Reclamaciones diplomáticas

MC
/ 27 de diciembre de 2018
/ 12:24 am
Síguenos
01234

Más

Por Lizzy Flores

Un estado requiere hacer valer sus reclamaciones diplomáticas para tener futuro cierto. De no hacerlas efectivas, es susceptible a condicionamientos, influencias y agendas externas contrapuestas, que pueden impedir el desarrollo de toda la población, y afectar a futuras generaciones.

El cumplimiento de nuestros deberes ciudadanos está consagrado en nuestra Constitución, y la misma dicta en su Artículo 42, numeral 2, que la calidad de ciudadano se pierde por prestar ayuda en contra del Estado de Honduras, a un extranjero o a un gobierno extranjero en cualquier reclamación diplomática o ante un tribunal internacional.

La deslealtad a la patria, es sancionada con la pérdida de ella. Y aunque no se persiga y resulte sentencia condenatoria en tribunal correspondiente, la mancha queda en la conciencia.

Horacio decía: “La conciencia es como un vaso de agua, si no está limpio ensucia todo lo que se eche en él”. Sócrates predicaba: “La buena conciencia es la mejor almohada para dormir”. San Ignacio de Loyola nos recordaba que: “El examen de conciencia es siempre el mejor medio para cuidar el alma”. San Juan Bosco compartía: “Quien tiene paz en su conciencia, lo tiene todo”.

Quienes se prestan a la noble tarea de honrar a la patria, deben contar con fuerza de voluntad, el acervo y la memoria histórica que respalde las reclamaciones. El derecho internacional se rige por la buena fe, que debe primar en la suscripción de acuerdos. Para que se sustenten y rindan efectos, los convenios deben ser beneficiosos para las partes, sin causarles perjuicios a los demás.

Quien incumple o quiebra con su palabra sin mediar nuevo acuerdo, lesiona la confianza en distintos niveles y espacios, convergentes con el ámbito de relación y acción. Dios aplica la justicia divina, y el universo que funciona bajo sus propias leyes, se encarga de propiciar los balances, y de devolver a cada quien lo suyo. Para que mientras habitemos en la tierra recordemos tratar a los demás, como queremos que nos traten. Y no hacer a otros, lo que no queremos que nos hagan.

Las reclamaciones en principio, que se hacen a favor de todo un pueblo, puede que tarden, pero siempre llegan, en el tiempo propicio de su realización.

©2022 La Tribuna - Una voluntad al servicio de la patria. Honduras Centro América