DESATORO EN EL ANILLO

20 diciembre, 2014 Sección Editorial

LE sacaron carrera a la compañía constructora para que apurara la obra y poder inaugurar, antes de la Navidad, ese paso a desnivel que comunica la carretera que conduce a Valle de Ángeles y Santa Lucía. La arteria de alivio, precisamente donde la avenida Los Próceres se convierte en el anillo periférico, es una obra necesaria que viene a descongestionar ese atorado sector de la capital. Esa intersección era un embudo que atrapaba enormes colas de vehículos quemando gasolina. La más fluida circulación es un alivio que ahorrará combustible. Como estaban urgidos por inaugurarla todavía falta pulir los detalles, como pavimentar y tapar algunos baches que quedaron en los accesos inmediatos. Tapar los boquetes que abrieron en la mediana, para que los que buscan atajos no atoren el tráfico de los vehículos que vienen atrás. Como es una obra en la capital, muchos presumen que fue construida por la alcaldía. En realidad, estuvo a cargo de la Secretaría de Infraestructura, como una obra del gobierno central.

Contó con el financiamiento, por $7 millones (150 millones de lempiras) del Banco Centroamericano. Consta de ocho rampas, pavimentación de 3.5 kilómetros de concreto hidráulico, con un espesor de 23 centímetros, obras de drenaje, bordillos y pintura, entre otras. El ministro bajo cuya responsabilidad se efectuó la obra no es un funcionario de muchas palabras, aunque con una capacidad de organización demostrada en la campaña anterior que dirigió para su partido. Ha despertado varios proyectos de infraestructura dormidos, que una vez concluidos van a agilizar la comunicación terrestre a nivel nacional. En la capital, también con financiamiento del BCIE, el ministro anunció que “se culminará el anillo periférico, a la altura de la falla de la colonia José Ángel Ulloa y con la continuación de 7 kilómetros en cuatro carriles, con concreto hidráulico en la Arturo Quezada, culminando con el paso a desnivel a la altura de la Divino Paraíso”.

Es una desgracia que las distintas alcaldías hayan extendido permisos para la construcción de obras comerciales en las inmediaciones con acceso directo al anillo periférico, cuando la obra inicialmente fue proyectada como una autopista y la única gran estructura de alivio con que cuenta la ciudad. Solo aquí permiten esos despropósitos. Lo que debió ser una vía rápida de descongestionamiento la convirtieron a una calle cualquiera. A todo el que se le ocurrió levantar un negocio, una gasolinera, una casa, una bodega, una ferretería, y complejo comercial, en los terrenos aledaños, le dieron permiso para acceder directamente desde la pavimentada del anillo. En otros países –menos aquí– exigen la construcción de calles contiguas, que no permitan el acceso directo de negocios a la autopista. Tanto ha sido el manoseo de ingenieros empíricos y chapuceros, que unos bárbaros abrieron boquetes en la mediana del anillo, cuando se les antojó aquel desastroso laberinto de los tres carriles.

Pero regresando a la parte positiva. El mandatario presidió los actos de inauguración. Explicó que: “Este megaproyecto significará un ahorro en el consumo de combustibles de más de cinco millones de lempiras mensuales, contabilizando 63 millones anuales reflejados en la disminución de la factura petrolera. El país sufrirá cambios en la parte de infraestructura vial, con la construcción en dos años y medio de lo que será el Corredor Logístico, y el Corredor Turístico, entre otras obras”. A propósito de ahorrar energía. “El petróleo de Texas cerró en 56.47 dólares el barril. El desplome de los precios del petróleo es el mayor factor de economía para el país en el pago de su enorme factura petrolera. El precio del crudo está a la mitad de lo que antes se pagaba. ¿Cuándo bajan las tarifas de energía eléctrica y los pasajes del transporte? Allí sí el amable público consumidor va a brincar de alegría. Pero, por el momento, los capitalinos celebran ese paso a desnivel que va a descongestionar el endemoniado tráfico vehicular.

ACELERADA, TLC Y LA ECONOMÍA

19 diciembre, 2014 Sección Editorial

arquero3ANTES  de regresar a la banda cambiaria la moneda nacional se mantuvo fija a un valor de 18.89 lempiras. Fue entonces cuando el FMI vino a ponerle tobogán al indito para que se entretuviera deslizándose. Desde esa fecha, el lempira ha venido devaluándose progresivamente. En enero de este año la cotización para la venta era de 20.77 lempiras por dólar y 20.62 lempiras para la compra. A la fecha es 21.62 lempiras para la venta y 21.48 para la compra. Pero al FMI después de sesionar con sus tías las “zanatas”, ya no le parece suficiente la velocidad en que se deprecia la moneda hondureña y –ahora que el gobierno suscribió el acuerdo– exigen una devaluación más acelerada. Es una barbaridad, pero es la parte silenciosa de los compromisos a los que llegaron, pese a que las autoridades económicas dieron seguridad al amable público que no permitiría la devaluación. Pero como el país ya no aguanta con más cargas, por el lado fiscal, después del grosero paquete que dejó la aborrecible Comisión de Transición, optaron por negociar la política monetaria. Igual que la inflación –que es el impuesto más grosero que existe– la devaluación es una especie de impuesto a las importaciones.

Produce el efecto que el país vende más barato lo que exporta y compra más caro lo que importa. Obviamente que el beneficio es para los de afuera. Hay que recordar que ahora el país no comercia con los Estados Unidos al amparo de los beneficios de la Cuenca del Caribe, que antes permitía que los artículos hondureños ingresaran libres al mercado norteamericano, sino que en el marco del DR CAFTA, que representa un comercio en dos vías. Ello significa que ahora no solo ingresan nuestros productos exportables libres de arancel al mercado norteamericano, sino que de allá vienen artículos que el país importa en iguales condiciones. Analicen los expertos el efecto en la economía nacional ahora que el TLC permitirá, a partir del 2015, que un largo listado de productos agrícolas y derivados entren libres, sin el pago de gravámenes arancelarios y sin cuotas de introducción, desde los Estados Unidos. ¿Cuál sería el futuro de la producción agrícola en nuestro país?

Hay varios factores exógenos, que nada tienen que ver con iniciativa local, positivos para la economía hondureña para este año que viene. El desplome de los precios de crudo. De un precio de $110 el barril, ahora se compra el crudo a $55.17. Semejante alivio. Ese es un ahorro fabuloso en el pago de la factura petrolera para el país. Ayudará en la reactivación económica. Inexplicable porque al precio de la gasolina barata, no han rebajado las tarifas de los pasajes de transporte. El efecto global del ahorro se siente cuando los precios bajos del combustible también son transferidos al consumidor en otros rubros que dependen de la gasolina. En menores tarifas de la energía eléctrica y en pasajes más baratos del transporte. Pero si no hay reducción de tarifas —porque aquí los que suben nunca quieren bajar el precio cuando sus costos bajan—la economía no se va a favorecer en la dimensión que debería. El gobierno debe intervenir para obligar a estas reducciones de la tarifas. El otro factor favorable son los buenos precios del café en los mercados internacionales. Sin embargo, el efecto de una devaluación acelerada disminuiría la cantidad de dólares recibidos por el país, de las ventas exportables de café.

El otro factor importante para la reactivación económica del país es que la economía norteamericana está resucitando. Habrá más demanda para los productos exportables del país, para el café y las maquilas, y los camarones. Así que es innecesaria la devaluación. Porque la devaluación lo que busca es exportar más, haciendo más atractivo a los consumidores extranjeros el precio de los productos hondureños. Ese acuerdo con el FMI fue negociado antes que se desplomaran los precios de petróleo. No incluyeron ese factor en las variables. Comprometerse a devaluar en forma acelerada, dadas estas nuevas condiciones de los mercados, es totalmente contraproducente para el país. Menos mal que el mandatario no es partidario de las devaluaciones. Eso da la esperanza que no vayan a meterle acelerador a esa cosa.

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