Cronologistas hondureños

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/ 23 de diciembre de 2018
/ 12:34 am
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Por: Segisfredo Infante

Al hablar de los primeros historiadores hondureños modernos, estaríamos obligados a comenzar con el padre Antonio R. Vallejo y don Rómulo E. Durón. El primero por la modernidad estadística incluida en sus investigaciones de archivo. Y el segundo por los intentos de cronologizar algunos datos de la historia catracha, siguiendo las pautas del positivismo que en el último cuarto del siglo diecinueve se había puesto en boga. No me gustaría dejar por fuera las biografías historiográficas de Ramón Rosa. Sin embargo, el principal ideólogo de la reforma liberal-positivista hondureña, amén de ser un excelente estadista, poseía los sesgos de su propia ideología, y carecía de investigaciones archivísticas rigurosas. Un ejemplo de lo anterior es la biografía inocente, pero excesivamente sesgada, prejuiciosa e injusta, que Rosa redactó sobre la vida y la obra de José Cecilio Díaz del Valle, por carecer de los métodos e instrumentos apropiados de la historiografía europea, realmente moderna. Por suerte, las pocas investigaciones equilibradas que se han realizado en los últimos setenta años, han instalado en un satisfactorio pedestal al sabio Valle.

Durante la primera mitad del siglo veinte, el principal bibliógrafo y cronologista hondureño es, sin lugar a dudas, Rafael Heliodoro Valle. “Cronologista” en el sentido estricto del concepto. Pues “Don Heliodoro” escribió y publicó varias bibliografías y cronologías sobre la vida cultural catracha, como el aparecimiento y desarrollo de la imprenta y del periodismo en Honduras. Poco después de los textos anteriores sería injusto olvidar los aportes bibliográficos de Miguel Ángel García, tanto en el capítulo hondureño como en el salvadoreño, que siguen siendo comparativamente desconocidos. En materia bibliográfica anual continuaron aquella labor Jorge Fidel Durón, Mario R. Argueta y “Karlita” Herrera, a veces con algunas pequeñas e involuntarias lagunas.

Pero el cronologista más apasionado y detallista de todos, fue Ramón Oquelí Garay, quien se entregó incluso a la tarea de actualizar los datos de Heliodoro Valle y del escritor y diplomático español Luis Mariñas Otero. Ramón Oquelí publicó algunos libros y opúsculos con títulos extraños como: “1862” (para referirse a un solo año del gobierno de Santos Guardiola); “El primer año de Bográn” y el “Centenario de Irisarri”. A la par habría que recordar su cronología política publicada por entregas en la “Revista de Economía” de la UNAH. También le gustaba agrupar a los escritores y personajes hondureños por generaciones, según las fechas de nacimiento, a partir del concepto generacional de Ortega y Gasset. El ejemplo más recordado es el folletito “Los hondureños y las ideas”, publicado por la vieja Editorial de la UNAH, en diciembre de 1985, hace treinta y tres años.

En vida de Oquelí hubo por lo menos un seguidor de su cronologismo. Me refiero al abogado Hostilio Lobo h. (más conocido en Catacamas como “Tilito” u “Hostilito”). Este malogrado hombre de letras publicaba tres o cuatro artículos cronológicos anuales en las páginas de opinión de LA TRIBUNA. Lastimosamente dejó de hacerlo a partir de cierto momento, por motivos que por ahora sería ocioso mencionar en este espacio. Después del fallecimiento de Ramón Oquelí Garay, el método del cronologismo histórico lo ha ejercido con alguna devoción el historiador cholutecano Ismael Zepeda, en las páginas del suplemento “Anales Históricos”. Sería aconsejable que Ismael reuniera en un solo volumen todos sus artículos cronológicos, para accesibilidad crítica de futuros investigadores.

Hace unos diez años vino a sumarse al reducido contingente de cronologistas oquelinianos, el poeta y promotor cultural José González, con su importante libro “Cronología de la Literatura Hondureña”, publicado por el Instituto Hondureño de Antropología e Historia, en el mes de diciembre del año 2008. González incluye a casi todos los escritores hondureños que nacieron o se destacaron a partir del año 1900, hasta llegar al año 1999. Todo el siglo veinte. Es interesante su trabajo de búsqueda meticulosa de los datos y de las fuentes relativas al quehacer intelectual catracho. Ojalá que cada época que vaya transcurriendo en el espacio nacional y regional, aparezcan y reaparezcan investigadores cronológicos más o menos imparciales como Ramón Oquelí y José González, ausentes del consabido espíritu tremendamente sectario y mezquino que embarga todavía a varios escritores de nuestro patio, sean jóvenes o viejos.

En el presente artículo he subrayado, predominantemente, el trabajo ensayístico de los cronologistas, sin olvidar los aportes de los bibliógrafos. Habría que pensar, por aparte, en las contribuciones de los buenos antólogos y comentaristas de nuestro terruño, como Mario Membreño González con su “Diccionario Histórico Biográfico de la Educación Hondureña”. Manuel Salinas Paguada (QEPD) con su “Narrativa Contemporánea de América Central”. Y a Helen Umaña con sus diversos libros sobre narrativa y poesía de Honduras, a cuyos autores les he dedicado sendos artículos. Imagino que en algún futuro lejano tales aportaciones serán calibradas por historiadores imparciales de las ideas.

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