LAS VUELTAS DE LA SEGUNDA VUELTA

24 octubre, 2014 Sección Editorial

 

arquero3POCOS están pendientes de lo que suceda en Brasil. Salvo los que hablan portugués y quienes –además de las divagaciones pueblerinas del patio doméstico– tengan inclinación por lo que ocurre extrafronteras. Si la sociedad pasa en la luna sobre lo hogareño –salvo que golpee en carne propia o en el cercano círculo familiar–menos estará sintonizada con lo que pueda ocurrir en Brasil. Aunque debería. Es un país enorme y uno de los pocos en el hemisferio –con excepción de México, Colombia y Canadá– que, solo por su extensión geográfica y el tamaño de su economía, el “Imperio” lo toma en serio. Es el miembro latinoamericano en los BRICS, (a saber qué papadas sea esa, dirán muchos) que tiene peso en el mundo; aunque, quizás, lo único que se sepa aquí sea que –durante aquel catastrófico lío político que, como ciclón, dio al traste con los logros que el país había alcanzado en tres décadas de su vida democrática– alojó en calidad de huésped en su embajada al que se fue.

Faltan pocas horas para salir del maíz picado. Ahora es que Rousseff, a medida que se aproxima el día de la elección, le saca unos puntos de ventaja al candidato opositor. Como los brasileños no son como aquí de supersticiosos, permiten la divulgación de encuestas hasta unas horas antes de realizarse los comicios. (No tan confiables tampoco ya que una tal encuestadora brasileña IBOPE que hace estudios de mercado anduvo por los montes en sus cálculos de la primera vuelta). Aquí piensan que los datos influyen en el electorado y para sanidad de espíritus gelatinosos que, con ver un resultado cambian de opinión a última hora, están proscritas. Hace apenas unos días la reelección se encontraba en alas de cucaracha. Todos los partidos que perdieron en la primera ronda se hicieron un nudo, no tanto para apoyar al que quedó en segundo lugar (después que parecía no tener posibilidades) sino para echarle la vaca al poder que manda. A veces eso pasa. La concurrencia no se une en torno a algo o a favor de alguien, sino en contra de lo que no quiere.

Aunque la carta escondida de la candidata oficialista es su mentor. (Rousseff ha tenido la inteligencia de ser siempre agradecida con Lula y no pretender aniquilar, para imagen propia, la de su padrino político. Así que, en la campaña, Lula a quien le atribuyen la mejoría del país, pese a que la presente administración es de deteriorado diagnóstico, fue un activo con el que pudo contar y algo que pudiese auxiliarla en este momento de apuros). En las últimas horas, el líder del partido de los trabajadores, ha salido de gira con su protegida, sin duda que aportando algún beneficio. El debate lo han planteado como un referéndum a la mejor economía y al avance de los programas sociales en el período de Lula, y el desaliento provocado en los últimos años de la gestión del otro exmandatario, Fernando Henrique Cardoso. Aunque a aquel se le atribuye la paternidad de muchas reformas económicas que le sirvieron a Lula para recuperar la deprimida situación económica que encontró. Nadie sabe para quién trabaja. Igual sucedió aquí con muchos avances logrados durante el bíblico huracán. Cosas que estaban bien encaminadas, cuyo beneficio no fue para quien las inició –ejemplo, la condonación de la deuda, el crecimiento de las remesas cuando se obtuvo el TPS y la moratoria a las deportaciones, la ampliación de los beneficios de la Cuenca del Caribe– sirvieron para que otros las usufructuaran. Este caso brasileño sirve a curiosos y analistas para hacer cábalas de las vueltas de una segunda vuelta. Sobre todo ahora que aquí, uno de los partidos, la agarró de bandera para los juegos pirotécnicos. Allá en Nicaragua quieren eliminar la segunda tanda, por si las moscas y alguna vez la oposición se junta y decide echarle la vaca al poder eterno. Mejor así, mientras se encuentra dividida, apostar a la conveniencia de la simple mayoría. Aunque en El Salvador, donde estuvieron parejos en la primera, hubo petateada del FMLN en el repechaje.

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23 octubre, 2014 Sección Editorial

arquero3HECHO en Honduras es el tema del fascículo de esta semana de Nuestro Orgullo. Una campaña motivacional –gracias a gentiles patrocinadores que le apuestan a Honduras– orientada a elevar el decaído ánimo nacional: Si el país tiene tanto ingenio y creatividad para elaborar muchísimos de los artículos y productos que los consumidores buscan para satisfacer sus necesidades cotidianas, ¿por qué no elevar el sentimiento afectivo hacia lo que Honduras hace y consumir preferentemente lo hondureño? Hace muchos años –recordamos– con el afán de levantar el orgullo por lo nuestro, en un esfuerzo conjunto de sectores privados y oficiales, apareció una campaña publicitaria motivando ese loable objetivo. “Consume lo que el país produce” era el gancho de la promoción. No que lo extranjero no sea necesario o que aquí localmente pueda abastecerse la enorme demanda nacional. Pero con escasa producción interna sin estimular e incentivar lo propio, difícilmente que vayamos a superar la dependencia.

Lo indispensable y lo que no se pueda fabricar en el país, pues, se trae de afuera. Pero mientras se atraviesa esta difícil situación económica que requiere de la creación masiva de empleo para dar un trabajo digno a cientos de miles de desocupados que emigran por falta de oportunidades, o que presas de la tentación caen en los atajos de delito como salida a su falta de ocupación, ¿por qué no ser solidarios con el talento, el emprendimiento, el empeño de la gente que arriesga su dinero, que monta su industria, su negocio, su empresa, su taller, para ofrecer a la clientela la buena calidad de lo catracho? Y aunque no fuese todo de la mejor calidad, nadie crece del desprecio sino del estímulo. ¿Por una minúscula diferencia de precio –dados los altos costos que pesan sobre los empresarios hondureños– vamos a castigar lo nuestro, favoreciendo lo ajeno? El mismo gobierno, dentro de sus regulaciones, debiese dejar estipulada su preferencia –de lo que adquiere la gran infraestructura estatal– por esa producción elaborada por la iniciativa privada hondureña. Como también buscar la manera de reducir el alto costo –por cargas, impuestos, tarifas, obstáculos– que tiene la producción nacional para hacerla competitiva. Igual actitud solidaria debiese observarse dentro del gremio empresarial.

Sí, claro, imposible evitar el “esnobismo” de quienes piensan que lo hecho aquí sea malo en tanto lo que viene de cualquier otro lado sea mejor. Pero es con un sentimiento de mayor nacionalismo que se han levantado otras naciones de su letargo. De mayor valoración por su recurso nacional, de mayor confianza en sí mismos, de mayor estímulo por desarrollar sus capacidades, de mayor identidad con lo propio y de mucho mayor apoyo a su potencial nativo. La dependencia, no es del todo un vicio por la carencia de lo material; de lo que no tengamos, sino también por la falta de consideración a fomentar y estimular lo mucho que sí tenemos. Lo que estimula cualquier otro proceder es un arraigado sentimiento de orgullo de ser hondureños y, como corolario, de saber apreciar lo que el país tiene que ofrecer.

Así como el sagrado vínculo cohesivo que produce la familia, no hay mayor orgullo que encontrar satisfacción en lo hecho en nuestro hogar: Honduras. Es fe, lo que ocupamos para derrotar los golpes de la adversidad. Es fe, que nazca de nuestros corazones, traducida en fibra de ánimo en nuestros espíritus, convertida en idea en nuestras mentes y en obra en nuestras manos, con la que vamos a salir de cualquier dificultad momentánea. Es la fe, la fuerza que da aliento para vencer el pesado clima depresivo que nos mantiene anclados y permitir que veamos más allá de lo que vemos, hacia el refulgente destello de la luz posada sobre los cálidos perfiles del horizonte donde descansa la esperanza de futuro de la patria amada.

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