El lugar histórico de cada pueblo

MC
/ 27 de diciembre de 2018
/ 12:16 am
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Por Segisfredo Infante

De entrada pareciera que vamos a ocuparnos del “Marketing de las naciones”, como un tema centrado hacia los puntos fuertes y débiles de los países que desean sobrevivir frente a los embates arrolladores del mercado internacional, hoy por hoy con inocultables políticas proteccionistas frente al discurso ligerísimo de ciertos neoliberales que nunca perciben las burbujas venideras porque todo lo resuelven arqueando las cejas, con sonrisas fingidas a flor de labio. El nuevo proteccionismo aislacionista es real, para bien o para mal, y lo han venido a materializar, en fechas recientes, dos naciones poderosas: Inglaterra y los Estados Unidos del Norte de América, en donde paradójicamente los neoliberales (o neomonetaristas) han parecido comportarse como los campeones del planeta, en materia ideológica y financiera, poseedores del “pensamiento único”, que en fechas anteriores solamente poseían los marxistas en sus versiones más extremas.

No. Los tecnicismos del interesante “Marketing de las naciones” lo dejaremos para después, en tanto que varios lectores acomodados, hoy en día, andan de viaje o mucho más preocupados por digerir los buenos tragos y lo bocadillos exquisitos. No están para lecturas serias en donde ellos y ellas ya manejan anticipadamente las “verdades absolutas” que les enseñaron los repetidores de jergas internacionales que se ponen de moda cada cuatro o cinco años, según sean los vientos que soplen en las metrópolis más poderosas del mundo, sin importar para nada las posibles burbujas económicas que podrían sobrevenir, pues les importan poco menos que un pepino las teorías críticas de las ideas y el pasado histórico de las naciones. Porque pareciera que el futuro de los países ya se lo saben de memoria, anticipadamente, tal como “lo sabían” los viejos marxistas-estalinistas ortodoxos, y los milenaristas apocalípticos. En el fondo se trata de un fuerte problema “teleológico”, por parte de individuos que poco o nada saben de las teorías “teleológicas”.

Por eso quiero limitarme, por ahora, al capítulo marginal (de pie de página) de la posible sobrevivencia espiritual de países frágiles y pequeños como el nuestro, en donde existen y persisten personas interesadas en dañar y desmantelar las instituciones del pequeño Estado capitalista, a veces recurriendo, paradójicamente, incomprensiblemente, a métodos de persecución estalinista, en donde la difamación pública contra el posible adversario (real o ilusorio) se encuentra en un primerísimo lugar. Algún día, ya sea cercano o remoto, los hondureños y extranjeros más lúcidos podrán hacer un recuento de los momentos lúgubres y nefastos en que se pretendía desarticular las instituciones estatales. O las instituciones públicas, como los viejos partidos políticos, que son las vértebras del Estado, tal como puede percibirse en la problemática actual de nuestra admirada Francia (“la libre, la heroica”) en que los bandos de extrema derecha y de extrema izquierda se han unido para acorralar a un presidente, en donde por causa del lenguaje ligerísimo se han fragilizado los viejos partidos  políticos de “centro”. En este contexto se pierde de vista que al destruir tales instituciones, se destruye al país y de destruyen ellos mismos. Pero tal fenómeno es una historia todavía en proceso harto difícil de definir, y de pronosticar.

Lo que importa en este texto y contexto, es que los pueblos adquieren valor nacional e internacional por el aporte espiritual sólido de sus hijos más importantes, aunque en los comienzos sean unos perfectos desconocidos, como los eremitas del desierto. Un país puede llegar a desaparecer geográfica y políticamente. Pero el aporte cerebral, en caso que lo haya, habrá de perdurar en el curso de los siglos. El primer ejemplo que viene a mi memoria es el de los sumerios, cuyas ciudades-Estado se extinguieron o colapsaron en un tiempo comparativamente corto. Pero quedaron los aportes literarios, artísticos, religiosos y matemáticos, que subsisten en la actualidad.

El segundo ejemplo extraordinario es el de Grecia, hoy República Helénica, cuya dimensión geográfica actual es un poquito mayor que la de Honduras. De hecho, en sus tiempos gloriosos (antes de Alejandro Magno), la Grecia continental era tan pequeña como nuestro país, exceptuando la enorme cantidad de pequeñas islas deshabitadas. Pero tanto Grecia como el pequeño pueblo de Israel son la cuna principal de la cultura y civilización occidentales. Grecia, sin embargo, fue invadida y asolada por el Imperio Persa. Después fue absorbida por la República de Roma, con planes expansionistas. Finalmente Grecia se convirtió en la Bizancio ortodoxa y fue asaltada, a sangre y fuego, a mediados del siglo quince de nuestra era, por el Imperio Turco Otomano, que impuso la religión musulmana y convirtió la capital Constantinopla en la actual Istanbul. Pero Grecia, a pesar de todos los trastornos históricos y políticos, continúa siendo Grecia, la patria física y espiritual de Homero, Parménides, Heráclito, Sócrates, Platón, Aristóteles, Tucídides, Euclides y Arquímedes, para sólo traer a colación algunos nombres insignes. En consecuencia viene la pregunta: ¿Qué valores podría aportar Honduras al resto de la humanidad?

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