ESPERANZAS PARA 2019

MC
/ 30 de diciembre de 2018
/ 12:53 am
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ESPERANZAS PARA 2019

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YA estamos a punto de entrar al año 2019, el cual significará una nueva jornada en todos los quehaceres públicos y privados de nuestro conglomerado nacional. Cada nuevo año es una oportunidad de vivencias y posibilidades que se pueden materializar, según los deseos, empeños, proyectos y ejecuciones de los interesados, aun cuando en nuestro país todavía prive la desidia y la mala costumbre de dejar que las cosas naveguen a la deriva, incluyendo la nave del Estado.

Convendría calendarizar, mediante flujogramas flexibles, los eventos buenos y excelentes que se podrían cristalizar en el corto y en el mediano plazos. Decimos lo anterior porque sabemos que existen funcionarios más o menos aislados, en las estructuras públicas y privadas, que disfrutan con la sola idea de amargarles la vida a los ciudadanos indefensos. Inclusive se solazan con el sueño siniestro de ejercer pequeñas venganzas ocultas contra sus propios colegas y amigos, aun cuando se desconozcan sus más hondas motivaciones. Pues todavía estamos lejos de comprender la necesidad de alcanzar objetivos estratégicos que envuelvan los intereses del mayor número de ciudadanos, al margen de las consabidas pedanterías.

“Los hondureños”, se ha repetido durante décadas, “merecemos un destino mejor”, en tanto que ya estamos cansados de los egoístas que solamente piensan en sus mezquinos intereses presentistas. Y es que la vida individual y colectiva en Honduras pareciera una maratón interminable, sin victorias finales, en donde el derecho al descanso físico y espiritual se dibuja y desdibuja como una utopía. Así que cada nuevo año se presenta como una nueva oportunidad de soñar con mejores derroteros para unos y para otros. Por eso al final y al comienzo debiéramos detenernos a meditar serena y profundamente sobre los problemas que hemos logrado resolver, aquellos que dejamos a medio palo, y los retos pendientes de cara al porvenir, en medio de complejidades nacionales y mundiales.

Así como otras naciones que se encontraban en iguales o en peores condiciones que la nuestra, lograron sin embargo salir de sus atascaderos históricos durante el siglo veinte, nosotros debiéramos buscar, a todo trance, el cauce más apropiado en donde puedan coincidir los esfuerzos de las mayorías, en procura de cierta solvencia económica y de un nivel de vida digno de la modernidad. Durante casi doscientos años de vida republicana zigzagueante, hemos ensayado diversas maneras para salir del atraso y la pobreza, con unos resultados escasamente satisfactorios. Hay mucho camino por recorrer, y varios edificios históricos pendientes de construcción, en un sentido simbólico. Quizás debiéramos conjugar acciones minúsculas en cada comunidad, hasta hacerlas crecer a nivel nacional, con una estrella polar más o menos clara, orientadora de nuestro destino comunitario.

Por de pronto tenemos al año 2019 enfrente de nuestras narices. En consecuencia debemos agilizar todas las cosas buenas que sean identificables como tales, siempre y cuando apunten en dirección del bien común y del sentido común, que “es el menos común de todos los sentidos”, según el decir de las culturas pragmáticas. En primera instancia debemos partir del hecho conocido que todos somos hondureños y que por tanto debemos trabajar juntos en la búsqueda de los puntos básicos de coincidencia general. Algunos de esos puntos coincidentes podrían empalmar con la necesidad de crear empleos masivos; con un reordenamiento territorial productivo; con una educación de contenido técnico pero también humanista; y con la defensa de las instituciones que hagan posible el desarrollo democrático y republicano de la nación hondureña.

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