2018: Honduras estigmatizada y fragmentada

MC
/ 24 de diciembre de 2018
/ 12:05 am
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Por: Marcio Enrique Sierra Mejía

Es el hecho de la reelección lograda a través de un proceso “sui géneris” pero definitivamente efectivo en el marco constitucional vigente lo que causa con mayor intensidad el reforzamiento de la estigmatización y la fragmentación en Honduras. Esta iniciativa de efectos populares contundentes, para unos positivo y para otros negativo, reactivó la efervescencia política de los sectores de oposición, quienes influidos por el activismo de las fuerzas de izquierda, van creando y estimulando la estigmatización no solo de la figura del presidente actual sino que también el de la dinámica gubernativa en general, que se ve dañada sustancialmente por eventos corruptivos en los que aparecen involucrados funcionarios públicos y diputados del Congreso Nacional.

La oposición, con una sistemática, gradual y progresiva campaña explícita de estigmatización ha logrado demeritar al Presidente Juan Orlando y sus acciones prosociales. Todo esto de frente a un marco gerencial público institucional en el que priva una dinámica de “egos fragmentados” sin identidad gubernativa.

Los hechos políticos relevantes de la estigmatización al presidente y su gobierno ya no se limitan al hecho de la reelección mencionada, por el contrario, a todo el sistema político en su conjunto que objetivamente, están aprobando medidas que son estigmatizadas porque “los opuestos” aseguran que no redundan en el mejoramiento del estado vulnerable-institucional; siendo objeto, de una campaña mediática intensamente desfavorable, no obstante que prácticamente la mayoría de ellas, intentan reforzar estrategias de “orientación social de mercado”, porque buscan la inclusión económica y la reducción de la violencia desde una perspectiva multicausal preventiva encaminadas a sanar el tejido social dañado históricamente. Para el caso: la Ley para el Programa Nacional de Crédito Solidario para la Mujer Rural (CREDIMUJER); Crédito Solidario para Microempresarios; Tasa de Seguridad; reformas a la Ley del RAP; Programa para Viviendas Media Social; Programa de Vida Mejor; nueva Ley Orgánica de la Policía Nacional.

Esta serie de medidas y reformas producen en la opinión pública una relativa y débil sensibilidad común que no retroalimentan favorablemente los procesos sociales estigmatizantes. Si observamos la percepción de la población hondureña respecto a las medidas planteadas veremos que, en un gran porcentaje, las opiniones consideran poco efectivas tales acciones prosociales. En la actualidad, los problemas económicos y de seguridad continúan representando el “caldo de cultivo” que alimenta la estigmatización, y que lamentablemente, cobra fuerza debido a la evidente “fragmentación de egos personalistas” que caracteriza a los funcionarios que toman decisiones en la actual estructura institucional porque adolece de la unidad orgánica funcional e identidad visionaria estratégica en su accionar institucional; lo cual, afecta definitivamente las buenas acciones que se están aplicando. Como que en vez de irse generando a nivel institucional y social una suerte de hegemonía progresista, se va asentando una hegemonía conservadora reaccionaria que, ve en la “violencia delictiva”, como la causa central del atraso que estamos enfrentando. Si bien es cierto que a nivel internacional a Honduras lo estigmatizan como un país que es peligroso y rezagado social, cultural y económicamente; somos los mismos hondureños los que promovemos “la Honduras estigmatizada”.

En el 2018 predominó una estrategia política de “rechazo social” sistemática, liderada por fuerzas opositoras claramente antinacionalistas y anti-gobierno, diseñada para demeritar todas las acciones prosociales que impulsa el presidente, incluidas las actuaciones policiales encaminadas a robustecer la prevención como estrategia del Estado. Es una estrategia de oposición que combina tácticas de estigmatización con luchas sociales que cuestionan la fragmentada institucionalidad gubernamental. El supuesto político que orienta dicha estrategia es promover la idea de que tenemos “un gobierno ilegítimo y dictatorial corrupto”. Con ello, buscan desvalorizar la visión de desarrollo de Honduras, basada en principios de la economía social de mercado que, lamentablemente no es considerada como tema icono representativo del progreso que quiere hoy por hoy demostrar el gobierno actual. Por el contrario, cunde un “pánico moral” estimulado por la izquierda y las fuerzas delictivas que estimulan la creencia que el enemigo interno que encarna lo malo y constituye la amenaza principal para lograr ese desarrollo que necesitamos en Honduras, es el presidente y su gobierno.

La estigmatización se produce como consecuencia de la discriminación estructural. La cual, está presente a lo largo del proceso evolutivo de Honduras, y en el que, el estigma es un factor importante en la generación y perpetuación de malas condiciones de vida de los hondureños. Los opositores (confabulación de fuerzas políticas) acusan al Estado de tomar decisiones discriminatorias en los distintos niveles de instituciones públicas y privadas. En consecuencia, el desafío crucial de 2019 es lograr generar una identidad institucional que vaya más allá de los egos que fragmentan el país.

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