Padre Juan Antonio Hernández, vicario de la Basílica de Suyapa

MC
/ 15 de diciembre de 2018
/ 01:30 am
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Después de un año tormentoso en todos los niveles, ha llegado el momento de una tregua para la paz y el amor. Hay que renovar la fe y la esperanza, compartir con los más necesitados y sobre todo evitar el consumismo de la temporada. El consejo viene del joven vicario de la Basílica de Suyapa, Juan Antonio Hernández, un excortador de café que descubrió su vocación justo después de cursar el bachillerato, influido por tres sacerdotes olanchanos, uno de ellos radical y revolucionario.

¿Cuándo descubre su vocación?

Cuando estaba estudiando el bachillerato en Juticalpa. Entonces, me comencé a llevar con tres sacerdotes, que son como referentes de vida: El padre Henry Ruiz, párroco de Juticalpa en aquel entonces; el padre Andrés Tamayo, párroco de Salamá y el padre Alberto Gaucí, párroco de la iglesia aledaña al colegio donde estudiaba.

¿Tenía otros planes?

Como todos en la vida, tenía otros planes: Me gustaba la carrera del magisterio, quería ser abogado y me gustaba la política.

¿No se le pegó lo revolucionario del padre Tamayo?

Recuerdo que participé con él en dos marchas por la vida. Creo que era un hombre de profunda conciencia social y creo que marcó, en cierto sentido, el pensar de estos pueblos del norte de Olancho.

¿Compartía su lucha?

En cierto sentido, influyó por ese ideal de él de estar a favor de los desprotegidos. Su lucha a favor del medio ambiente marcó un hito en Olancho. En ese tiempo, el cuidado del medio ambiente no estaba tan palpable en Olancho.

¿Los sacerdotes deben tomarse a pecho algunas causas, como lo hizo Tamayo?

Creo que como sacerdotes estamos llamados a involucrarnos para favorecer a los que sufren. Es una frase del papa Francisco en el sentido que la iglesia no está a favor de nadie, pero sí tiene la misión de estar a favor de los que sufren, especialmente, los pobres. Y creo que si la iglesia deja ese ideal, que es el mismo de Cristo, pierde el origen de su misión.

¿Cuántos años de sacerdocio?

El 20 de diciembre cumplo cuatro años de sacerdocio.

Dada su juventud ¿Siente ser parte de una nueva generación?

Cada acontecimiento que pasa nos llama a renovar profundamente la vida, no solo en el ministerio sacerdotal, creo que nos llama a un ideal nuevo. Si no hay renovación, aparecen las crisis, y lo más fácil es huir.

¿Cómo liderar en medio de la crisis del país?

Hay que incidir en la mentalidad de la persona, un cambio de mentalidad, y creo que si como sacerdote no somos capaces de incidir en ese cambio de mentalidad, muy difícil se podrá incidir en los cambios sociales. Y ese cambio de mentalidad es un cambio de generaciones.

¿Esos cambios deben llegar a la jerarquía de la Iglesia?

Ya lo dijo el papa Francisco y lo recalcó la conferencia Episcopal en Aparecida: Conversión pastoral y el Papa lo ha dicho constantemente, la iglesia no es una aduana donde se dan servicios, la iglesia tiene que ser una familia, y la conversión pastoral incluye en primer momento a la jerarquía en quienes tenemos a cargo o una función.

¿Desde adentro?

Las grandes transformaciones de las instituciones siempre nacen adentro, nunca de afuera. Claro, los aspectos de afuera motivan pero no son determinantes. Si no llegamos a una transformación de todo el interior de la iglesia es imposible dar frutos hacia afuera.

¿Cómo mira la situación de país?

La realidad política, económica y social es oscura, pero cuando la historia ha estado en manos de quienes no saben gobernar, o no saben dirigir los destinos de sus pueblos, incluyendo la propia iglesia, se ha demostrado que quien guía la historia siempre es Dios.

¿Y los que gobiernan?

Claro, el mensaje sería que todos los que estamos detrás de una institución, o los que están al frente del gobierno deben poner la mirada en el ser humano y el bien común, la justicia y la paz. Creo que si no se miran estos valores creo que siempre estaremos atropellando a las personas. La Navidad es un punto para volver la mirada al ser humano.

¿Cuántas misas diarias oficia?

Una diaria y el domingo más de una, además de las confesiones todo el día.

¿Qué percibe en la gente en esas misas y confesiones?

Creo que hay desilusión, especialmente en los proyectos políticos y laborales, hay una especie de frustración de las personas, pero al mismo tiempo hay confianza en ellos mismos de la mano de Dios.

¿Hay jóvenes en los seminarios?

Sí, este año tenemos 134 jóvenes son los números en los que se ha sostenido.

¿Por qué hay pocas vocaciones sacerdotales?

Creo que hay un aspecto muy esencial: En nuestras familias no se motiva al joven porque muchas veces las familias piensan en función de lo que ganan o van a dejar de ganar.

¿Se le ocurría en el colegio ser sacerdote?

Nunca me imaginé. Creo que eso pasa cuando te encuentras con personas que están convencidas, atraídos por un ideal como fue mi caso con Tamayo, Gucí y Henry.

¿Es difícil dejar todo por seguir a Cristo, como dice la Biblia?

Mire, lo que pasa es que siempre vemos la vida en término de pérdidas, cuando un joven piensa en ir al Seminario sus padres piensan en lo que deja de ganar porque estaba valorando la vida con aspectos cotidianos, como tener una familia, profesionalmente exitoso, pero la vida del sacerdocio implica estar fuera de ese tipo de rasgos culturales en lo que todo se mira como pérdida.

¿Se ha encontrado con sus exnovias?

Sí, pero ya me las encuentro casadas y con hijos. En realidad me encuentro no solo con exnovias sino como excompañeros y me motiva cuando me expresa su admiración por la capacidad de luchar, perseverar y permanecer en la vocación.

A los jóvenes que ahorita están pensando en ir al Seminario ¿Qué les aconseja?

Que no tengan miedo a eso que les calienta el corazón, porque a veces se le tiene miedo a ese fuego que sientes en tu interior aunque eso implique tener que caer en profundo desconocimiento del futuro.

¿Aunque haya líderes de la Iglesia acusados de homosexuales y pederastas?

Eso solo nos dice algo, que dentro de estas opciones de vida, hay personas que se han equivocado de un ideal, no han respondido a la voz que los motivaba o no fueron fieles consigo mismo. Creo que a mí no me tiene que desmotivar la infidelidad de otro. Creo que me tiene que preocupar la fidelidad de mí mismo.

¿Cómo mira el rumbo de la juventud?

Creo que uno de los aspectos de la juventud, no digo todos, es que son movidos por aspectos superficiales, una ola de redes sociales, el programa de televisión, se mueven por aspectos eufóricos y pasajeros. Veo una juventud sin cuestionarse, veo jóvenes conformistas y eso es un pecado.

Y agréguele drogas, sexo y alcohol desenfrenado…

Toda la sociedad está inmersa en este tipo de propuestas y ahí es cuando la familia debe incidir; debe hacer que el joven se cuestione hacia dónde lo lleva ese tipo de vida, por qué se deja llevar por el ciclón de la vida, sin ningún control, una marioneta de su propia vida.

Hablando de ciclón, ¿Olimpia o Motagua?

Me ha gustado el Olimpia, siempre.

¿Jugó fútbol?

Sí, cuando estudiaba en el Seminario Mayor teníamos equipo de fútbol.

¿Cuál era su puesto?

Portero.

¿Coladera?

No, para nada, a veces, llegaba el Olimpia o Motagua a jugar al Seminario y varias veces les hice buenas tapadas.

¿Fiestero?

No, fíjese.

¿Y cervecitas heladas, como decía aquel político?

Algunas, pero con moderación, entre los amigos.

En este tiempo de Adviento y Navidad ¿Cuál es su mensaje para la gente?

Estamos en un tiempo para saber qué esperamos de nuestras vidas, pero la clave es saber cuáles son las cosas esenciales y lo esencial, por encima de muchas cosas, es tener como alimento a Dios.

Ropa, comidas, fiestas, en fin ¿cómo frenar el consumismo de la temporada?

Ciertamente, es la época en que la gente vive una rapidez constante, le dan el aguinaldo y lo gasta rápido. Yo les diría que tengan calma porque cuando el ser humano cae en esa rapidez es bruto y no piensa. No todo es consumismo y materialismo.

¿Hay otras opciones para vivir esta Navidad?

Lo esencial no es lo que vamos a comer o vamos a vestir, hay que ir más allá de ese vestido, por ejemplo, pensar en cómo preparar mi corazón, con cuántos de mi familia me hablo, dejar el rencor, es un tiempo para establecer relaciones familiares.

¿Qué tiene la Iglesia para estos tiempos?

La liturgia de este tiempo contiene lecturas de esperanza, reconciliación y paz. Hay un texto bonito en el Antiguo Testamento sobre el ideal que quiere Dios: Que el cordero sea capaz de pastar con el león y el niño sea capaz de meter la mano en la boca de la serpiente, ese es el ideal de Dios en estos tiempos, que podamos tener armonía con nuestro prójimo a pesar de nuestras diferencias.

Para los feligreses de Suyapa ¿qué habrá?

El 24 de diciembre estarán los horarios de misas normales y tiempo de confesión y reconciliación. El 25 de diciembre a las 3:00 de la tarde tendremos un concierto navideño organizado por la Banda Filarmónica Nacional y espacios para el reencuentro de las familias.

¿Hay esperanzas que el país recupere la paz?

No pierdo la esperanza de que nuestros líderes políticos sean capaces de deponer sus intereses partidistas y poner el ideal, no tanto en lo que puede lograr nuestro partido, sino nuestro ideal de nación. Deseo que nuestros líderes políticos no piensen en la avaricia, ganas de llenar sus propios intereses.

¿Y para los miles y miles de necesitados que no tienen nada que llevar a su mesa en esta Navidad?

El mensaje no es tanto para ellos, sino, para aquellas personas que tienen la oportunidad de compartir, que no se queden estacionadas en sus propias celebraciones, que celebren con otros, especialmente, aquellos que tienen para comer un nacatamal o unas rosquillas con miel. La Navidad es una oportunidad para desbordar en solidaridad, amor y caridad, y para que este mundo, que a veces es como un desierto, sea como un jardín fresco.

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