NAVIDAD EN TEGUCIGALPA

MC
/ 11 de diciembre de 2018
/ 12:01 pm
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En un reciente programa de televisión, con el sacerdote Juan Antonio Hernández Pavón, nos dedicamos a recordar el inicio de la temporada navideña con el Adviento y a hacer añoranzas de las fiestas patronales de diciembre que se engalanaban con las Ferias Patronales llenas de tradiciones, donde los habitantes de la capital disfrutaban desde la ferias de la Inmaculada Concepción, el día de los Inditos en la celebración del Día de la Virgen de Guadalupe, las posadas, la Nochebuena, la Natividad, los Peregrinos hasta llegar a la Epifanía o Día de los Reyes Magos el 6 de enero.

Esas fiestas en el marco de un agradable clima que antaño imperaba en la capital, después del Adviento se iniciaban con la Feria de Concepción de Comayagüela, cuyos habitantes dedicaban a la virgen Inmaculada con las celebraciones religiosas que comenzaban con el novenario de misas que finalizaba el día 8 de diciembre en la parroquia frente a la Plaza de La Libertad (foto 1).

Aquella feria patronal que comprendía la instalación de los chinamos, donde se practicaban todo tipo de juegos de azar, barajas, ruleta, dados, la chibola, tiro al blanco y muchos otros, además incluía eventos deportivos que se practicaban por la mañana, la tarde y la noche, efectuándose competencias de baseball en la cancha de La Bolsa, de fútbol en el campo Nueva Era (foto 2) donde hoy se levanta el edificio de Banadesa y de basketball en la cancha del Paseo El Obelisco.

Los juegos mecánicos como la Rueda de Chicago , el martillo, las sillas voladoras y los carruseles de los caballitos manejados por don Terencio Z. Amador representaban una de las grandes diversiones de chicos y grandes, mientras en las champas se instalaban las ventas de comidas y bebidas donde los parroquianos se deleitaban con los sándwiches de basura, los tacos de carnitas, las tortillas con carne asada, las enchiladas, sopas típicas como el mondongo y la capirotada y los pastelitos de perro de “Carioca” que se acompañaban con gaseosas, horchata, jugos naturales y hasta los helados vasos de la enervante chicha.

La Calle Real (foto 3) era el escenario de otras recordadas competencias heredadas de los españoles como la carrera de cintas, donde se ponía de manifiesto la habilidad de jinetes que partían en sus caballos a toda velocidad para acertar en los aros que pendían a cierta altura portando estacas adornadas con cintas de vivos colores. El entusiasmo del público que asistía a estos eventos se desbordaba también con la carrera de los encostalados y era aún mayor cuando aupaban a los que se atrevían a participar en la subida al palo encebado, difícil prueba que no muy pocos lograban culminar de llegar hasta la punta para descender con la banderola que se colocaba para ganar el premio por la hazaña.

El Pórtico de la Feria (foto 4) era otra de las grandes atracciones porque en él todas las noches se presentaban artistas nacionales y extranjeros, se montaban concursos de aficionados y se regalaban muchos premios donados por casas comerciales que patrocinaban los espectáculos artísticos transmitidos por HRN y por otras radioemisoras locales.

4 El Indio Calcañal y Manuel Bonilla R., en el pórtico de la Feria en Comayagüela.

Para los comayagüelas aquella feria de la Concepción simbolizaba, no solo la devoción a su patrona espiritual, sino el conjunto de alegres actividades que se matizaba con el estallido de la pólvora en todas las diversidades de la cohetería como el toro fuego, las varas y los morteros.

Pasada la temporada de la feria, los capitalinos celebraban el 12 de diciembre día consagrado a la virgen de Guadalupe, patrona de México y América. Los niños participaban en la Procesión de los Indios, luciendo atuendos de manta a la usanza de los indígenas de la época de San Juan Diego.

Concluida la festividad guadalupana, se iniciaba la temporada navideña, muchos hogares preparaban las alegres posadas, llevando las imágenes de José y María, para evocar como parte del Adviento, el periplo de los progenitores de Jesús para llegar al lugar de la Natividad, el poblado de Belén.

Las alegres posadas culminaban el 23 de diciembre y en las casas donde se celebraban había música religiosa ejecutada por guitarristas que acompañaban a los cantantes familiares, se servían bocadillos propios de la temporada, ponche de piña con su piquete de aguardiente y café.

Llegaba la Nochebuena, el 24 de diciembre, se abrían los grandes nacimientos populares entre los que recordamos a los de la familia Membreño Zúñiga en la tercera avenida de Comayagüela, el doña María Lagos en el barrio El Guanacaste, el de Chindita Jiménez, tradición que continua manteniendo su hijo el Arq. Fernando Martínez (foto 5), el de doña Amalia de Gallardo en el Callejón de los Casco, el de la familia Raudales, el de doña Berta Pavón, la familia Pineda en la subida de Casamata, doña Vera de Molina en la Guadalupe, el de las iglesias Catedral, La Merced, Los Dolores y la Inmaculada Concepción.

5 El arquitecto Fernando Martínez mantiene la tradición de su inolvidable madre.

Por la noche las reuniones en familia servían para el intercambio de regalos y alegrar a los niños con los juguetes que bajo los árboles, ramas de pino que vendían en el atrio de la Catedral (foto 6) y en los mercados capitalinos. Se quemaba mucha pólvora con los cohetillos y petardos ahora prohibidos por los constantes accidentes. Se esperaba la cena de medianoche para saborear los ricos nacatamales, las deliciosas torrijas, la gallina o el chompipe rellenos, la pierna de cerdo, el rompopo y a las doce de la noche, cuando sonaban las sirenas del Telégrafo y la Planta, los que no asistían a la Misa del Gallo en la Catedral, se confundían en los cálidos abrazos para desearse una feliz Navidad.

El 25, día de guardar, de descanso y a conmemorar el Nacimiento del Niño Dios; desde ese momento a vigilar el pesebre porque surgían los ladrones del Niño y esto producía otra celebración. En la casa donde se encontraba el niño robado, se montaba una fiesta y los gastos corrían por cuenta del ladrón o ladrona.

Se esperaba la llegada del nuevo año y la alegría se trasladaba al 3l de diciembre con las mismas características de la Noche Buena y la Navidad, pero ya sin regalos solo a la espera del primero de enero. Se organizaban para ese propósito las fiestas bailables en centros nocturnos, en sociales como el casino hondureño, El Country Club, el Club Tegucigalpa o grupos de amigos en casas particulares. Había que esperar la Epifanía, el Día de Reyes, el 6 de enero y con ello se despedían las festividades de Navidad y Año Nuevo.

Comenzaba entonces una vieja tradición religiosa que algunas familias capitalinas practicaban y que ha ido desapareciendo, los Santos Peregrinos (foto 7). La tradición de Los Peregrinos consiste en realizar visitas de la Sagrada Familia, José, María y el Niño Jesús, rezar una novena en las casas que lo reciben, cenar y llenar una canastilla de alimentos para la próxima visita y colocar en la alforja de San José una ofrenda monetaria destinada a la iglesia de la jurisdicción eclesiástica.

Los Peregrinos recuerdan la salida de Belén rumbo a Egipto de Jesús y sus padres huyendo de la persecución del Rey Herodes que había ordenado el sacrificio de todos los niños recién nacidos al anunciarse que había llegado a la tierra el Rey de Reyes. Con los peregrinos se ponía punto final a la temporada navideña para arribar a la Epifanía el 6 de enero Día de los Reyes Magos.

Algunas tradiciones se conservan, otras ya desaparecieron, pero la Navidad se resiste a esfumarse cuando vemos la creatividad que despliegan los que mantienen las costumbres de los artísticos nacimientos con sus casitas, replicas de hatos, de lagunas y con la decoración de gallinazos y musgo vendidos por las canasteras en los mercados, además los pesebres en los templos católicos de la ciudad, sumando a ello la decoración de sitios públicos que hacen algunas empresas como el complejo hotelero de Plaza San Martín y este año la alcaldía que ha desplegado en los jardines públicos colorido y profusión de luces que dan un ambiente de fiesta navideña en la ciudad, notorio es en La Leona, el Finlay, el parque Valle, plaza Artigas, parque El Soldado y varias rotondas de la capital.

Al entrar en las vacaciones de fin de año, a nuestros lectores les deseamos Feliz Navidad y un venturoso 2019.

Felicidades…..Hasta el 8 de enero si Dios así lo quiere.

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