DEBATE ILUSTRADO Y NIMIEDADES

24 abril, 2014 Sección Editorial

arquero3SI la “maldita burocracia” enmaraña hasta la diligencia más sencilla -haciendo tontear a la pobre gente que va a las oficinas públicas procurando resolver un problema- el mandatario, a contrario sensu, en estos primeros 100 días de gestión, ha querido mostrar decisión, empuje y dinamismo en sus actuaciones. Dentro de la agenda orientada a sacudir la marcha aletargada del país, ha creado una Comisión Presidencial para la Calidad Educativa. Se ha dicho que el objetivo es optimizar el proceso enseñanza-aprendizaje. Cuando juramentó la comisión, explicó así la aspiración que lo embarga: “una hoja de ruta que nos permita partir del compromiso que Honduras, de ahora en adelante, va a competir con el mundo; y por lo tanto, debemos de ponernos altos estándares en educación”.

Deducimos que lo anterior incluye la intención de dar vuelta de calcetín al Instituto de Formación Profesional, para potenciar el aprendizaje de tanta gente que podría ser útil a la sociedad especializándose en un oficio o carrera técnica, en distintas áreas no cubiertas por la enseñanza formal. Lo que no ha quedado muy claro, es si solo se trata de lo básico o si el horizonte sea más amplio. Hace unos días, a propósito de un amago de polémica que hubo entre el ministro de Educación y la rectora de la UNAH, quisimos motivarlos, tratándose de dos intelectuales, a salir de lo provinciano para elevar la discusión a algo más sustancioso. Incluso, animados porque es este tipo de debate ilustrado, no las nimiedades cotidianas, lo que conviene escuchar al amable público. Como la calidad educativa no es solamente la elemental sino que abarca todos los niveles, una buena forma de empezar es por el diagnóstico, respondiendo las mismas preguntas que hicimos al ministro y a la rectora, que se quedaron en el aire:

Lo que importa saber es, ¿si el sistema entrega los profesionales que demanda el mercado de trabajo? ¿Si en materia educativa, el país compite, siquiera medianamente, con otros países del mundo? Para ser benévolos limitémonos a la región. ¿Si el sistema educativo nacional capacita a los jóvenes para lo que el país necesita? ¿Si el sistema ofrece a todos los que tienen deseos de aprender las oportunidades que merecen? ¿Si la escuela, el colegio y la universidad forman al ciudadano para los retos que va a enfrentar en la vida? ¿Si el tipo de planes académicos y el bagaje formativo de los que enseñan, sea el adecuado? ¿Si la enseñanza que se ofrece, en todos los niveles de la educación nacional, garantiza a los jóvenes el pleno acceso a las oportunidades, una vez concluidos su estudios? ¿Si todo ese gasto que se hace en educación sea una inversión en el hondureño para lo que el país requiere? ¿Qué tanto lo prepara? ¿Y si lo prepara en las tareas, en las habilidades, en las destrezas, en las ciencias, en las tecnologías, en las carreras y en el conocimiento actualizado para que el país cuente con el valor humano que le permita sobresalir?

¿Si la educación es el reflejo del atraso en el que estamos -si lo que se enseña es lo viejo, lo que ya quedó obsoleto, lo que ya poco sirve en un mundo cada vez más globalizado y competitivo- o si por el contrario es un instrumento para sacarnos de ese atraso? ¿Si esas carreras que ofrecen -considerando que no se trata de maquilar para sacar volumen en forma indiscriminada- compaginan con la demanda y la expectativa del mercado laboral? ¿Si la satisface con los mayores niveles de enseñanza? ¿Si encaja dentro de las necesidades presentes y futuras, a los nuevos conocimientos, exigencias y realidades, que diferencian el éxito del fracaso de los países? ¿Y cómo hacemos para recuperar todo ese tiempo perdido? ¿Para elevar la barra y ofrecer la calidad educativa que no hemos tenido? ¿Para que el país, ya demasiado demorado, no marche a horas atrasadas, sino al paso apresurado que exigen los tiempos modernos? Como el tema es vital para el futuro nacional, seguiremos insistiendo hasta encontrar respuestas.

EL MISMO CUENTO

23 abril, 2014 Sección Editorial

arquero3DOS veces por semana van a echar el agua a los capitalinos. Las represas se secaron. La explicación de los burócratas es que “esto representa una situación crítica debido a que hay un crecimiento en la población, y este volumen de agua, lo tenemos que dividir entre más personas”. Al descubrimiento anterior se le denomina “perogrullada”. Si se sabe que la población se incrementa exponencialmente, que la ciudad está colapsada, ¿a nadie se le antojó anticipar la demanda de ese incremento poblacional para hacer las obras que la necesidad requiere? La misma historia se repite. En temporada seca se queman los bosques, se deterioran las zonas de amortiguamiento y el agua, cada año que pasa, es más escasa. En las últimas horas se ha incrementado el ingreso a los hospitales de pacientes con afecciones de las vías respiratorias, afectados por la bruma de los siniestros forestales, el fuego de edificios y viviendas por recalentamiento en la maraña de alambres pelados y la quema de zacateras. A ello hay que sumarle la polución, a un ambiente ya bastante contaminado, del tóxico humo que despiden esos camiones chimeneas que circulan imparables a vista y paciencia de la autoridad. Los más afectados son los niños y los ancianos.

Los encargados de suministrar el agua a la capital lo que ofrecen son cifras y excusas. Como si con eso se aplacara la angustia. Como si eso sirve para beber, lavarse las manos y bañarse. Más de la mitad de los hogares en los barrios y colonias no recibe servicio de agua potable. La mitad de eso se malgasta por fugas en la tubería. Los racionamientos son para la otra mitad que sí recibe el servicio. O sea, sacando la cuenta, la mitad de la semana toda la capital queda desabastecida. Las represas son las mismas de siempre. Años han pasado sin que se haya construido una nueva. Hay unos pozos pero gran parte del agua subterránea no es apta para consumo humano, por su aspereza y alto contenido mineral dañino a la salud. El tratamiento de agua, incluso para uso externo, es demasiado caro. Los que no tienen servicio de agua potable, e incluso los que tienen y no les llega el líquido, dependen de los carros cisterna. Cada barril de agua cuesta unos 20 lempiras. Los pudientes, pues, esos no escatiman. Pero los pobres sí. Pagan 100 lempiras por metro cúbico de agua, que equivale a 20 ó 50 veces lo que pagan los usuarios que tienen conexión con el sistema de distribución del SANAA.

Si esto se sabe, ¿por qué el mismo cuento todos los años? Porque así es la burocracia, apática y negligente. Y así son los burócratas. Sirven para contratar asesorías caras con financiamientos internacionales -de bancos usureros que prestan pisto para gastarlo en los mismos consultores que ellos mandan, para sostener la otra burocracia, la internacional- pero los proyectos nunca se hacen. Son castillos en el aire. O no hay voluntad o no hay recursos para sufragarlos. Para estudios, lo que sea, malgastando el poco dinero disponible en pagar sueldo de consultores extranjeros y locales. Una vez finalizado el estudio, se divulga para que la gente sepa que la burocracia está atenta a los problemas, se lleva a un consejo de ministros, se ofrece como solución y luego se archiva. Una vez guardado se olvida, hasta que viene otra administración que se encarga de elaborar un nuevo estudio, contratando más empréstitos o disponiendo de los pocos recursos nacionales para pagar consejeros. Al final de la administración, ya es tarde para hacer obras, para que otros las vengan a inaugurar y se repite el trámite anterior. Por eso el mismo cuento de todos los años.

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