BCIE Y LO ESCONDIDO

MC
/ 8 de diciembre de 2018
/ 12:36 am
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BCIE Y LO ESCONDIDO

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EL nuevo presidente ejecutivo del Banco Centroamericano de Integración Económica, asumió sus funciones con una agenda amplia a desarrollar en cinco años que dura este cargo. Según expresó, a partir de ahora, la primera prioridad será “continuar trabajando por obtener más recursos para que se puedan dar mayores préstamos al sector público y privado de la región”. “Mi segundo objetivo importante –dijo– es mejorar la comunicación del Banco con otros entes de la región como el BID, el Banco Mundial, los medios, la sociedad civil, y como tercer punto me interesa mucho mejorar el acceso a la información”. Pues bien, sobre eso de la información el nuevo funcionario del Banco tendría que empezar por asimilar una realidad. Pese a que el BCIE es una institución que tiene su sede en Honduras, no tiene imagen precisa entre el público hondureño.

No realiza labor alguna de divulgación para informar sobre sus quehaceres, aparte de las entrevistas que esporádicamente ofrecen, o de uno que otro boletín que emiten y que los medios publican de cortesía, no hace labor de mantenimiento de imagen en la prensa local, siquiera para que la gente tenga alguna noción que el BCIE existe. Y si hay seres vivientes dentro de la burocracia internacional, no se sabe cómo el pueblo hondureño o el centroamericano se beneficia de esa estructura financiera. (No decimos que no lo haga, seguramente hay millones de dólares en préstamos otorgados, pero mucho de eso se ignora). Siendo la única institución que maneja recursos abundantes, no patrocina campañas alusivas a la integración que puedan ir creando conciencia en los pueblos sobre las ventajas de juntarse en bloque. En fin, no solo la comunicación con la colectividad es pobre, sino que cuando se comunican los funcionarios tienen la impresión que la prensa tiene obligación de cubrirles sus asuntos. Contrario a lo que hacen los bancos privados, que, sí mantienen alto su perfil dentro de la comunidad, tanto por medio de la publicidad directa como indirecta. Así que por mucho que presidente alguno haya hecho al frente del BCIE, las cosas quedan en escondido secreto, si no existe la capacidad ni la voluntad de comunicarlas.

Lo anterior es necesario que el nuevo presidente lo digiera ya que el BCIE es, aparte de la Corte Centroamericana con sede en Nicaragua, el Parlamento Centroamericano que sesiona en Guatemala, la SIECA también con sede en ese país, lo que queda como residuo del fracasado Mercado Común Centroamericano. Ninguno de esos organismos tiene mayor incidencia en los lugares donde funcionan, ya que el interés que despiertan es circunstancial y su labor también transcurre en el anonimato. El Parlacen no tiene facultades vinculantes y como lo que resuelve a nadie afecta y a nadie compromete, la impresión prevaleciente es que es una pérdida de tiempo y despilfarro de recursos. La Corte de Justicia no cuenta con la membresía de Costa Rica, lo que no deja de ser un inconveniente para efecto de sus resoluciones. La secretaría de SICA funciona para moderar el debate de los mandatarios o cancilleres cuando estos disponen reunirse sin que se sepa mucho –solo esporádicamente– sobre cómo incide su trabajo en beneficio de los pueblos centroamericanos. El BCIE es el único que tiene dientes, por los recursos que maneja, para financiar proyectos en cada país socio, con miras a fortalecer la integración. Pero aún teniendo su sede en Honduras, el auditorio doméstico no sabe que existe, por su nula o discreta capacidad de promoción de imagen.

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