DIA DE LA MUJER

25 enero, 2015 Sección Editorial

HOY es un día de mucha significación en nuestro país. Hace justamente 60 años la mujer hondureña adquirió sus derechos políticos. A propósito, es preciso referir que por siglos se mantuvo a la mujer en un plano inferior, sin darle oportunidad de demostrar sus capacidades. Los menesteres de lactancia y cocina, o lucir como flor para dar hermosura al hogar, eran sus habituales ocupaciones. O sea que su intelecto pasaba a último término y lo relativo a él como que solo era atributo masculino. Y a pesar de la férrea escuela de obediencia que perduró por largos tiempos, la mujer fue manifestando su aptitud fuera de lo que se le había asignado.

Entre nosotros, los hondureños, hubo un momento en que la mujer ni siquiera podía manejar sus propios bienes, al estilo del medioevo en Europa. Era el marido el encargado de tan delicado menester, o sus padres o quien para ello señalara la ley. La situación femenina estaba convertida en una especie de esclavitud dócilmente aceptada. Pero después vienen tiempos de acomodo que molestan al hombre. La situación en el mundo comienza a cambiar y se le reconoce a la mujer su capacidad para manejar sus bienes y se le ubica en situación de casi igualdad, que en muchos casos desencaja al del otro sexo. Era inevitable que a la par del progreso general se fue comprendiendo que ella poseía igual capacidad mental y que no bastaba la educación para señoritas sino que se volvía imperativa una mejor educación, más amplia, para que se abriera un campo mayor y se integrara con justicia lo que había sido preterido.

Por necesidad imperiosa las escuelas fueron abriendo sus puertas al nuevo elemento, que no defraudó, sino que recorrió el camino hasta poder demostrar que todavía era necesario un nivel superior para el aprendizaje y que estaba preparado para ello. Y fue tan violenta y apabulladora que se hizo sentir la necesidad de una mayor integración del grupo femenino allí en donde, como rescoldo, continuaba siendo rechazado y se mantenía el torpe argumento de su incapacidad. Fue mediante el decreto presidencial del 25 de enero de 1955, que a la mujer hondureña se le concedió el derecho al voto y con ello el derecho a las profesiones liberales y, en consecuencia, el de optar a posiciones que antes se les prohibía. Atrás quedó, entonces, todo lo que significaba tabú en la igualdad ciudadana y las mujeres comenzaron a brillar en el desempeño de funciones que bien les correspondían pero que se les había negado en razón de la época de atraso e incluso de la renuencia masculina ante el temor de ser desplazados y puesta al descubierto la igualdad a que ellas tenían derecho y se les negaba de manera reiterada.

Ahora, los tiempos son otros. Atrás quedó el vasallaje y en nuestros días impera una igualdad justa y restituidora. Hoy disponen, incluso, de una Ley de Igualdad de Oportunidades, “que tiene  por objeto integrar y coordinar las acciones que el Estado y la sociedad civil, tienen que ejecutar para eliminar todo tipo de discriminación contra la mujer y, obtener la igualdad de los hombres y mujeres ante la ley, priorizando las áreas de familia, salud, educación, cultura, medios de comunicación, medio ambiente, trabajo, seguridad social, crédito, tierra, vivienda y participación en la toma de decisiones dentro de las estructuras de poder”.

En todas las profesiones abundan las mujeres y entran a disputar empleos con naturalidad y seguridad de que van a triunfar. Los gobiernos y las empresas las colocan en posiciones de verdadera importancia sin discriminación alguna. Es común verlas desempeñándose en las diferentes secretarías de Estado, como diputadas al Congreso Nacional, en órganos operadores de justicia, fiscalías, cuerpos militares y policiales, todo el Poder Judicial, cuerpo diplomático, organizaciones obreras, en distintos deportes, etc. Sólo falta –y a lo mejor no esté muy lejano el día–, que lleguemos a tener una Presidenta de la República y nos veamos obligados a reconocer que también ellas están plenamente capacitadas para dirigir nuestra nación, al igual que lo están haciendo en otros países. ¡Salud mujeres hondureñas!

MUNICIPALISMO

24 enero, 2015 Sección Editorial

ESTE año, como hemos venido repitiendo, augura ser más prometedor. Los altos precios del café son una bendición para millares de familias hondureñas, sumado a otros factores exógenos que van a beneficiar la deprimida economía nacional. La inversión pública en proyectos de infraestructura programada es grande. Eso ayuda a crear trabajo. Faltaría ver qué importancia se le ha dado en la reactivación de los mercados, al trabajo que realicen las municipalidades. La caída de los precios del crudo es un regalo del cielo. Ya era tiempo que los acaudalados petroleros del cartel más poderoso del mundo le dieran un respiro a los acabados que espolearon haciéndolos pagar precios exorbitantes a costa del descrecimiento de sus empobrecidas economías. Los mesías que, en su tiempo de bonanza, cobraban lo que querían a los países menesterosos, para a la vuelta halagarlos con migajas de financiamiento del crudo –gaste ahora pague después– y con ello multiplicar la influencia sobre sus satélites, hoy con este desplome pueden darse cuenta de cómo se sufre estando del otro lado.

Pero no era ese el tema al que pretendíamos referirnos sino a la posibilidad de aprovechar el auge, agregado a lo que pueda aportar la acción del gobierno central enfocado a lo que corresponde hacer a las municipalidades que son las que mueven la actividad interna de sus comunidades. Con especial atención a las municipalidades más pequeñas y a las que tienen menos acceso a rentabilidad propia. Algo debe hacerse por que las transferencias municipales lleguen –no como regalo que te doy para agradarte–sino como algo que merecen las comunidades y a lo que tienen derecho. En eso es que deberían estar interesados los políticos, los potenciales candidatos y de paso los diputados, porque en mucho las posibilidades electorales dependen de los liderazgos políticos locales. Antes dijimos que el bosque debe ser devuelto como patrimonio a los municipios. Porque se los quitaron en tiempos de los regímenes militares para crear un elefante blanco que ni lo manejó eficientemente, ni lo puede proteger, y más bien la burocracia acabó dilapidando una de las grandes riquezas nacionales.

Uno cuida lo propio. Y los municipios protegerían sus bosques si aquello no fuera ajeno. Los caudales locales deben ser aprovechados –y si así fuera serían celosamente manejados– por el municipio que los tiene. El agua de una vez por todas que pase a la alcaldía capitalina. Tal vez así –ahora que hay buen alcalde– dejamos de padecer esos bestiales racionamientos de groseros abúlicos que nunca echaron a andar otro proyecto de abastecimiento. El 60% de la ciudad no tiene acceso al agua potable. A esta alcaldía lo que le hace falta es botar esos portones abusivos –colocados por negociantes que le cobran peaje al vecindario– atravesados en las calles públicas para enjaular zonas residenciales, ya que ese es un obstáculo al derecho de libre circulación que mantiene más hacinada la ciudad. Para más en San Pedro Sula ya los están quitando. ¿Y aquí qué esperan?

Volviendo a la descentralización. Cada comunidad conoce cuáles son sus prioridades locales. Y si no hay crecimiento de adentro hacia fuera, de nada sirve que todo lo demás se desarrolle. El combate a la pobreza empieza por elevar el ingreso de la gente en cada región. Sobre todo en las más vulnerables. Por ello es que el municipalismo debe ser fortalecido y capitalizado. Para que el empuje al país no dependa solo del gobierno central. El caudal político de los partidos está en los municipios. Por ello es que debe haber un agregado interés político de defenderlos. Den a las alcaldías lo que merecen. Estas requieren no solo respeto a su independencia sino que no les regateen los recursos que les pertenecen. Sin financiamiento para sus pequeñas obras se les condena a lo fatal. Permitan que puedan manejar y administrar sus recursos. No les quiten a las comunidades pequeñas lo que en justicia les corresponde. Que tengan acceso a proyectos de organismos internacionales. Los abrazos son agradecidos pero más apreciarían el respeto a su independencia.

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