El marco de referencia

Columnistas  19 Noviembre, 2009

Por: Ricardo-Alonso Flores

ricardo_alonso_floresTodos los presidentes suelen tener un personaje favorito, o favorita. De eso hay muchos ejemplos que no viene al caso repetir. Un día, cuando era Gerente de Hondutel  don Roberto Micheletti, me decía, mientras yo defendía a capa y a espada a una correligionaria suya a la que se quería despedir, que todos los políticos tienen un ave sobre su hombro, no sé si me dijo que era un cuervo o un zopilote, con el que tienen que cargar toda la vida, porque aunque uno no los quiera  lo acompañarán, no sin cierto placer, por mucho tiempo.

Casi nadie se explica por qué el presidente de Brasil, don Luiz Inacio Lula da Silva ha permitido este estropicio en el que se ha convertido su otrora Embajada en Tegucigalpa. Lo decía en otro artículo, que la diplomacia brasileña pasaba por ser una de las más prestigiosas del mundo y de pronto viene a derrapar a Honduras, pagando un costo muy elevado, tanto en el exterior como en el  territorio brasileño, donde ese episodio nada heroico, ha puesto en evidencia que por mucho que Brasil sea una potencia no ha podido sustraerse a ciertas prácticas nada edificantes en cuanto a sus relaciones internacionales.

Hace pocos días, un buen amigo brasileño, que ha leído-y lo agradezco- mis artículos en este Diario, me escribió y  me dijo que no tenía que andar dando palos de ciego, porque no era el canciller Amorín el autor de esa situación, ni tampoco el personal de la antigua embajada en Tegucigalpa quienes habían propiciado esto, sino que un hombre cercano al presidente Lula da Silva a quien el mandatario le cree todo lo que le dice en política exterior.

Fíjate, me explicaba, que el presidente ha sido muy comedido en todo, desde que inicialmente escogió como vicepresidente a un hombre de gran prestigio en la empresa privada como  es don José  Alencar, siendo Lula un obrero y de enorme trayectoria sindicalista. Asimismo, ha querido llevarse bien con Obama y aunque se relaciona con Chávez, no es precisamente un seguidor del venezolano, porque a él le gusta guardar la distancia como señal de respeto.

Pero yo le contestaba, que no era posible que se distanciase tanto al señor Lula da Silva, porque esto realmente ha sido un escándalo y que a efectos de prestigio, era lo mismo que  si una monja de clausura incursionase en terrenos que se relacionan con el oficio más viejo del  mundo, perdiendo todas sus virtudes, conservadas a base de oración y falta de deseos.

Pero no me quería decir el nombre, sino que solamente era alguien que tenía un alto cargo y que era lo que él llamaba “un idealista de izquierda”. Poco a poco me fue soltando prendas, pero como yo no lo conocía , se me hacía difícil dar con el nombre, tan sólo me decía que era profesor universitario, que había vivido en Chile en la época de Salvador Allende y que más tarde se exilió en Francia.

Además, que   a finales del la década de los años setenta, al regresar a Brasil, se involucró en las huelgas metalúrgicas del ABC paulista en las que Lula emerge como líder, en tanto que el personaje en 1980 redacta el Acta fundacional del Partido de los Trabajadores.

Su cercanía le permite viajar mucho al exterior con Lula y  en  2002 le pide que lo acompañe en el gobierno, dándole el cargo que actualmente ostenta, sin dejar de participar en política, ya que accede a vicepresidente del PT (Partido de los Trabajadores) y antes de eso coordina el Programa de Gobierno en varias campañas, puesto que Lula no  triunfa en el primer intento.

Ya en la posición actual, llega a Colombia para darle al presidente un informe de la situación en esa nación y entre sus recomendaciones está la de darle un reconocimiento internacional a las FARC, cosa que el mandatario no acepta al final.

El 27 de enero de 2007 viene a Tegucigalpa para la celebración del  primer aniversario del gobierno del ex presidente Zelaya y coincide con alguien a la que dice tener especial aprecio y que luego en las postrimerías de esa mandato es designada Secretaria de Relaciones Exteriores,  por lo que no es extraño que su mano esté detrás de este lamentable suceso que ha restado enorme credibilidad a la diplomacia brasileña.

El nombre que me dieron es el de Marco Aurelio García, nacido en 1941 en Rio Grande do Sur, quien funge como Asesor para las Relaciones Internacionales de la Presidencia de la República.

Algo más, me dijo el amigo : “Lula le cree casi todo lo que éste caballero le dice”. Ahora me explico por qué Brasil ha caído en este embrollo del que todavía no sabe como salir, pero que lo tiene en una situación tan incómoda que nada de extraño tendría si de pronto aparece una solución como por arte de magia.

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Comentarios

Un Comentario de “El marco de referencia”
  1. hjarred@rrbak.com dice:

    zelaya “ES” el presidente.amigo

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