbordados, los campos de producción inundados, miles de viviendas arrasadas, la cosecha destruida, los productos de exportación arruinados, una tercera parte de la población damnificada. Compatriotas que lo perdieron todo cuando, en un suspiro, el viento, las aguas embravecidas y la furia del huracán arrasó con el esfuerzo de toda una vida.

Aquella calamidad de bíblicas proporciones nos dejó postrados. Pero el monumental reto fue enfrentado por un liderazgo nacional serio que se esmeró en atender, recuperar y reconstruir el país, concitando la unidad de la familia hondureña. Así se pudo, poco a poco, superar las dolorosas circunstancias. Sumado al enorme esfuerzo interno, la generosa solidaridad de la comunidad internacional. El manejo de la emergencia, para atender tanta gente atribulada. Dar refugio y cuidado a cientos de miles de damnificados. Las obras urgentes para restablecer lo esencial, el agua potable, el suministro de gasolina, las vías de comunicación, la comida de todos los días, la atención a la salud para evitar epidemias, fue una labor titánica. El período de rehabilitación para reponer los arreglos provisionales por estructuras más sólidas, y recuperar la normalidad. Regresar a impartir clases a las escuelas que sirvieron de refugio. Drenar los ríos azolvados, edificar las defensas en las orillas fluviales para evitar una nueva inundación. Operando contra reloj, noches de desvelo, de trabajo agotador, para que la economía y las finanzas dañadas de gravedad no tambalearan, afectando el empleo y el sustento cotidiano de la gente. La atención diligente a toda aquella inmensa masa de damnificados que quedó al amparo de la providencia.

El brutal golpe, efectivamente, representó la pérdida de unos 50 años de avances, logrados hasta entonces. Sin embargo, salimos de aquel profundo agujero en la brevedad de lo que terrenalmente es posible realizar. Nos pusimos de pie. Gracias al ahínco de gente decidida a no dejarse derrotar por la adversidad. A una gestión acertada que permitió contar con los recursos inmediatos, para la colosal inversión requerida, y reponer el patrimonio destruido. Mantener el interés del mundo, donde a cada rato suceden desgracias, para que no olvidara la nuestra. Que los recursos comprometidos en los grupos consultivos de Washington y Estocolmo, para financiar el plan de reconstrucción nacional, se hicieran efectivos, fueran desembolsados e invertidos transparentemente en todo lo que el país ocupaba. Y aún más: horizontes de promesa. Aparte del Plan de Reconstrucción y Transformación Nacional que fue completamente implementado, se hicieron importantes reformas que fortalecieron las instituciones, la democracia y la credibilidad del país. Se afianzó la confianza interna e internacional, cuando revertimos aquel infortunio para convertirlo en una historia de éxito. De cómo un pueblo unido puede salir de los escombros. La economía y el empleo quedaron fortalecidos cuando se obtuvo la ampliación de los beneficios de la Cuenca del Caribe, que evitaron la fuga de las maquilas y garantizaron su posterior crecimiento; hasta el magnífico aporte que hoy ofrecen y los cientos de miles de empleos que han generado. La moratoria a las deportaciones y el TPS garantizaron a nuestros compatriotas inmigrantes en los Estados Unidos, seguridad para ganarse la vida. Ello, con el tiempo, elevó el monto de las remesas familiares a $3 mil millones anuales, que han servido de sostén a la economía y a evitar que la moneda se desplome. Con la Estrategia de Reducción de la Pobreza se pavimentó el camino para la inversión social. Para financiar ese plan, en el año 2000, se llegó al punto de decisión del perdón de la deuda. Aquella carga impagable quedó borrada. Cero deuda internacional, para que los ingresos fiscales que antes iban al pago de ese abultado compromiso, se invirtieran en la promoción del valor humano y en reducir la pobreza. Sí logramos despertar de aquella pesadilla con sentimiento de alivio y esperanza, nada impide que también ahora, con renovada fe y optimismo, podamos vencer cualquier obstáculo. (Tomado del último fascículo de Nuestro Orgullo).

DEBATE INEXISTENTE

27 noviembre, 2014 Sección Editorial

arquero3Da pesar el inexistente debate doméstico sobre tantos temas que merecen escrutinio público. Lo insustancial en la discusión de graves problemas que aquejan a la colectividad, la trivialidad en el examen de lo que nos concierne, la fijación en lo pueril y la falta de inclinación al análisis de cosas más trascendentes. Hay tanto asunto que decide el rumbo del país y define el destino nacional que, por su sola influencia en las realidades de hoy y del mañana, debiesen merecer atención. Pero no hay forma de entusiasmar a nadie para que de todo ello haya diálogo sobrio, constructivo y orientador. La colectividad pasa absorta en banalidades rutinarias. Adicta a la influencia hipnótica de sus aparatos móviles y a la interacción estéril, expulsando cóleras internas en las redes sociales.

Exceptuando el hábil manejo de la casa de gobierno de la agenda nacional, se ignoran los temas relevantes que ameritan discusión somera. Y si se tratan es con pasmosa superficialidad. Hostigados por esta terrible violencia que mantiene al país en perenne zozobra, ¿no sería conveniente propiciar una conversación –que involucre al gobierno, a sectores de la sociedad, a las iglesias y a los líderes religiosos– para que padres de familia desvinculados con sus criaturas, reflexionen sobre qué hacen, dónde y con quién andan sus hijos? ¿O sobre la obligación que a cada cual compete en revertir ese flagelo de la inseguridad que a nadie escapa y a todos incumbe? O bien ¿Cómo unos y otros podrían contribuir a atemperar ese pesado clima depresivo que nos abate, sustituyéndolo por una actitud de mayor ánimo, de optimismo y de fe en nuestro futuro? ¿Si hubiera forma –en este estancamiento económico de mercados decaídos– como estímulo al esfuerzo de tanto compatriota que monta su negocio o se dedica a una actividad comercial, de motivar a los consumidores a que prefieran lo hecho en Honduras, en vez de privilegiar lo ajeno? ¿Cómo hacer –aprovechando este momento en que los norteamericanos, a raíz del masivo éxodo de los niños inmigrantes, vuelven momentáneamente a ver hacia acá– para que el plan presentado por el gobierno sea un desafío compartido por todos, sin excepción? O en esta misma línea, ¿cómo unificar la familia hondureña en torno a cuestiones de interés común? La temática es extensa. Lo anterior solo es a manera de ejemplos.

Comentábamos ayer que da tristeza la orfandad de intelecto en el país. La escasa erudición. La ausencia de la cultura que se alcanza con vocación de conocer, de estudiar con disciplina, de explorar con entusiasmo y, sobre todo, del hábito por la lectura constante. Inconcebible la falta de curiosidad del liderazgo nacional de mantenerse medianamente informado. Los políticos –en su inmensa mayoría–no leen. Todo es discernimiento fugaz. Como lo que digieren es dosificado, hasta allí llega lo que saben. ¿Cuántos de ellos se actualizan? Ni con la ventaja que el internet ahora ofrece referencias a conveniencia. Navegan el ciberespacio, pero como parte del ocio. No estudian, no investigan, no consultan. Viven en la frivolidad. Conformes con un bagaje provinciano y escuálido conocimiento. Piensan que con eso basta y sobra para brillar sobre la ignorancia rasa. Pese al lío insondable en que está el país, con su economía postrada, más el cúmulo de los otros problemas que afligen –cuando debiesen sentir una mediana inclinación de aprender algo, para poder orientar– aturde enterarse que el foro para los intercambios nacionales sea espejismo. Teatro insustancial y bacheo cosmético. No hay debate nacional, todo es un sordo y aburrido monólogo. Hasta en el ágora institucional donde tiene que ocurrir, no salen de discusiones pedestres. Como las evaluaciones son ligeras se cae en el enamoramiento de liderazgos políticos livianos.

1 2 3 550