Aníbal Delgado Fiallos

MC
/ 27 de diciembre de 2018
/ 12:21 am
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Por Rafael Delgado Elvir
Economista. Catedrático universitario

A veces me doblo pero, nunca me quiebro, fue su respuesta a nuestra pregunta por carta sobre sus ánimos y su disposición de seguir adelante. Eran mediados de los años 80 y desde el extranjero donde cursábamos estudios universitarios con mi hermano, esperábamos inquietos las noticias de nuestro país y de la familia. No eran tiempos fáciles para hacer oposición. Allí estaba mi padre manifestando su debilidad humana pero expresando su voluntad de no renunciar a la misión que debía cumplir.

La cumplió plenamente. Siempre beligerante, pero nunca agrio, opinaba sobre las terribles deficiencias del país, de sus instituciones y de sus líderes. En toda su vida productiva llamó al estudio de los problemas nacionales y a transformar el país. Su mensaje hizo énfasis en formar, para convertir al hondureño en el elemento principal que debía transformar el país. Desarrolló intencionalmente a través de su vida un perfil singular y cada vez más extraño de ver en la degradada política nacional: la del político y académico.

Desde la docencia y la dirección universitaria entendió la tarea fundamental de esta institución para el desarrollo del país; dirigió y acompañó a partir de 1969 y por varias décadas ese proceso de crecimiento y transformación que inició desde lo que era la Facultad de Economía de San Pedro Sula, pasando por el CURN hasta la UNAH-VS de hoy. Dejó plasmado en centenares de artículos de opinión, documentos de partido y algunos libros, su inquietud por la investigación social.

Militó en política desde muy joven. Le correspondió el alto honor de ser parte de la generación que impulsó la autonomía universitaria en los años 50s. Fue miembro del Partido Liberal y formó parte de diferentes alianzas políticas que combatían la dictadura militar después del golpe militar de 1963 y que impulsaban la democratización del país a partir de 1979 y en toda la década de los 80. Quiso ser presidente de este país en 1996 con una propuesta de una amplia reforma social; conducido este proceso por principios fundamentales como la honestidad y la transparencia. Veía como paso fundamental para cambiar al país, adecentar la política y por ello en su campaña propuso transformar al Partido Liberal para cambiar a Honduras. Recuerdo su completa entrega y convencimiento a esa causa. Estacionados a media noche por una falla del automóvil en aquel camino oscuro hacia Tela y viendo pasar la aceitada maquinaria partidista que movilizaban los diputados del candidato Carlos Flores, pregunté sobre el sentido de esa campaña sumamente desigual en recursos. Solamente me contestó: Hijo, vamos a ganar las elecciones! No recuerdo más. Salió el sol y a las cinco de la mañana tomábamos el primer bus que pasó rumbo a San Pedro Sula.

Con una rica trayectoria académica y política transcurrida, le tocó a partir del año 1998 dirigir la política agraria del país desde el Instituto Nacional Agrario. Lo hizo con gran dedicación y satisfacción. No se podía esperar otra cosa. Había pregonado por muchos años la necesidad de reducir la desigualdad en el país, de entregar los recursos del país a los más necesitados. Había llegado entonces la hora de hacerlo. Con gran decisión y sin desplantes salió adelante aportando de manera significativa a reducir las desigualdades en el campo y sobre todo demostrando que los cambios se pueden lograr uniendo y no dividiendo.
Esas son algunas ideas que vienen a mi memoria al cumplirse 5 años de su muerte. Tiempo que ha transcurrido recordando a diario el legado que dejó mi padre Aníbal Delgado a sus familiares, a sus amigos, a la universidad y a la política hondureña.

delgadoelvir@yahoo.com

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