LO RANCIO Y LA REFORMA ELECTORAL

MC
/ 13 de diciembre de 2018
/ 12:08 am
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LO RANCIO Y LA REFORMA ELECTORAL

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CON reservada distancia del criterio de la burocracia internacional que traen a aleccionar sobre asuntos de naturaleza política electoral –que en este soberano y pintoresco paisaje debiese ser potestad privativa de los hondureños– pero que, con tristeza, las instituciones en su perpetua necesidad de legitimación se sienten impelidas hasta pedir prestada la confianza afuera. Quién sabe, cualquiera que sea el nacatamal preparado de reformas a las leyes, dándole vuelta de calcetín a las instituciones, si vaya a garantizar patrones de confianza suficiente para que lo vivido en el pasado proceso comicial no vuelva a repetirse. ¿Ustedes creen que con desmembrar el TSE en un pedazo jurisdiccional y otro administrativo vaya a servir como poción milagrosa para evitar las denuncias de fraude, la descalificación a las instituciones, cuando hay estrategia preconcebida para curarse en salud? Si hace años, para despolitizar al TSE, quitaron representantes de los partidos para poner magistrados menos obvios, y eso con el tiempo lo denigraron.

Ahora –como las campanas hoy repican y mañana doblan– quieren regresar a lo mismo; representantes de los partidos en el TSE, precisamente lo que desecharon entonces dizque porque la politización impedía la neutralidad. Lo dicho hasta ahora no es con ánimo de menoscabar sugerencia alguna. Sin embargo, la óptica con que analizan la génesis del conflicto es desacertada. No es allí, en la apariencia, donde está el problema, sino en la raíz. En la naturaleza y el comportamiento de los políticos, que es por donde debe comenzar la labor de terapia, para enderezar cualquier cosa que ocupe corrección. Eso de fotocopiar leyes de otras idiosincrasias nada resuelve. Lo más reciente. La tal Ley de Política Limpia no evitó el magreo de dineros mal habido en el financiamiento de campañas, ya que esos no emiten cheques ni dejan rastro. Solo impidió que los empresarios y contribuyentes legítimos aportaran a los grupos opositores para no quedar marcados en los listados sujetos a investigación –salvo los que se financian de afuera– estimulando que la campaña fuese sosa e inservible. El amable público acabó votando por los pálpitos sin que haya sido debidamente informado de planes de gobierno o de propuestas serias de los contendientes. No hubo recursos para ello. Pero esa ley la alaban, como medalla en la solapa, de cómo asisten los entes hemisféricos. Con perdón del ilustrado criterio de los expertos que recibimos de todos lados, pero nada se arregla si no hay voluntad de arreglo en la clase política. Cualquiera que sea la ley prestada que le encasqueten al país.

Lo rancio es lo que no han querido enfrentar. Ejemplo. Cuando los exploradores de la ONU llegaron a lidiar con las especies selváticas que creyeron poder domesticar –dicho sea de paso, invitados por todos ellos– se fueron decepcionados. Algunos ni siquiera los recibieron pese a haberles girado fina cartulina de invitación. Regresaron a su sede renegando que aquí no encontraban voluntad de dialogar. Atinaron en el diagnóstico. Sin embargo, por presiones de la comunidad internacional que disfruta de la injerencia en las cuestiones domésticas, a regañadientes se sentaron a ensayar pláticas –no viéndose las caras ya que ni ello tenían ganas de hacer– sino por medio de emisarios. Afanosos en el manoseo, insistieron que les mandaran mediadores extranjeros con facultades vinculantes. Nadie quiso venir –ni los que salieron bastante desacreditados de su gestión gubernamental allá en sus propios países– así que la tarea de acercamiento y moderación, recayó en el paciente chileno del PNUD y en los buenos oficios de un embajador conciliador. Año después del conflicto, persisten en el desacuerdo como lo fue en un inicio. Si no les dan todo, es nada. Y los consensos de las 4 mesas temáticas –moderadas por gente que envió la ONU– se desprecian por los tres o cuatro temas del disenso. ¿Qué pensará la comunidad internacional de la clase política a la que tienen sentada un año para terminar en lo mismo? Pues quizás, que por lo menos se sentaron. (Aunque por interpósita correspondencia, ya que nunca se vieron las caras).

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