Navidad que invita a la reflexión

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/ 24 de diciembre de 2018
/ 12:03 am
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Por: Edmundo Orellana
Catedrático universitario

Es una celebración para disfrutar en familia evocando el nacimiento del Hijo de Dios, degustando las delicias navideñas de la cocina catracha. Es la fecha que reúne a la familia dispersa y permite conocer a sus nuevos miembros, “esos locos bajitos”.

Esta, sin embargo, no será como las anteriores, porque la mayoría de la población sufre las consecuencias de uno de los peores gobiernos de nuestra historia. Muchos que podían comprar en la Navidad pasada, hoy no lo podrán hacer o no lo harán con la holgura del pasado. Los pobres porque son más y más extrema la pobreza extrema; los de la clase media, porque, los que aún lo son, resienten la drástica reducción de sus ingresos y el alto costo de los bienes y servicios; los empresarios, porque, además de ser víctimas de una excesiva carga tributaria, deben producir en circunstancias de inseguridad extrema. La consecuencia inmediata de esta angustiosa situación es que esta Navidad encontrará más niños sin hogar y en la calle, lo que explica el crecimiento de las “maras”. En fin, todos los males han aumentado.

No será una celebración como las anteriores, ciertamente. Las circunstancias son tan excepcionales y envolventes que no hay quien no sufra. Es, pues, la fecha propicia para reflexionar en familia, bajo la advocación del Niño Dios, sobre lo que ocurre y qué hacer. Inspirándose en el Todopoderoso se abrirán, seguramente, espacios de reflexión amplísimos y se ofrecerán elementos de análisis de una riqueza singular para comprender mejor nuestra situación.

No es cualquier cosa la que está en juego. Es nuestro futuro y el de nuestros hijos y nietos. Es imprescindible, entonces, fortalecernos espiritualmente para reflexionar con serenidad sobre nuestro futuro.

Si deciden consultar a sus guías espirituales, eviten hacerlo con aquellos “hombres de Dios” que se ostentan como tales, pese a su evidente condición de “agentes del gobierno”, cuya misión es estimular la mansedumbre frente a los atropellos del poder y exterminar toda expresión de ciudadanía en cada hondureño, para fortalecer el autoritarismo.

Pasen por el filtro de sus valores y principios los análisis y la información que llega a ustedes desde diferentes fuentes actuales. Trasmiten verdades a medias o falsedades, según la posición desde la que emitan la opinión o trasmitan la información. Pero reconocer al mentiroso es fácil. Lo es, si sostiene que la crisis no existe o que no tiene los alcances que usted percibe en la realidad; igualmente, el que ignora la crisis en sus análisis o en sus comunicaciones.

Extraiga lo que usted estime positivo de cuanto escuche de los analistas y de los comunicadores, pero las conclusiones deben ser suyas, no las de ellos; es más, siempre dude de las conclusiones de estos porque, por lo general, son la consecuencia de sus posiciones particulares e interesadas, cuando no son simples ocurrencias. Su percepción de las circunstancias es lo que debe primar en su reflexión para entender lo evidente y para comprender lo complejo escuche a quienes sean confiables, pero lo que digan páselo por su filtro personal.

Son muchas navidades signadas por la angustia desde el golpe de Estado, pero nunca la incertidumbre ha sido tanta como la que envuelve a esta Navidad. Nadie está en capacidad de prever lo que ocurrirá la próxima semana. Y esto no tiene otro nombre que inestabilidad, fuente de males mayores.

No podrá evitar preguntarse: ¿qué debo hacer para contribuir a la solución de la crisis? La respuesta búsquela dialogando con sus amigos, sus correligionarios, pero, fundamentalmente, con su familia. Esta sabrá traducir lo que digan los demás y la percepción que usted tenga de las cosas, porque tendrá la opinión desde todas las perspectivas, del que ya llegó al crepúsculo de su vida, hasta el que apenas se inicia en esta, pasando por el que está experimentándola en su plenitud, todos ellos animados por el espíritu navideño, auspiciado por el nacimiento del Niño Dios, incluidos, a su pesar, los que no creen.

Es una oportunidad única en el año. Disfrute a su familia y no olvide reflexionar con ella sobre la cuestión planteada, porque, cualquiera que sea su actitud, los acontecimientos seguirán su curso, para bien o para mal; que terminen bien, dependerá de la participación de los más sensatos, que terminen mal, será porque se impusieron los exaltados y en el peor de los casos los rabiosos, que, cada día, son más. Usted, distinguido lector, debe escoger a quién apoyar: a los sensatos, a los exaltados o a los rabiosos.

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