Los liderazgos en Honduras

Los liderazgos en Honduras
MC
/ 13 de marzo de 2019
/ 01:13 am
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Por Jorge Valladares Valladares
Comentarios: vbis68@hotmail.com

Es suficiente ojear un periódico, escuchar los noticieros, ir a un café para darse cuenta que en nuestra sociedad los liderazgos han quedado estancados, petrificados desde el período de transición democrática a inicios de la década de los ochenta, son los mismos líderes sociales, políticos, obreros, empresariales, onegeistas, clericales, académicos, etc. Todos ellos son íconos congelados en el tiempo de las diferentes fuerzas sociales que debieron promover la transformación y el cambio, pero no, representan más bien el estatus quo que nos mantiene como estamos, estancados, en debates pueriles.

La factura de ese inmovilismo social la estamos pagando, los mismos resabios y paradigmas de desarrollo setenteros están vigentes, aún dudamos del resultado de las fórmulas “más educación”, “menos armas”, “defensa de la soberanía”, “protección de la naturaleza”, “inversión en los vulnerables”, “mejores escuelas”, “erradicación de la pobreza”, “más transparencia”, etc. etc. Slogans que solamente han adornado nuestras paredes en símbolo de una “mejor sociedad es posible”. No pudimos constitucionalizar esos reclamos sociales y las consecuencias de ello se pagan en términos de gobernabilidad y desarrollo.
¿Por qué esos liderazgos sindicales, empresariales, políticos, onegeistas no dan paso a nuevos rostros, nuevos pensamientos, nuevos actores? La respuesta corta es por los intereses creados, la forma de vida garantizada que los mantiene “acomodados”.

Lo que no se mueve, muere, dicen por ahí.

Poco se ha escrito y analizado del período post guerra fría en Honduras. La academia se debería dedicar a ello, porque sin duda algo sucedió con los relevos de los diferentes estratos sociales, antes ganados en las luchas en calles, o por convulsiones sociales, pero acá aún en períodos postdesastres naturales o crisis políticas severas, los actores siguen siendo los mismos.

Estamos a unos meses del silbatazo a elecciones internas y luego generales. El escenario más probable es que los dinosaurios de la política resuciten, imponiéndose a una necesaria renovación por parte de los liderazgos juveniles, que podrían empezar a hacer las cosas diferentes. Pero no, acá la costumbre parece ser, que al cacique para renovarlo, solo una vez que descanse en paz, unos metros bajo tierra. De otra forma, “merece seguir gobernando”.

Esa petrificación de los liderazgos sociales en un país tan al rezago del desarrollo, es imperdonable. Necesitamos jóvenes visionarios y prácticos que señalen la utopía, pero la sigan hasta hacerla realidad, que sin titubeos defiendan e institucionalicen las sendas del desarrollo nacional, en donde la educación y salud de calidad sea pública, no aquella onerosa que se vende en clínicas y escuelas privadas, en donde las riquezas que nos pertenecen a todos los hondureños sean conservadas a perpetuidad, tal como el agua, los bosques, nuestro patrimonio histórico y cultural, las empresas públicas, etc., en donde no nos de temor constitucionalizar estos valores. Un giro de timón de 180 grados respecto de los debates actuales.

Eduardo Galeano decía: ¿Para qué sirve la utopía?, respondía, luego de esas pausas en sus diálogos que invitaban a pensar, “la utopía no se alcanza, siempre está en el horizonte, la vemos y anhelamos llegar a ella. Justamente para eso sirve la utopía, para movernos”. No perdamos la esperanza que tal como sueño morazánico, la juventud decida asumir la construcción de una nueva nación. Que al fin de cuentas, será para ellos.

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