La clase ociosa

MC
/ 21 de diciembre de 2018
/ 01:15 am
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Por Carlos Gilberto Sandoval

El ocio en sí, no es una utopía sino una realidad tangible, que surge de no hacer nada en absoluto.

La clase ociosa desde tiempos inmemoriales está cifrada en la clase pudiente, cuya actitud de algunos multimillonarios, es no saber qué hacer con su dinero y, en vez de fundar obras benéficas para atenuar un poco la pobreza de los pueblos, lo utilizan para gastarlo ostensiblemente.

Thorstein Veblen que naciera en Wisconsin, Estados Unidos y falleciera en 1929, dejó escrita una obra literaria denominada “Teoría de la clase ociosa”, que descubre y define el extraño deber de gastar dinero en forma ostensible. Así se vive en barrios y colonias selectas de las grandes ciudades, por la forma de ser lugares más caros. Picasso el gran pintor español del siglo pasado, fijaba sumas elevadas por sus cuadros, no por codicia, sino para no defraudar a sus compradores, cuyo propósito era demostrar que podían comprar una pintura que llevara la firma del gran pintor.

Si un ejecutivo millonario no tenía tiempo para el gasto ostensible del dinero, no había problemas, su mujer y sus hijos lo hacían por él, con lo que demostraba poder y autosuficiencia.

Este es un fenómeno que reviste gravedad, salvo los pobres de solemnidad o menesterosos, todas las personas fingen pertenecer a esa clase.

Las ciudades caóticas generan en su vientre la alineación y la desventura de existir en un famélico y desequilibrado tercer mundo, que urge de gobiernos y clases ricas que atenúen la miseria de esas metrópolis anonadantes, colmadas de neurosis porque no tienen nada y de las que inútilmente tienen todo; estas últimas son gentes despersonalizadas, sin brújula que los guíe hacia el camino de la rectificación.

Si no se rectifica vendrán tarde o temprano días y años de turbulencias sociales y borrascas contemporáneas.

Decía Borges: “De chico, he conocido familias que durante los meses calurosos del verano vivían escondidos para que la gente creyera que veraneaban en una hipotética estancia o en la ciudad de Montevideo.

Una señora me confió su intención de adornar el “hall” de su casa con un cuadro de un pintor famoso”.

Aquí en nuestra Honduras, los pocos multimillonarios y algunos altos funcionarios del gobierno, lo que hacen es, irse de vacaciones a París, Madrid, Londres, Roma, etc. con toda su familia, sin acordarse de la inmensa pobreza que subyuga al pueblo que vive y se mueve entre la añoranza del paraíso y la tierra de promisión nunca alcanzada.

Aquellos vacacionistas son representantes de la inteligencia prófuga que rehúye el compromiso con el pueblo.

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