Apostolado médico

Columnistas  18 Noviembre, 2009

Por José María Leiva Leiva

jose-maria-leivaEl Colegio Médico de Honduras, distinguió la pasada semana a aquellos galenos que habían cumplido 25 y 50 años de ejercicio profesional. Entre estos últimos, se encontraba para nuestra inmensa dicha, mi padre, José María Leiva Vivas y Enrique Samayoa, quien en representación de sus contemporáneos, dio las palabras de gratitud, formulando para ello, una reseña histórica de la medicina que les tocó practicar 50 años atrás. He aquí un resumen de tan magistral presentación.

“Comenzaremos por decir que no había nada descartable, y era notable ver como se re-usaba todo el material quirúrgico incluyendo las jeringas que eran de vidrio, las compresas y gasas se requeteusaban previo lavado y esterilización. Después se enviaba a la costurerilla lo remendable, hasta que no aguantaban más remedios. Lo mismo sucedía con los guantes de cirugía los que después de usados, se lavaban, revisaban y en caso de encontrarles roturas, se les aplicaban parches con pegamento especial y listos para la nueva operación previa la esterilización. Los frascos de los sueros eran de vidrio y reusables.

La anestesia era suministrada de una manera muy empírica, no se usaba la intubación y el paciente se mantenía casi despierto. A los niños se les aplicaba éter gota a gota a través de una mascarilla cubierta con una gasa y el cirujano tenía que ser muy hábil para salir pronto de su compromiso. En los adultos se iniciaba la anestesia con un medicamento dado por la vena llamado Pentotal y a continuación se le colocaba un aparato llamado Ombredane, con una mascarilla que abarcaba nariz y boca y se le administraba éter.

En obstetricia, los partos se atendían en cama… no existía la mesa obstétrica o burra como la llaman los pacientes. En los hospitales públicos por la falta de camas muchas parían en el suelo. Lo complicado era cuando se tenía que reparar los desgarros provocados por el parto, todo se hacía en la misma cama. Combatir las infecciones era un enorme problema… sólo se contaba con las sulfas, comenzaba a usarse la penicilina en los años 40.

Había dolencias que no se hacía más que dejarlas evolucionar, como la fiebre tifoidea que logró controlarse con la aparición del cloranfenicol. La tuberculosis comenzó a tener los beneficios medicamentosos con la dihidroestreptomicina, que como complicación, producía sordera. Los pacientes eran hacinados en las salas donde sólo recibían paliativos hasta que la enfermedad terminaba con su vida. Entre los medios terapéuticos quirúrgicos se usaba la resección del lóbulo pulmonar comprometido, en caso que la enfermedad estuviera limitada a ese sector.

Muy empíricamente se hacían transfusiones de sangre… no se disponía de los sueros para identificar la infinidad de subgrupos de sangre que existen. Y al menos se contaba con la llamada prueba cruzada, mezclar una muestra de sangre del paciente y del donador y determinar si no se producían reacciones de precipitación. Los pacientes a intervenir u operar no eran sujetos de una evaluación por internista, en ese tiempo no se hacían electrocardiogramas. El cirujano se conformaba con saber que no había anemia y en caso de emergencia se procedía de inmediato.
 
Tenía que ser experto y rápido. Constantemente durante la operación, preguntaba a quién administraba la anestesia, si el paciente respiraba, sobre todo cuando notaba que la sangre se tornaba de color oscuro. Un habilidoso médico solía decir que para ser cirujano se tenía que tener 3 condiciones: “Corazón de león, ojo de águila y mano de ángel”. Los primeros pediatras aparecieron a mediados de los años 50, los niños eran tratados como adultos pequeños, no se conocía el concepto de hidratación… y no se sabía cuál era la causa de que al infante se le hundiera la mollera y que tuviera una acelerada respiración.

No existían neurocirujanos, si alguien tenía un traumatismo craneal era referido al ortopeda, si lo había. Casi no existían especialistas… los primeros formados en el exterior fueron los salubristas, como una necesidad nacional en los programas de salud, estos al principio no eran muy bien aceptados por sus colegas clínicos y pensar que hoy todo médico debe conocer la prevención como instrumento esencial de la medicina.

Cuando hacemos estas remembranzas pensamos en el ambiente de las ciudades más importantes como Tegucigalpa y San Pedro Sula, que no decir de las experiencias habidas en las ciudades menores y los ambientes rurales, con terribles medios de comunicación. La mortalidad materno-infantil y de adultos era asombrosamente alta, como lo es aún en los lugares apartados y aislados del mundo, de los que todavía hay muchos en Honduras.

Las historias o casi leyendas de la medicina en esas épocas son múltiples… recuerdos, algunos tristes y otros heroicos cuando se decía que en la medicina se andaba por el mal camino, pero el mal camino lo recorrían los pacientes en los que no se tuvo el éxito deseado. Y lo que he relatado es solamente una muestra… de lo que ayer fue la noche de la medicina y que posiblemente el hoy será la noche dentro de otros cincuenta años”. Enrique Samayoa.

TwitThis Facebook Google Hotmail Yahoo

Comentarios

Un Comentario de “Apostolado médico”
  1. wilmer leyva dr dice:

    no sè si al dr que hace referencia es el mismo que en mi niñez me curaba
    de niño me llevaban en santa barbara con el dr Leiva , de adolecente me curò una purgaciòn como se decia en ese tiempo,mi madre lo idolatraba ( doña chinda )con el correr del tiempo me fuì a mexico donde por cierto me hice mèdico igual, y ahora tengo tres hijos y dos igualmente son mèdicos…. al leer esta nota me impactò me gustaria que su hijo me lo confirmara igual me acuerdo de èl…vivo en monterrey mi correo es: wicaley@hotmail.com

    dr wilmer leyva.

Explicación necesaria:

LA TRIBUNA Online respeta el libre pensamiento de sus lectores. Y por ello publica sus comentarios -- que no pasen de 500 palabras--, tal como los envían, incluso con su ortografía. Pero sugiere que se utilice, indistintamente del criterio político o ideológico de sus autores, un lenguaje que no ofenda la moral y las buenas costumbres. Caso contrario, nos obligarán a omitirlos.

Opina sobre esta nota

Protegido contra Spam