Un merecido homenaje

MC
/ 23 de diciembre de 2018
/ 12:40 am
Síguenos
01234

Más

Por: Dagoberto Espinoza Murra

El sábado 15 de diciembre de 2018 el director de la Academia Hondureña de la Lengua, escritor Juan Ramón Martínez, hizo entrega del premio “Ramón Amaya Amador” al abogado y poeta Miguel Rodrigo Ortega, acto que se llevó a cabo en la residencia del homenajeado, donde acudimos varios miembros de la Academia, y distinguidas personalidades de nuestro mundo cultural: doctor Enrique Aguilar Paz y su hijo David, ingeniero Víctor Sierra Corea y su esposa, declamador Mario Mayo, profesora Nora Midence de Martínez, así como familiares de don Miguel y de su esposa, doña Rubenia.

Al iniciar el acto, el licenciado Juan Ramón Martínez dijo que la Academia había instituido este premio con el nombre de Ramón Amaya Amador para honrar la memoria del prolífico novelista, nacido en Olanchito, ciudad cívica del país, la obra de Amaya Amador, especialmente Prisión Verde, ha sido considerada de gran contenido social por Longino Becerra, autor recientemente fallecido. Y Juan Ramón Martínez dedicó su tiempo y su talento para brindarnos la mejor biografía de su paisano; obra que debería ser objeto de estudio y análisis en todos los centros educativos del país. Este premio, dotado con la cantidad de Lps. 40,000 y un diploma especial, fue otorgado el año pasado al también poeta Pompeyo del Valle. Se trata, en este caso, 2018 de la segunda entrega.

Siguiendo el orden del programa, el historiador Mario Argueta se refirió en términos elogiosos a la obra literaria de don Miguel Ortega, haciendo hincapié en su bien documentado estudio sobre Francisco Morazán, que culminó con la obra Laurel sin ocaso (tres tomos). En forma anecdótica refirió que, aunque siendo hondureño, nació en la ciudad de Guatemala. Pues sus padres huyendo de la dictadura de los 16 años; por eso, circunstancialmente, nació en aquella ciudad. Afortunadamente el cónsul general de Honduras en Guatemala era el abogado Miguel R. Ortega, quien diligentemente inscribió al recién nacido como hijo de padres hondureños.

La segunda razón de este premio –continuó el director de la Academia– es dar a conocer la obra de muchos valores intelectuales hondureños que, por razones diversas, se mantienen en los anaqueles de sus bibliotecas.

El abogado y poeta Livio Ramírez Lozano también elogió la excelente calidad de la producción poética de don Miguel y refirió, emocionado, que desde su juventud guarda en sus memorias un bello soneto del poeta Ortega, lo que demuestra su admiración por la obra del ahora homenajeado.

A mi vez dije conocer al poeta Ortega en su dimensión humana. Pues él me ha permitido visitarlo frecuentemente para abordar temas de literatura, de política nacional y de historia patria. En una ocasión, con cierta petulancia le dije que había asistido a las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente de 1957. Ahí, le dije, escuché a grandes oradoras, defendiendo la tesis de su respectivo partido. Óscar A. Flores (liberal) y Pedro Pineda Madrid (nacionalista), enfrascados en una acalorada discusión se refirieron a dos conocidos autores: Racasens Siches y Giorgio Del Vecchio. El poeta Ortega, sin aspavientos me mostró una carta firmada por el eminente jurista italiano en la que lo felicita por su trabajo de tesis que presentó en Roma cuando hacía sus estudios.

Hay otra faceta interesante del poeta Ortega: su condición de honrado administrador del Instituto Hondureño de Seguridad Social, donde dio muestras de su preocupación por mejorar los servicios de la institución y el ahorro de los recursos de la bienhechora institución.

Construyó, en el Barrio Abajo de la capital un elegante edificio de nueve pisos que ha prestado grandes servicios a la institución. Además dejó terrenos para construir el edificio de La Granja y otro en San Pedro Sula.

Me cuenta el poeta Ortega que para la obtención de esos terrenos anduvo visitando amigos para que le hicieran rebajas, como si se tratara de algo personal. Desafortunadamente en San Pedro Sula no se tomaron en cuenta las recomendaciones dadas oportunamente. El edificio del Barrio Abajo estaba adornado con grandes placas de mármol en sus costados, que, sin saberse por qué fueron quitadas y posiblemente vendidas. Eso habrá que averiguarlo, señala don Miguel.

En lo personal siempre he leído con gran deleite su soneto Saudade. Ya que me recuerda esos desamores tan dolorosos. El segundo cuarteto dice así: “Y cuando evoco su perfil lejano, la misma duda entre mis labios arde: “¿es que fue mi partida muy temprano”, o fue su arribo demasiado tarde?”

El poeta Elvir Rojas, hace unos años, refiriéndose a don Miguel Ortega escribió: “Miguel Rodrigo Ortega es una brillante figura de la literatura nacional, espejo de vocación creadora para los iniciados y los no iniciados”.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América