EMPLEO Y REVISIÓN DE LAS MEDIDAS

25 julio, 2014 Sección Editorial

arquero3UNA de las primeras diligencias que tendrá el gobierno ahora que vienen esas familias deportadas -madres e hijos- seguramente será buscarles algún trabajo. De Estados Unidos vienen aviones repletos de repatriados y de México, buses hasta la pata, de los que se quedaron a medio camino. Los mandatarios del Triángulo Norte ya están en Washington tratando esta crisis migratoria que estalla a raíz de unos 60 mil niños que cruzaron la frontera y que se encuentran detenidos en campos de refugiados. Sin duda que no regresarán con las manos vacías. Por lo menos traerán su costal de promesas. Una de ellas, que habrá algún recurso disponible para crear programas de auxilio a los deportados. Para socorrerlos con algún trabajo en sus países de origen. Pues bien, ojalá haya empleos para todos ellos. Pero aún solo considerando la falta de trabajo -porque los grandes flujos migratorios obedecen a causas multifacéticas- el problema es mucho más complicado.

La última encuesta del INE revela que la población apta para trabajar, económicamente activa, es de 3.2 millones de habitantes. Pero también encontraron que alrededor de unos 1.6 millones, o sea más de la mitad, no tienen trabajo. De los que trabajan, muchos están subempleados. Laboran en el comercio o en la economía informal y ganan menos del salario mínimo. Así que para evitar esos desbordados flujos migratorios, solo tomando en cuenta ese único factor, la falta de trabajo, será una titánica tarea. Esta ha sido una de las divergencias que hemos tenido con las aves agoreras en esta sección editorial. Ya que todas esas medidas que vienen a exigir contraen más la economía. Y con una economía deprimida, donde la iniciativa privada se encuentra asediada por las cargas impositivas, no hay forma de generar empleo o crear fuentes de trabajo. Con todo y la tremenda actividad desplegada por la Casa de Gobierno para animar a la población y crear optimismo -que nosotros aplaudimos- la realidad es que la reactivación económica, desgraciadamente, es un espejismo.

Antes de partir a Washington, el mandatario se reunió con un grupo de empresarios que muy dócilmente le plantearon sus quejares. Le contaron que la mayor parte de las empresas andan boqueando. No están bien. Muchas de las medidas de ajuste tomadas por aquella antipática comisión de transición -a la que advertimos lo que iba a suceder- los acabó de atolondrar. Si bien los empresarios no fueron tan explícitos como lo son en conversaciones más reservadas, explicaron parte del calvario que están atravesando. Declararon, como conclusión de las pláticas, que “la inseguridad jurídica… es un problema serio”. Argumentaron que “las tasas del gobierno y el desorden de las finanzas públicas, (por eso) el dinero es más caro”. “Hay menor demanda de crédito –dijeron los banqueros– nuestros clientes reportan que las ventas han bajado, inclusive hay menos requerimiento de divisas para importaciones”. “La desaceleración económica es la mayor preocupación del sector empresarial” sintetizó uno de los dirigentes. Pero la esperanza es que –según ellos– “el Presidente les ofreció revisar las medidas que tomaron en diciembre porque hay mucha contracción económica y han impactado negativamente en las empresas”. Quedaron que una vez concluido el análisis, a más tardar en un mes, se vuelven a reunir. Apúrense. Las necesidades son apremiantes.

LA CITA EN WASHINGTON

24 julio, 2014 Sección Editorial

arquero3LA oportunidad difícilmente vuelve a repetirse. El Triángulo Norte tiene cita con Obama, porque la región, de momento, vuelve a aparecer en el radar de la seguridad nacional estadounidense, con ese éxodo de niños refugiados, detonando todas las alarmas migratorias. No que los tomara por sorpresa. Más bien las cosas se chinean cuando no se sabe qué hacer con ellas. Las autoridades fronterizas repetidamente reportaron el flujo ascendente de menores superando los promedios habituales, hasta llegar a las 60 mil criaturas de ahora, que rebasa la posibilidad inmediata de los estados fronterizos de acogerlos adecuadamente. De los cientos que antes lograban cruzar y eran aprehendidos, ahora son miles, y las cifras siguen creciendo en forma exponencial. Que lleguen en grupo los tres mandatarios es bueno pero limitante. El número da más peso, pero ninguno puede individualizar su costal de aspiraciones. Aparte que se presta para oscilar al vaivén de la agenda de Washington que, dicho sea de paso, tiene la complejidad de estar enmarañada en una telaraña política. Incluso divergencia de partidos y de sus facciones en el tema migratorio que es prioritario de las campañas.

Deben ir preparados, sincronizados y no a improvisar o a perder tiempo valioso, ya que gozar de la atención del denominado “hombre más poderoso del planeta”, viene en instantes demasiado fugaces para desvariar. Ojalá la discusión, aunque ese sea uno de los factores más feos de la tragedia, no se concentre en solo culpar a los “despiadados coyotes”, ya que el vía crucis de estos menores desarraigados obedece a multifacéticas razones. Seguramente -por ejemplo- tendrán que opinar sobre esa iniciativa de “acelerar el proceso de las deportaciones”. El periodista de Univisión entrevistó al proponente, un congresista demócrata que piensa que la crisis humanitaria podría ser otro Katrina: ¿Por qué cada vez que tenemos problemas de inmigración la primera respuesta es deportaciones masivas… y ahora deportar niños; por qué hacemos esto? “Queremos reformar la ley para hacer el proceso de audiencia ante un juez más expedito…”. ¿Si regresan estos niños a sus lugares, no sería regresarlos a más violencia, a problemas de pandillas… no estamos hablando, en realidad de refugiados? ¿Usted ha tenido choque con otros congresistas latinos que no están de acuerdo con usted? “Vamos a tener diferencias, pero todos tenemos el interés de los niños y lo que queremos es una solución a la crisis humanitaria en la frontera”. Solo a manera de ejemplo de la sutileza entre lo que se dice y lo que se entiende, o de cómo se interpreta -cuando el periodista insistió sobre lo inapropiado de regresar a los niños a los lugares violentos de donde escaparon- respondió que estuvo aquí para conocer el problema, y en entrevista con autoridades le dijeron que aquí “no querían perder a los niños”.

La perspectiva que muchos tendrán allá no es igual a la que puedan tener acá. Como ilustración. Infórmese -el amable lector- sobre la postura migratoria del gobernador republicano de Texas quien acaricia nuevamente la postulación presidencial. Acaba de enviar 1,000 agentes de la guardia nacional a la frontera, “a detener la delincuencia”, entendida por esas mafias mexicanas que allí operan. Aparte que el tema es confuso y enredado, sin fáciles respuestas o soluciones. Los intereses de unos no necesariamente son los de los otros. No hay congruencia en los enfoques. Washington, o por lo menos la administración, tendrá una agenda. Y la conversación que sostengan oscilará alrededor de algunos “talkingpoints”. Obama, sin duda, tendrá iniciativas pero también escuchará con oído sensitivo las propuestas. No hay por qué dudar que Obama no tenga su corazón puesto en las desgarradoras facetas humanas de los niños o que ignore sus aflicciones. Todo lo contrario. Se trata de un líder que inició su carrera política como organizador de comunidades, abogando por los derechos de las minorías. Cuando se reunió con representantes de la comunidad hispana, que defienden el derecho de los menores, les respondió, que de no estar en ese alto sitial de ahora, estaría a gusto del otro lado de la mesa, intercediendo junto a ellos. Esa es la ventaja. Pero el trío que va a la cita, para sacar el mayor beneficio de las conversaciones -mejor que ir a dar cátedras de lo necio o de lo obvio- debiera llevar amplia noción de cómo funcionan las cosas en la mayor potencia del mundo.

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