Tiempo de adviento

MC
/ 7 de diciembre de 2018
/ 10:00 am
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Colaboración Elsa de Ramírez

“Estamos comenzando el adviento. Este domingo 2 de diciembre 2018, inauguramos el tiempo de adviento. Tiempo hermoso que grita a los cuatro vientos la cercanía de uno de los momentos más esperados por todos: la Navidad. ¡Tanto que nos dice, sugiere y recuerda la Navidad!

Pero hoy, cuando la iglesia con tanto acierto, movida por el Espíritu Santo nos ha invitado a poner la palabra de Dios en el centro de la vida y misión de la iglesia, me parece oportuno que nos preguntemos: ¿Qué nos dice la Biblia del adviento?

Adviento, término derivado de la palabra latina “adventus”, significa venida. En el lenguaje cristiano adquiere significado propio al referirse a la venida de Cristo. En la Biblia, no vamos a encontrar literalmente el término adviento, pero sí encontramos muchos pasajes de lo que significa adviento y lo que quiere suscitar en nosotros.

Desde el Antiguo Testamento el pueblo era exhortado a preparar la venida del Señor (y recordemos que adviento, significa venida “adventus”). Esta preparación se daba sobre todo declarando algunos días consagrados a Dios, esto es lo que hacemos en adviento: prepararnos para recibir al Señor.

En el libro de Nehemías 8, 9-10 leemos: Entonces Nehemías, el gobernador, Esdras, el sacerdote escriba, y los levitas que instruían al pueblo, dijeron a todo el pueblo: “Este es un día consagrado al Señor, su Dios: no estén tristes ni lloren”. Porque todo el pueblo lloraba al oír las palabras de la ley.

Después añadió: “Ya pueden retirarse; coman bien, beban un buen vino y manden una porción al que no tiene nada preparado, porque este es un día consagrado a nuestro Señor. No estén tristes, porque la alegría en el Señor es la fortaleza de ustedes”. Eran días muy especiales para el pueblo de aquel entonces, como hoy debe de ser para nosotros. Días especiales, en donde la sensibilidad por las cosas de Dios nos lleva a valorar lo más lindo y noble que hay en cada uno, como es la alegría y el gozo que surge de saber que Dios es nuestra fortaleza y que con Él, nada debemos temer.

En Levítico 23, 23-37 encontramos una serie de indicaciones para el pueblo de Israel de la forma y el tiempo en que debían de celebrar las fiestas del Señor. Toda fiesta religiosa, todo tiempo dedicado especialmente al Señor, tiene como finalidad ayudar al creyente a entrar en verdadera comunión con Dios. Cuando se entra en comunión con Dios, puede el creyente decir con propiedad: Dios ha venido a mí. Me ha visitado. Y este pueblo tenía experiencia de la acción de Dios en la vida personal y comunitaria. Celebraba la acción de Dios y se preparaba para que Dios volviera a actuar; para que siguiera produciendo los efectos beneficiosos en el presente y en el futuro (dimensión escatológica), es decir, abre a la esperanza. Esto es lo que nosotros hacemos en el adviento, es lo que celebramos y lo que le pedimos a Dios. Que podamos seguir gozando de su bendición en el ahora y siempre.

Se podría continuar extrayendo pasajes bíblicos del Antiguo Testamento en donde se nos invita a preparar la venida del Señor. Sin duda alguna los profetas fueron grandes protagonistas de esta invitación a preparar los caminos del Señor que llega como nuestro Salvador, el Dios con nosotros (Enmanuel). Isaías nos dirá:

“Decid a los cobardes de corazón: ¡Sed fuertes, no temías! Mirad a nuestro Dios que va a venir a salvarnos” Isaías 35, 4. Y esta misma certeza recoge San Marcos 1, 2-3 al inicio de su evangelio: “Conforme está escrito en Isaías el profeta: Mira, envío mi mensajero delante de ti, el que ha de preparar tu camino. Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”.

Lo que más debe de resonar en nosotros durante este adviento es justamente esta exhortación que nos hace San Marcos: “Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas”. ¡Adviento es bíblico! y su gran invitación sigue siendo la misma: prepárense para recibir al Señor que está por llegar. A lo largo del Nuevo Testamento, la invitación a estar atentos y preparados porque el Señor llega a la hora menos pensada, es una constante (Mateo 24, Marcos 13, Lucas 21). Las cartas de San Pablo lo irán diciendo con diferentes palabras pero siempre manifestando la certeza de que el Señor vendrá y que es necesario estar atentos y vigilantes: “Que el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu, el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”. (1 Ts 5, 23).

Y en el Apocalipsis encontramos de nuevo la afirmación de la venida del Señor. “¡He aquí que vengo pronto!”. El Espíritu y la esposa dicen: “¡Ven!” El que oye diga: “¡Ven!” El que tiene sed, venga. El que quiere, tome del agua de vida gratuitamente (Apocalipsis 22, 7).

Como nos podemos dar cuenta, la sagrada escritura está constantemente invitándonos a entrar en el espíritu del adviento. Que este tiempo renueve la alegría del Dios cercano que viene a estar con nosotros. Que Él nos abra los ojos del corazón para que podamos reconocerlo en tantas circunstancias en las que se nos revela. Que seamos capaces de recibirlo pequeño, frágil y humilde en el Niño que nace en Belén. Que ese Belén que preparemos para su nacimiento sea nuestro corazón, nuestros hogares, nuestra vida”. (Fuente. Pbro. César Buitrago).

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