A propósito del “Día Internacional contra la Corrupción” 9 de diciembre

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/ 11 de diciembre de 2018
/ 08:00 am
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José Víctor Agüero Aguilar

La corrupción es un cáncer invasivo, putrefacto e inmundo que ha destruido a Honduras, robando sueños y esperanzas a todo un pueblo que ve con rechazo y repudio, como servidores públicos valiéndose del poder han robado fondos del Estado, ante la complicidad de un sistema de justicia servil al servicio de una clase política y empresarial corrupta.

Nadie en su sano juicio puede desconocer que la corrupción es un flagelo que frena el desarrollo económico y social de un país, hoy más que nunca urge que los tomadores de decisión, operadores de justicia y todos aquellos individuos que tienen la responsabilidad de administrar fondos públicos actúen siempre en el marco de la ley, desempeñando un trabajo honesto, íntegro y transparente.

Resulta inaceptable seguir permitiendo que hombres y mujeres sedientos de avaricia arrasen con recursos del erario público, que utilicen sus puestos de trabajo para delinquir y amasar fortunas con dinero que no les pertenece, mientras un 70 por ciento de la población hondureña vive en condiciones de pobreza y un 42 por ciento en la indigencia, esta perturbadora realidad debe cambiar.

Cifras en rojo

Según Transparencia Internacional (TI) el Índice de Percepción de la Corrupción en Honduras es alto, de 180 países evaluados en 2017 el país se ubicaba en la posición 135. Otro dato inquietante es que de 113 naciones analizados por el Word Justice Project, nuestra nación se ubica en el puesto 103 de 113 a nivel mundial en el índice del Estado de Derecho, mientras que en la región de Latinoamérica y el Caribe se sitúa en el lugar 28 de 30.

Frente a este sombrío escenario es urgente que las autoridades del país reorienten su línea de conducta, adoptando una actitud responsable y consecuente con los grandes intereses del país, haciendo a un lado los intereses personales por los colectivos, mientras no se adopte este estilo de conducta en la forma de gobernar es muy difícil que la nación tenga un futuro más prometedor.

La corrupción es un mal endémico que se ha enraizado en toda la estructura del Estado, ha minado las instituciones públicas siendo el pueblo el gran perdedor que ve con desilusión como los recursos estatales, son derrochados a manos llenas por funcionarios irresponsables.

Enfrentar la corrupción no es tarea fácil, es un monstruo que aterroriza, intimida y genera zozobra; para el caso en los últimos años el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA) ha destapado escandalosos actos de corrupción, donde se han visto involucrados servidores y exservidores públicos que coludidos con el poder han incurrido en distintos tipos de delitos penales.

Por ejemplo, el Consejo entre 2014 a 2018 remitió a las instancias persecutoras del delito un total 76 líneas de investigación, de las cuales solo trece casos han sido judicializados el resto está en la impunidad. El perjuicio económico identificado supera los tres mil millones de lempiras una cifra escandalosa para un país sumido en la miseria.

Recientemente el Consejo organizó un evento virtual donde pudo mostrar los efectos devastadores de la corrupción, niños recibiendo clases en el suelo, techos a punto de derrumbarse y una red vial destruida, no hace más que retratar una dramática realidad, en un país devastado por la corrupción.

La única manera para disminuir los altos niveles de corrupción que existen en el país, es adoptando políticas claras que permitan adecentar la justicia, jueces de una sola pieza que no se dejen doblegar al momento de aplicar la ley, y de servidores públicos honestos e intachables y de una participación ciudadana beligerante y propositiva que denuncie con responsabilidad supuestos actos irregulares donde se vean comprometidos fondos del Estado.

A propósito de este nueve de diciembre fecha en que se conmemora el Día Internacional contra la Corrupción, es un buen momento para revertir este flagelo y enrumbar al país por un sendero donde prive una mayor justicia, equidad y transparencia y esta es una responsabilidad de todos los hondureños y hondureñas, es tiempo de actuar.

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