Sin política ni estrategias educativas

MC
/ 31 de diciembre de 2018
/ 12:01 am
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Por: Aldo Romero
Periodista y catedrático universitario

¿De qué depende el éxito en el sistema educativo? ¿Cómo encontrar las bases de una verdadera transformación educativa en el país? Planteadas ambas interrogantes, seguramente la mayoría coincidiremos en factores fundamentales de carácter metodológico, o en el uso de las nuevas tecnologías aplicadas a la enseñanza en las aulas, en la capacitación docente o en la necesidad de una permanente actualización curricular.

Otros dirán que se requiere de una profunda reforma estructural que empiece por brindar soluciones a problemas históricos, como la falta de infraestructura escolar, la reorientación del presupuesto asignado, los bajos salarios docentes, las limitantes de cobertura y hasta el involucramiento directo de los padres de familia.

Si bien es cierto, los elementos anteriormente descritos son urgentes y vitales, para garantizar el correcto funcionamiento del sistema, es necesario que el Estado deje de ver la educación como un eje de interés político en donde cada cierto tiempo y conforme a conveniencias partidarias, también se cambian las estrategias y las normativas, esta politización perjudica a los educandos, a los docentes y al país.

En Honduras, el fracaso de la política educativa agudiza las condiciones de pobreza y desigualdad social de sus habitantes y quien diga que en este sector se han registrado avances sustanciales falta a la verdad, es irrisorio por ejemplo, presumir de 200 días clase y pasar por alto los altos índices de reprobación y deserción escolar, el modelo educativo nacional no responde a las exigencias formativas actuales.

Poco o nada se ha hecho desde la Secretaría de Educación en la consolidación de nuevos métodos de evaluación, en reducir la brecha de reprobación y bajos niveles de aprendizaje en Matemáticas y Español, no hay claridad ni ordenamiento en los procesos de contratación y pagos docentes, tampoco hay interés en mejorar la infraestructura escolar a nivel nacional, en este renglón, es importante señalar que según informes de la propia cartera ministerial, un 33% de los centros educativos del país no cuentan con instalación eléctrica y un porcentaje similar no tiene agua potable.

Sin lugar a dudas, la gran debilidad y quizás la mayor responsabilidad en el fracaso del sistema educativo hondureño pasa por las cabezas que lo dirigen, tras la salida de Marlon Escoto en enero del 2017, tres funcionarios han sido nombrados en el cargo en un período de apenas dos años, clara muestra de la falta de un plan de trabajo definido y de la inexistencia de estrategias adecuadas para la transformación y modernización de la educación.

El desinterés gubernamental es claramente visible, no existe voluntad política para responder a las necesidades educativas de los ciudadanos, el acceso a la educación dista mucho de las exigencias de calidad, en las escuelas y colegios públicos, niñas, niños y jóvenes reciben una enseñanza inadecuada, desfasada y bajo modelos erróneos de gestión.

Despolitizar la educación es urgente, se demanda por tanto de quienes tienen a su cargo la responsabilidad de liderar la política educativa de la nación, que fuera de toda afinidad o compromiso político, sean, o se rodeen de profesionales con amplias credenciales académicas y de comprobada experiencia y éxito profesional en la gestión educativa.

@aldoro/alromeroz@hotmail.com

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