Reflexiones

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/ 28 de diciembre de 2018
/ 12:10 am
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Por Lic. Gustavo Adolfo Milla Bermúdez

El hombre nuevo es y debe ser un ser diferente, porque vive hoy una profunda transformación peligrosa por las nuevas formas políticas y en ocasiones, se aleja de su propia tradición democrática. O se refugia en estériles y absurdas dictaduras. O se vuelven hombres con utopías modeladas como verdaderos leviatanes incontrolables para sus propios creadores que se afanan por superarlos, tal es el caso de los dictadores como Maduro en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua y Raúl Castro en Cuba, no hay y ni puede haber progreso en esos países subdesarrollados, desarticulados e invertebrados, donde las contradicciones colapsan con su proceso económico. Por eso mismo, es absurdo pensar que puede haber un desarrollo progresista en favor de la humanidad sin que los “hombres sean individualmente mejores”, y agrego: “es para mí una verdad axiomática que el mundo de mañana o será la supremacía del espíritu o será el caos total por las ambiciones desmedidas de los dictadores que hoy son el sepulcro de sus pueblos.

Ernesto Palacios nos dice en su teoría: no hay posibilidad física ni moral de una política de masas, porque las masas como tales carecen de voluntad activa y solo pueden ser objeto y no sujeto del poder; de tal modo que la traducción realista de expresión sería una política de conductores de masas, es decir, de cesarismo. No puede negarse que esta sea una de las notas características de la actualidad y que el fenómeno se vea facilitado como una nueva técnica social.

El estado americano, que vive hoy dirigido por un gobernante que ignora lo que es la política de estado y aún más en el campo internacional, y aparte de ser un hombre racista con profunda transformación muestra curiosidad peligrosa por sus nuevas formas de ver su política adversa y en ocasiones, se aleja de su propia tradición democrática y se refugia en el muro de su propia ignorancia y con desesperación de un desenfreno social contra los pobres y débiles inmigrantes latinoamericanos.
Señor presidente Donald J. Trump, de todas maneras usted se resiste a las indebidas intromisiones en los Estados Unidos Mexicanos que aniquilan los reconocidos principios de no intervención, soberanía e independencia. El mundo ha cambiado señor Trump lo suficiente para desterrar viejas tácticas y prácticas políticas que, además de inoperantes, son ofensivas de la dignidad internacional.

El estado norteamericano debe resistir los vientos de fronda de las tendencias radicales. Sería un error equiparar el estado liberal tradicional de Locke, Jefferson y de Hamilton, con el estado anglosajón contemporáneo, “que hunde sus raíces en el pasado y se prolonga en el porvenir”.

Pienso y luego existo que ese ideal y esa tradición se hallan en grave peligro aún en América. El socialismo del siglo XXI, amenaza a todas las Américas, esa amenaza no viene de una intoxicación ideológica, no como lo que pasó en Europa.
K. Mannheim, hace esta recomendación que estimo fundamental: “El hombre actual ha de ponerse a la altura de su situación social e histórica para no ser impulsado ciegamente por las fuerzas de su tiempo. Pero tiene que ir hacia la transformación, no ya de sí mismo sino de su pensamiento.

Hagamos un estudio analítico profundo de lo que estamos y estaremos viviendo en los próximos años, la famosa guerra comercial y armamentista en detrimento de nuestras economías que adolecen de todo un proceso de desarrollo para el bienestar colectivo de América Latina.

ga-milla@hotmail.com

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