BARULLO VEHICULAR

30 agosto, 2014 Sección Editorial

arquero33NO puede negarse el mayor interés de esta gestión municipal de dar mantenimiento a las agrietadas calles de la ciudad. Incluso la energía del actual alcalde para atender, en forma personal, la solución de tantos problemas que aquejan a los vecinos de la ciudad. Sin embargo hay cosas sencillas que no se abordan. Tareas fáciles que no demandan esfuerzo alguno. No se trata de construir algo sino que ir a quitar papadas que estorban. Como botar esas trancas que han colocado particulares en medio de las calles públicas que se comunican con otras zonas de la ciudad, impidiendo la libre circulación. Insistimos que el embotellamiento en este hormiguero es espantoso. Con lo que le cuesta al país el derroche de gasolina de vehículos atascados en esas colas kilométricas que se forman por todos lados.

Habiendo tanto que hacer, en vez de atender el tremendo costal de problemas que agobia a los capitalinos, el otro día mandaron unos gendarmes municipales a este rotativo a impedir que descargaran unos furgones de papel periódico. Seguramente en represalia por algunos señalamientos –quizás ese que se refiere al jugoso negocio de las casetas que han colocado en varios vecindarios– que enfadó a alguno de esos burócratas holgazanes de la alcaldía. La última acción de la alcaldía de echar las grúas para levantar carros estacionados en zonas prohibidas ha sido recibida con incomodidad. Sí, eso de evitar el apilamiento de vehículos que estorban la fluida circulación, es una de las necesarias medidas para ir ordenando este despelote. Pero como aquí todo es improvisado porque la burocracia no tiene tiempo de planificar, lo primero que hubiesen hecho es avisar a la ciudadanía. Una corta campaña de información, de instrucción, de educación, para crear conciencia en la gente. Y, de paso, anticipadamente advertir de las sanciones a que se somete por arrimar el vehículo donde se le antoja.

Pero también está el otro inconveniente. Como la ciudad creció al pencazo sin planificación alguna de la misma municipalidad, no hay suficientes parqueos en la ciudad para albergar tanto vehículo y ni siquiera la necesaria señalización que indique lo que es permitido y lo que es prohibido. ¿Cómo hace la gente para ir a hacer una diligencia si no hay lugar donde aparcar el vehículo? Por ello es que las aceras están topadas, con carros estacionados a cada lado de la vía. Claro que eso tiene que corregirse. Pero también tiene que verse el problema en su totalidad. Prohibido aparcar en zonas restringidas, pero a la gente se le tiene que dar una opción cercana de dónde pueda estacionar. ¿Por qué la alcaldía no construye parqueos y cobra el estacionamiento para agenciarse dinero? La autoridad explica que los bordillos de las aceras van a ser pintadas en tres colores: “El amarillo significa totalmente prohibido, azul que permite estacionarse y verde estacionamiento solamente para el residente enfrente de su casa”.

Absurdo eso del verde solo para el residente enfrente de su casa. Si le permiten al residente estacionar ¿por qué no le permiten estacionar a una visita, a un huésped, o a alguien que vaya a hacer una diligencia al mismo lugar? Igual atrasa el tráfico el carro del residente estacionado a la orilla de la acera, que cualquier otro vehículo. Vayan a cualquier zona residencial y verán carros aparcados en ambos lados de la calle. Mientras, los vehículos que circulan deben hacer maniobras para pasar. Así que, si de poner orden se trata, tiene que ser no solo en unas zonas sino en todos lados. Aparte que los carros aparcados al lado o encima de las aceras solo es una parte barullo vehicular. Lo otro es que los buses, los taxis, los “rapidolocos” se detienen donde les ronca en gana a bajar y a subir pasajeros. A media calle, atajando la enorme cola que viene atrás. ¿Van a enviar gendarmes municipales a corregir ese desbarajuste? ¿Y la campaña para informar y crear conciencia en la ciudadanía?

“QUE SE MUERAN LOS FEOS”

29 agosto, 2014 Sección Editorial

arquero3NO hallan qué inventar. Bien puede ser que eso de cambiarse el nombre tuvo su inspiración cuando el mandatario, del período anterior, se fijó un desafío, diciendo que se dejaba de llamar ‘Pepe’ si no reducía los índices de la criminalidad. Por suerte para él y para tuerce de los morbosos –o más bien virtud de muchas medidas que se vienen aplicando desde entonces, orientadas a fortalecer la Policía y otros operadores de justicia– las espantosas tasas de la violencia, aunque siguen siendo insoportables, paulatinamente han ido en descenso. Ahora, en el Congreso Nacional, ha surgido una iniciativa para reformar la Ley del Registro Nacional de las Personas que, de fructificar, convertiría el cambio de nombre en un trámite sencillo, como quien llega a comprar una bolsa de churros a la pulpería.

El objetivo de la modificación a la ley –según el diputado proyectista– es para que todo aquel que tenga un nombre feo pueda cambiarlo por uno bonito. Incluyen, hasta, una lista de los feos. (Recordarán los viejos una pegajosa tonadita de su tiempo: “Que se mueran los feos”). ¿Pero a criterio de quién? Si lo que a unos puede lucir horrible, a otros puede sonar encantador. La ley ya contempla que el registrador, aún cuando debe consignar el nombre que libremente elijan los padres para su niño o niña, no los inscribirá si estos son contrarios a la “moral y a las buenas costumbres”. Los nombres y apellidos –que el proyectista pretende modificar– tienen que ver desde el estado civil de los progenitores, de la madre o del padre que inscribe las criaturas, hasta con detalles que aseguren evitar la confusión de identidad. Ello es, para impedir que puedan asignarle un mismo nombre y apellido a dos hermanos vivos.

Lo de vivos (por si las dudas y no quieran incluir en la reforma una interpretación de la palabra) se entiende que estén con vida no que uno sea vivo y el otro tonto. O bien, cuando se inscribiera una persona con el mismo nombre de un hermano muerto. Hay normas que deben seguirse, por aquello de los matrimonios de hecho. Si se trata de hijos legítimos o naturales –para solo dar una razón– por las obligaciones de la herencia que se deriven. La ley expresa que “se inscribirá en el Registro de Nacimientos, como primer apellido de una persona, el primer apellido del padre y como segundo el primer apellido de la madre. A falta de reconocimiento por parte del padre, se inscribirán el o los dos (2) apellidos de la madre. Los apellidos compuestos de uso común se tomarán como uno solo”.

La ley permite que puedan inscribirse nombres aborígenes o derivados de voces de pueblos indígenas y tribales. Así que Liderato, por ejemplo, (considérese “cacique” como la raíz indígena) aunque a alguien pudiera parecer desagradable, a otros, por la sola sonoridad de la prosodia, podría resultar imponente. Más aún, si el nombre es por su condición de líder, sería un activo el solo enunciarlo, aunque no lo fuese en realidad. La reforma contempla prohibir la inscripción de nombres de pila, que sean degradantes, peyorativos y curiosos que puedan prestarse a burla. Pues tendrán que dejar por fuera la mitad de los nombres propios, proclives a los diminutivos que se inventan holgazanes ocurrentes para mofarse del compañero. (En el colegio a un Valentín, le decían ‘Tin’, y cuando querían molestarlo: “tin tan”). (A Agustina le decían ‘Tina’ y para jorobarla “tinaja”). (A Concepción de cariño la llamaban ‘Concha’ pero los socarrones “concha de mínimo”). (Cómo les gustaba fastidiar a la popular Consuelo diciéndole “consuelo de papos”). (Y de haber sabido Ernesto que le iban a poner “Neto” para clavarle “careto”, seguramente habría preferido otro nombre). Eso que los cipotes frieguen con los nombres, nadie lo va a impedir modificando leyes. Ahora a lo grave. ¿Habrán reparado –así como son las cosas en este país donde cualquiera se presta para la sinvergüenzada– que esa sencillez, con que pretenden permitir la modificación de los nombres, le cae de perlas a la delincuencia y al crimen organizado al facilitarle el cambio de identidad para evadir la justicia?

1 2 3 481