HAY EVO PARA RATO

14 octubre, 2014 Sección Editorial

arquero3LA asunción de Evo Morales al poder fue tanto obra del desastroso manejo de la crisis económica por Goni Sánchez de Lozada y de decisiones erradas que provocaron su caída –movilizaciones sociales y bloqueo de arterias viales del país que produjo desabastecimientos en las ciudades principales e impidieron transportar la gasolina, propiciadas por el mismo dirigente cocalero– como del gobierno mesiánico del intelectual Carlos Meza (cuya popularidad creció y se chupó como la espuma); el vicepresidente sustituto, ingenuamente, terminó enterrando los partidos políticos para entregar el poder, en bandeja de plata, al movimiento indigenista de Evo. El líder de las provocaciones callejeras, arropado en el sentimiento nacionalista de los pueblos originarios –la vasta mayoría boliviana–ganó la partida en las disputas del gas.

Quiérase que sí o que no, la realidad es que el proceso de nacionalización de los hidrocarburos revierte la crisis económica que padecía el país. Esas son las prácticas explotadoras que resienten estos pueblos. (Por ello es peligroso ceder los recursos estratégicos de una nación –o abrir boquetes de privilegio como enclaves nacionales–porque su usufructo desmedido en manos de extranjeros, tarde o temprano, ocasiona desbordamientos imprevisibles). Tradicionalmente el reparto de las utilidades de los recursos del gas y del petróleo de Bolivia se distribuía en más del 80% en las transnacionales, mientras el Estado apenas captaba la minúscula cuota restante. El replanteamiento de estos contratos lesivos al país le dan al nuevo gobierno la base sólida para su consolidación. Esos ingresos excepcionales hacen que el PIB que, en el 2005 era de 9,530 millones de dólares, se eleve a 30,380 en el 2013, y que el ingreso per cápita prácticamente se triplique en el mismo período. El país que padecía de déficits crónicos acaba en ese mismo año con reservas internacionales de más de 14 mil millones de dólares. La extrema pobreza se reduce a la mitad.

El hábil político de las coaliciones autóctonas de Bolivia acaba de ganar la elección con el 60% de los votos, mientras la oposición fragmentada que lo enfrentó no estuvo ni cerca de aproximarse para conseguir la segunda vuelta. Evo anticipaba ganar la mayoría absoluta en la asamblea plurinacional con el fin de reformar la Constitución e introducir la reelección indefinida. A la moda farandulera de lo que ya ratos se ha puesto en boga en el remedo de democracias de la cofradía del sur –con sintomatología contagiosa– donde el poder no se entrega sino que se ejerce autocráticamente hasta que algo excepcional se le atreviese y lo haga tropezar. Después de todo, el triunfo se lo dedicó al inextinguible comandante cubano de la Sierra Maestra, que ha durado generaciones desde que la revolución botó a Batista, y a su extinto líder, el místico pajarito que hizo su debut en las últimas elecciones venezolanas –al que rezan una caricatura del Padre Nuestro– que ha continuado apareciendo en pláticas fabulosas con el heredero del trono, cada vez que la situación crítica del país requiere de alguna invocación espiritual. Ah, y a todos “los gobiernos antiimperialistas del mundo”. El candidato conservador opositor ni se le acerca con un 25% de los sufragios. Allá, en el tercer lugar, con apenas el 9% terminó el expresidente Quiroga, muy elogiado, en su tiempo de administrar el país, por los organismos de crédito internacional y el FMI. Así las cosas, con esa oposición política desparramada, hay Evo para rato. Lástima que ya se fue el indomable analista político y periodista Cayetano Llobet, de quien hubiésemos querido leer, “Entre Paréntesis”, alguno de aquellos cáusticos artículos que publicábamos aquí en LA TRIBUNA cuando le censuraron sus columnas allá en su querida patria natal.

EL FMI Y LOS PATINES

13 octubre, 2014 Sección Editorial

arquero3VAMOS a iniciar con lo que nos alegra. Esas giras promocionales del país que ha tenido el mandatario hondureño. Es algo que da esperanza. Ahora bien –pese al jolgorio general de quienes aplauden esos acuerdos como algo de vida o muerte– no nos entusiasman mucho las componendas con el Fondo. Por esas políticas equivocadas que han provocado mayores crisis en los países en dificultades que acuden al FMI es que el mundo busca otra opción –para eso se reunieron los BRICS, para crear un banco aparte y una estructura paralela a la del FMI– que pueda garantizar el crecimiento económico y no mayor estancamiento, mientras se habilitan recursos extraordinarios a los gobiernos para enfrentar su temporal desequilibrio fiscal. El modelo de los fondistas es parecido en todas partes. Asume que el desequilibrio se produce por gastos para atender una demanda excesiva que requiere como remedio de medidas fiscales y monetarias de contracción. (Nosotros sostenemos que en nuestros mercados de subsistencia el problema no es la mucha demanda, sino falta de producción, y eso se remedia con estímulos no con mayor contracción. El crecimiento, no el estancamiento, es lo que generaría mayores ingresos al gobierno). Para tomar como ejemplo uno de los mercados que ha pasado por graves depresiones o por agudas recesiones que contradicen esas premisas del FMI, miremos el de los propios Estados Unidos que, dicho sea de paso, tanta influencia tiene en el FMI. Durante la gran depresión, el remedio no fue imponer medidas draconianas de ajuste a la economía norteamericana, sino todo lo contrario. Roosevelt le metió la pata al acelerador del gasto público para generar los empleos que se habían perdido por millares. Y la economía de emergencia de la Segunda Guerra Mundial, que obligó al país a reinventarse, a punta de bonos de guerra, en una carrera sin freno, fue lo que convirtió a aquel país en la primera potencia mundial.

La crisis financiera que estremeció al mundo recientemente, cuando se desplomaron los mercados inmobiliarios, provocó un zambullido tanto en la economía norteamericana como en las europeas. (Con excepción de la alemana porque allá son más ingeniosos). De repente se reventaba la burbuja, que agarró con los calzones en la mano a muchas de las economías globalizadas. Pero si los “gringos” le hubiesen hecho caso al FMI, hubieran tenido que elevar sus intereses bancarios y subir impuestos hasta más no poder para equilibrar sus finanzas. Obama hizo todo lo contrario. Los intereses bancarios, dispuestos por el Tesoro, son los más bajos, y así se han mantenido en décadas. Prestan casi de regalado, con la mira que el endeudado pida prestado para refinanciar sus obligaciones, que el público consumidor gaste, que el inversionista invierta, para que el mayor circulante en el mercado genere mayor actividad económica. Nada de equilibrar el déficit. Más bien Obama metió dos multimillonarios paquetes de estímulo, para generar obra pública suficiente que pudiera atajar los altos índices de desempleo. Los déficits presupuestarios subieron a la estratósfera, pero eso no lo hizo retroceder. Creció la deuda externa y la deuda interna, pero ni “cuche” le hicieron al FMI cuando aconsejaba fuertes impuestos para equilibrar el desajuste. Todo lo contrario, reducción de impuestos para la clase media, para los pequeños y los medianos empresarios y estímulos para los grandes inversionistas. Las “aves agoreras” redujeron la calificación del país, pero a Obama “le valió un pito” lo que decían los apocalípticos y las impertinentes “tías las zanatas”.

En su reciente informe “Perspectivas Económicas Globales”, el FMI admite que la economía norteamericana comienza a responder. Y vislumbra que avanzará un 2.2 por ciento este año, y un 3.1 por ciento en 2015, empujando las economías de México y posiblemente las centroamericanas y del Caribe, que dependen tanto del estado anímico del imperio. Las economías suramericanas que dependen bastante de las europeas y de otras partes del mundo, donde las crisis las han manejado con ajustes fiscales y monetarios impuestos por el FMI, sin lograr salir del pantano, están “en alas de cucaracha”. El crecimiento que apunta el FMI para el 2014, para todo Latinoamérica, es de apenas 1.3 por ciento. Venezuela es una calamidad. Chile y Perú tienen recortes en sus pronósticos de crecimiento. Argentina tendrá tasas de crecimiento negativas y el poderoso Brasil acaba de entrar en una recesión técnica. Honduras va a favorecerse el año que viene con el repunte de la economía norteamericana. Pero nos preocupa que por estar pegados al FMI aquí, en vez de tomar medidas de estímulo y revertir esa alta carga que pesa sobre la producción nacional –orientadas a una iniciativa privada en verdadero apuro– para aprovechar la recuperación de los “gringos”, vaya a ser como patinar cuesta arriba sobre piso mojado.

1 2 3 4 5 6 530