¿SUSPENSIONES EN LA OEA?

MC
/ 31 de diciembre de 2018
/ 12:20 am
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¿SUSPENSIONES EN LA OEA?

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IMPROBABLE que suspendan a Nicaragua de la OEA. Si no han podido hacerlo con Venezuela, sobre la que hay motivos reiterativos para aplicarle la Carta Democrática, desde que anularon los poderes de la Asamblea General controlada por la oposición, que convocaron a la espuria constituyente para perpetuar a Nicolás, a la ristra de informes de todas la comisiones de Derechos Humanos, de los fardos de documentos presentados por el Secretario General –que ahora busca la reelección–menos con el caso nicaragüense. (O podemos estar equivocados, si es que aquí resulta que al perro más flaco se le pegan las pulgas). Allá en el club de presidentes se trata del número de aliados con que cuente un dictador. La influencia venezolana con sus barriles de crudo subsidiado –aunque ya cerró los grifos, por falta de capacidad en el manejo de ese rubro estratégico, cuya comercialización prácticamente la entregó el gobierno a los militares– aún con los pequeños chorritos que entrega, todavía, aunque menguada, compromete el voto de algunos gobiernos.

En estas decisiones que requieren dos terceras partes de los integrantes para aplicar la suspensión, las cosas dependen de los bloques que se forman y de los aliados con que cuentan los gobiernos. En el caso de los socios de la revolución de Siglo XXI, si bien ya hay menos países que giran en esa órbita, todavía son suficientes como para bloquear la suspensión. Antes, en el cono sur, eran más. Brasil con Lula. Argentina con los Kirchner. Ecuador con Corea y, aunque el actual es cuero de la misma correa, se le volteó. Ni hablar de Brasil cuando estuvo Lula –ahora reo– y la destituida Rousseff con el giro que tuvo ahora que llegó Bolsanaro. Chile y Uruguay –con sus moderadas inclinaciones– están alineados al otro lado. México, aún con el pedigrí de AMLO, sigue en luna de miel con su poderoso vecino de la Casa Blanca. Así que tienen que ir a destrabar algunos votos de los países caribeños, sobre los cuales Venezuela y Cuba siguen teniendo palanca, para desencadenar la suspensión. El caso hondureño fue atípico. Sucede cuando en el club la ovejita negra se queda sin huérfana. (No sucede con Nicaragua ya que, aunque pocos, todavía le quedan sus cuantos filiales). Ocurrió en aquellos días cuando Chávez dirigía la orquesta. Allí no ocuparon ni gestiones diplomáticas previas –como manda la Carta Democrática– encaminadas a enderezar la “grave alteración del orden constitucional”, sino que en un decir Jesús convocaron la extraordinaria y arrojaron al gobierno paria al ostracismo.

Paraguay aprendió la lección y cuando tumbaron al cura tunante, por lo menos le dieron chance a la defensa, en un raudo procedimiento abreviado, para no atropellar del todo el debido proceso. Ahora en el caso de Nicolás, aunque no completan los votos para sacudírselo –ahora que los norteamericanos empujan con ganas, ya no tras bambalinas– quizás a lo que lleguen sea a suscribir un listado de los gobiernos que desconocerán la legitimidad de Nicolás y de su reelección. Los partidos opositores –salvo el caso de un tonto útil– no participó en los últimos comicios, así que “no reunieron los estándares mínimos de transparencia e imparcialidad”. Ahora con el comandante sandinista está previsto para el año nuevo. El bloque, aunque reducido, se encargará que la mayoría de los miembros sigan el tortuoso proceso de la Carta Democrática que no sucede, cuando la víctima de las sanciones, se queda sin alma que la defienda.

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