PRENSA LIBRE Y LA RESISTENCIA

MC
/ 17 de diciembre de 2018
/ 12:29 am
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PRENSA LIBRE Y LA RESISTENCIA

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A propósito del fallecimiento en Honduras de una de las figuras emblemáticas en la lucha por la libre emisión del pensamiento. La ironía es que en muchas democracias, los bocas abiertas no aprecian el valor de la prensa libre hasta que se pierde. Mientras existe, si bien favorece el apacible sistema de vida que descansa en las libertades individuales y colectivas, es blanco de inconsecuencias de un puñado de obcecados intolerantes a pareceres contrarios a los suyos. Son, vaya paradoja, la antítesis de lo que dicen defender. Ninguna mentalidad autocrática entiende que la función del medio de comunicación en la sociedad es ofrecer un equilibrio de la información y pluralidad de criterios. Quieren que el medio refleje lo que ellos piensan. Un ambiente más envenenado se experimenta en los campos de la política. Si a uno de esos políticos intoxicados de rencor –contra sus adversarios, el sistema, o lo que sea que instiga su desdichada frustración– no le dan el espacio que piensa merecer por cada majadería que profiere o disparate que se le antoja, se la desquita con la prensa.

Intuye que la culpa es de la prensa –no suya– por la indiferencia del universo, salvo su reducido bando de sectarios, con su amargo proceder y la escasa audiencia que esa agria forma de comunicarse atrae. Cuando la realidad es otra. El pueblo que pasa saturado de tristezas lo menos que quiere es que lo atiborren de más amargura. La gente lo que quiere es que le ofrezcan esperanzadora salida a su dura realidad, con rostro alegre no con caras empurradas. Las dictaduras –igual las personas de inclinación fascista– no ignoran que la palabra libremente expresada es su pesadilla recurrente más aterradora. Tienen que acallarla o someterla a su dogmática estrechez. Brotan los ejemplos en la vecindad. Como espejos para mirarse reflexivamente en esta época navideña, a modo de no embrocarse a peligrosos abismos. Así comienzan y en eso acaban los absolutismos. Un respetado periódico resume de esta forma el proceder arbitrario de los déspotas contra la libertad de expresión: “Medios demandados por publicar la verdad, periódicos hostigados hasta que dejan de salir a la calle y periodistas encarcelados por fotografiar al gobernante”. “Estas son las últimas semblanzas de la sistemática destrucción de la libertad de prensa en Venezuela, derecho civil que entra en una etapa terminal en la medida en que se consolida la dictadura bolivariana”.

“En el centro de la ofensiva contra los medios se encontraba El Nacional, diario que esta semana puso fin a 75 años de ediciones ininterrumpidas, cayendo víctima finalmente del cerco gubernamental”. La asfixia fue gradual, de acoso en un inicio y en la medida que el diario no se sometía, con medidas económicas y coercitivas le impidieron la importación de papel. Igual hicieron con otros rotativos, radioemisoras, canales de televisión que no fuesen adictos al oficialismo. Con escritores, periodistas e intelectuales críticos al régimen. El control oficial de la prensa, con su aparato masivo de propaganda –instituido para insensibilizar a la opinión pública– ha producido unilateralidad en la información sustituyendo la diversidad de noticias y de opiniones antes trasmitidas por medios de difusión independientes. Algo parecido sucede en Nicaragua. Un allanamiento confiscatorio del régimen sandinista acaban de denunciar los propietarios del grupo de medios dirigido por los Chamorro. Bajo ataque, los medios convencionales baluartes de la libertad de expresión. Esa, en la democracia, es la primera línea de la resistencia en defensa de todas las otras libertades y derechos ciudadanos.

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