Mi profesor de filosofía

Columnistas  18 Noviembre, 2009

Por Ramón Villeda Bermúdez
 
ramonvilledabermudez_70Terminaba mis estudios de bachillerato en el Instituto Central cuando nos informaron  que nos habían asignado como profesor de filosofía a un joven talentoso que estudiaba ciencias jurídicas, a quien veíamos casi todos los días en el segundo piso del edificio.
 
El Instituto Central tenía entonces sus aulas en los tres patios del edificio remodelado que hoy ocupan los directivos y las comisiones del Congreso Nacional. En la planta alta del primer patio estaba la rectoría de la Universidad y el salón conocido como el Paraninfo; en el segundo patio, siempre en la segunda planta, estaban las aulas de la Facultad de Derecho. Eso nos permitía escuchar durante la clase y fuera de ésta a nuestro maestro,  Dante Gabriel Ramírez, quien falleció el miércoles recién pasado.
 
Quienes trataban a Dante como profesional y amigo, descubrían inmediatamente su talento, su cultura y conocimientos, sus penetrantes análisis y sensibles convicciones, sus expresiones sin patrones estereotipados, su  calidad de escritor y poeta. Nosotros, jóvenes adolescentes, repetíamos algunas de sus prosas. Cuando decíamos “¡que no se acerque más, que no me toque!” él sonreía, dándose por enterado que conocíamos su poema Lo Fatal.
 
Tenía una forma especial de enseñar; nos formulaba constantes preguntas, poniendo a funcionar en forma innovadora nuestras neuronas, que estaban más orientadas a memorizar conceptos. Afortunadamente, en el año de estudios precedente ya Policarpo Callejas Bonilla, entonces también estudiante “del segundo piso del Central”, nos había servido la cátedra de psicología, y nos había enseñado cómo construir los silogismos, para no convertirlos en sofismas. Dante Gabriel insistió en que aprendiéramos a deducir bien para no equivocar las conclusiones.
 
Cuando regresé a Honduras, ya graduado, supe que Dante formaba parte de una nueva generación de profesionales hondureños que se había entregado a construir el proceso de integración centroamericano. A veces escuchábamos las talentosas conversaciones de este grupo, y callábamos para absorber sus enseñanzas.
 
Dante fue un gran colaborador de muchas administraciones; mejoró o redactó totalmente los discursos de varios presidentes; no representó en la mejor forma en foros y organismos internacionales.
 
Como yo había estudiado en España y en Italia, le conté que en las Cuevas de Sésamo, un centro nocturno para intelectuales en Madrid, decía en una de sus paredes: “Cuando entres en este recinto, haz como Dante, ven siempre acompañado por un poeta”; y luego le comenté: -Como usted se llama Dante y además es poeta, puede llegar solo y siempre irá acompañado. Quedamos en que visitaríamos Las Cuevas de Sésamo, pero no se dio esa oportunidad.
 
La familia Villeda Bermúdez se sintió honrada cuando, con ocasión de celebrarse los cincuenta años del gobierno de Villeda Morales, se hizo un homenaje en el auditorio del Banco Centroamericano de Integración Económica, en memoria de aquél querido ex presidente, evento propuesto por el doctor Carlos Javier, donde participaron como expositores Jorge Bueso Arias, Gautama Fonseca, Carlos Rivera Williams y Dante Gabriel Ramírez. Dante vivía entonces en San Salvador, y viajó a Tegucigalpa para participar en los solemnes actos.
 
Hoy, cuando la integración regional está debilitada por sucesos que deben superarse, todos los centroamericanos que apreciamos, admiramos y respetamos a Dante Gabriel, estamos obligados a honrar su memoria dándole continuidad al inconcluso proceso de integración.
 
villber37@hotmail.com

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Comentarios

2 Comentarios de “Mi profesor de filosofía”
  1. LATROCINIO EN BCH dice:

    Honrar, honra

  2. Juan Miguel Funes Padilla dice:

    En su casa de la Colonia Ruben Dario Dante Gabriel Ramirez acepto a Jesus de Nazaret como su Senor y Salvador.Oramos la Oracion del Pecador y por la presencia del Espiritu Santo senti que en ese momento Dante Gabriel habia ganado la vida eterna.

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