Hoy, hace 70 años

MC
/ 28 de diciembre de 2018
/ 12:51 am
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Por Juan Ramón Martínez

Tres días antes que terminara la era de Carías Andino, un día como hoy, hace 70 años, se constituyó en el antiguo paraninfo de la Universidad Central de Honduras, la Academia Hondureña de la Lengua. La iniciativa fue de Rafael Heliodoro Valle que había anticipado que, con Juan Manuel Gálvez en el Poder Ejecutivo, se iniciaba una nueva era, en que la modernización de la vida cultural, era un imperativo categórico, de cuyo cumplimiento dimanaría el desarrollo nacional. Creía Valle, que el culto al idioma, el fomento de la cultura y la articulación de Honduras con el mundo, eran tres fenómenos que cultivados, constituirían las bases sobre las cuales era inevitable la construcción de la sociedad civil, la reforma del gobierno, la articulación de pueblos y ciudades, la forja de una común identidad y el desarrollo de una nueva clase empresarial, al servicio de un capitalismo moderno y productivo.

La creación de la AHL, fue el primer esfuerzo, para colocar el idioma en el centro de la identidad nacional y convertir en timoneles del comportamiento general del pueblo, a los intelectuales nacionales, afanados en la relectura de las grandes cuestiones que habían orientado a España en la construcción del nuevo mundo. Cuando Valle anima y concluye con la creación de la AHL, Colombia, México y otros países del continente –incluso de Centroamérica– se habían adelantado en el descubrimiento de la identidad centrada en el idioma y en el cuidado y desarrollo de este; el medio único e idóneo para fomentar la comunicación y la fraternidad, así como el acceso a los nuevos conocimientos que el mundo había desarrollado hasta entonces. Y que la mayoría de los hondureños, en la noche obscura del cariato, no habíamos conocido ni siquiera en sus primeras manifestaciones. Rafael Heliodoro Valle, deseaba colocar primero a los intelectuales, cultores de la lengua por medio de la poesía, el cuento, la novela y el ensayo, antes que los “coroneles” que habían dirigido al país, derramando sangre de hondureños, en las homicidas guerras civiles, responsables del atraso del país. En fin, era una suerte de imponer los criterios de la ilustración y la modernidad, antes que el pesimismo, la sospecha y la agresividad, en el esfuerzo por hacer una Honduras mejor.

La lentitud de Honduras en términos culturales, no empezó con Carías Andino. En el siglo XIX, Honduras no pudo mantener la Sociedad Científica y Literaria creada durante la primera modernización que nos trajo la Reforma Liberal. El retraso es tal, que hasta en la Constitución Reformista es que aparece el castellano como lengua oficial. Antes de esa oportunidad, Honduras no tenía lengua oficial, como también, durante una gran parte de la vida republicana tuvo bandera, himno y valores definitorios de la singularidad nacional. Apenas hay que resaltar en esta noche obscura, característica del atraso nacional, que a la RAE, fundada en 1713, solo Marco Aurelio Soto fue miembro correspondiente de la misma, honor que ningún otro gobernante ha ostentado jamás. De consiguiente, no fue sino hasta en ese período, que se inician los primeros estudios sobre el idioma, iniciados por Vallejo, el que según Víctor Ramos, contestó un folleto escrito por el salvadoreño Berberena.

Desde entonces, muchas cosas han ocurrido. Su primera sede fue arrasada por el Río Grande en el 1998. Ahora tiene un hermoso edificio gracias al apoyo del presidente Carlos Flores que, en el cumplimiento de sus obligaciones, entregó en comodato el edificio donde antes funcionó, en el Centro Histórico, el Ministerio de Trabajo, durante la gestión de Villeda Morales. La Cooperación Española, proporcionó fondos para su restauración, y en el gobierno de Villeda Morales, Honduras suscribió el Tratado de Bogotá, ratificado en 1962 por el Congreso Nacional, en el que el régimen reconoce que la AHL, es una herramienta suya para cumplir sus obligaciones culturales. Pero que solo en el primer gobierno de JOH, se hace concreta, en forma de una asignación presupuestaria que aunque insuficiente, honra con el gesto, lo que puede ser una conducta nueva de parte de los gobernantes que, en la mayoría de los casos, menosprecian los valores culturales, sin los cuales es imposible la forja de la identidad nacional, en la que se asienta la existencia del país.

La tarea es inmensa. La AHL lo sabe. Está preparada para seguir avanzando.

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