Intimidaciones a la prensa por Franklin Barriga López

Columnistas  20 Agosto, 2009

El relator para la Libertad de Expresión de Naciones Unidas, Frank La Rue, advirtió que la eventual aprobación, en Venezuela, de la Ley Especial de Delitos Mediáticos, afectaría a uno de los principios fundamentales de la democracia: el pluralismo.

Franklin Barriga López

Franklin Barriga López

Dicho experto añadió que el inventado “delito mediático no es más que una forma de intimidación política que puede llevar a  la criminalización del disenso y de la crítica”. Fue terminante al complementar su informe: Ningún gobierno del mundo puede utilizar la amenaza de la aplicación de la ley penal para silenciar a los críticos o a la oposición, ya que la transparencia implica garantizar el pleno acceso a la información así como la expresión libre de opiniones”.

Esta advertencia del organismo mundial es oportuna, en razón de que los seguidores del tal Socialismo del siglo XXI han enfilado sus humeantes cañones en dirección de la prensa libre.  A pesar de que Hugo Chávez dio pie atrás en sus  pretensiones de que la Asamblea venezolana, que es incondicional a él, apruebe la referida Ley, lo manifestado por La Rue recuerda la obligación de respetar los tratados internacionales y, en lo que concierne a derechos humanos, el compromiso que existe en torno a la libertad de expresión que tiene sus responsabilidades implícitas.

Sólo los totalitarios buscan la prensa de una sola vía. La que tiene independencia frente al poder es considerada como enemiga, dentro de sus esquemas que no admiten otras voces que la del omnímodo mandatario, peor la crítica que agradecen los verdaderos demócratas, por cuanto les ayuda a gobernar.

La autocracia vitalicia y hereditaria de los hermanos Castro ha convertido a Cuba en una gigantesca prisión para los periodistas que se atreven a no marchar en el mismo camino de los déspotas. Hugo Chávez, aprendiz de las malas prácticas de esos tiranos, sigue perpetrando ominosos actos en desmedro de la prensa que no aplaude sus histriónicos y peligrosos procederes. Daniel Ortega, en Nicaragua, no cesa en sus ataques y amenazas contra los medios, a  los que acusa de estar al servicio del capital y del imperio, de acuerdo a esa retórica caduca y repetitiva que esgrimen los absolutistas, pretendiendo, con ello, desviar la atención a su mediocridad y falta de principios democráticos. Lo mismo puede decirse sobre Evo Morales que, en Bolivia y dentro de sus limitaciones educativas, llama a los periodistas “pollos de granja”, al mismo tiempo que intenta llenarles de oprobio, como sucedió con el aleve ataque a un comunicador que fue llamado al Palacio de Gobierno con ese fin, lo que fue ubicado por la Asociación Nacional de Prensa de ese país como canallada jamás cometida por un jefe de Estado. Rafael Correa, que califica  a la prensa de “corrupta, mediocre y mentirosa”, acaba de exteriorizar públicamente en Quito la necesidad de “a nivel de países plantearnos formas de controlar los excesos de la prensa.

¿Será coincidencia la corriente referida en que navegan los indicados mandatarios? ¿Sin la prensa libre y pluralista, cómo la ciudadanía puede enterarse de los actos de corrupción, abusos de autoridad y más atentados a los preceptos de la civilización? ¿La libertad, la democracia, la paz y el desarrollo, estarán garantizados con gobernantes de esta naturaleza?

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