Pensamiento social católico y la persona humana

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/ 29 de diciembre de 2018
/ 12:01 am
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Por: José Rolando Sarmiento Rosales

Los cimientos del pensamiento social católico son el adecuado entendimiento y valor de la persona humana. En palabras del papa Juan Pablo II, los cimientos de la enseñanza social católica son “la correcta concepción de la persona humana y de su valor único, porque “el hombre… en la tierra es la sola criatura que Dios ha querido por sí misma”. En él ha impreso su imagen y semejanza (cf. Gn. 1: 26), confiriéndole una dignidad incomparable” (Centesimus Annus 11). En un sentido, las enseñanzas sociales de la iglesia articulan las implicaciones éticas de un adecuado entendimiento de la dignidad de la persona.

Los papas adoptaron el concepto de “derechos humanos” para comunicar que todos y cada uno de los seres humanos, como hijos de Dios, tienen ciertas inmunidades contra el daño que puedan infligirnos otras personas y merecen ciertos tipos de tratamiento. En particular, la iglesia ha sido contundente en la defensa del derecho a la vida de todos los seres humanos inocentes desde su concepción hasta la muerte natural. La oposición al aborto y a la eutanasia forman los cimientos necesarios para respetar la dignidad humana en otras áreas tales como la educación, la pobreza y la inmigración.

En base a este derecho fundamental a la vida, los seres humanos también gozan de otros derechos. En este sentido, la iglesia se une al coro de otras voces que proclaman la dignidad de la persona y los derechos fundamentales del hombre. Sin embargo, este consenso aparente oculta desacuerdos muy graves acerca de la naturaleza y el alcance de estos derechos. Una de las áreas más controvertidas en la cultura de nuestros días es el entendimiento de la familia.

La persona humana no es simplemente un individuo, sino que también es miembro de una comunidad. Si no reconocemos el aspecto comunitario caemos en un individualismo radical. Un entendimiento íntegro de la persona considera los aspectos sociales del individuo. La primera consideración social, en orden e importancia, es la familia, la cual es la unidad básica de la sociedad y es anterior y en cierto sentido supera a las demás sociedades en una comunidad. La doctrina social de la iglesia pone acento en la importancia de la familia, en particular en la importancia de promover matrimonios estables que acojan y eduquen a los niños.

La red social más amplia juega un rol importante en la promoción de la familia. En especial, la iglesia habló de un “salario familiar” en virtud del cual un único sostén de la familia pueda mantener a su esposa y a sus hijos. Las condiciones sociales contribuyen ya sea a la estabilización o a la desestabilización de las estructuras familiares. Entre las condiciones sociales que las desestabilizan, podemos encontrar las jornadas de trabajo obligatorias e irracionalmente extensas, una “cultura social” tóxica que denigra la fidelidad, la disolución legal de la definición del matrimonio entre un hombre y una mujer y el cobro excesivo de impuestos.

Según el Génesis, Dios no solo crea al hombre, sino que también lo hace trabajar para que les ponga nombre a los animales y cuide el jardín. Es evidente que Dios no le dio a Adán esta tarea porque estaba muy cansado como para terminar el trabajo. Por el contrario, el trabajo humano no solo participa en el cuidado creativo y providencial de Dios del universo sino que también lo refleja. Incluso antes de la caída, el hombre fue creado para cultivar y mantener el Jardín del Edén, para imitar el trabajo de Dios en la creación a través del trabajo humano. Luego de la caída, el trabajo algunas veces se convierte en una tarea ardua, pero continúa siendo parte de la vocación del hombre que viene de Dios. Un trabajo honesto puede santificarse, ofrecerse a Dios y volverse sagrado a través de las intenciones del trabajador y la excelencia del trabajo realizado.

El Estado debería ser lo más pequeño posible, pero tan grande como sea necesario para cumplir con lo que deba cumplirse, que no pueda cumplirse de otro modo. Además, los trabajadores no son meros obreros o simples medios para la producción de capital en favor de sus dueños, sino que deben ser respetados y se les debe dar la oportunidad de crear sindicatos para asegurarse colectivamente el pago de un salario justo. En el pensamiento católico, el derecho de asociación es un derecho natural del ser humano que en consecuencia antecede a su incorporación en la sociedad política.

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