Los catedráticos: ¿enseñan o se enseñan?

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/ 9 de julio de 2019
/ 12:44 am
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Los catedráticos: ¿enseñan o se enseñan?
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Por Boris Zelaya Rubí

“Da igual lo mal o buen estudiante que se haya sido, siempre hay algún profesor al que se recuerda con nostalgia y una sonrisa. Más allá de las enseñanzas del programa educativo, lo que evoca la memoria son los valores que inculcaban, la pasión que transmitían en sus clases, la motivación con la que lograron superar el curso y conseguir que sus alumnos les siguiesen. La calidad educativa de estos docentes supera las aulas y marca la vida de las personas con las que se cruzan, en algunos casos, determinando su futuro”.

Es obligación del maestro formar a los estudiantes con los conocimientos científicos, habilidades, actitudes y la creación de conciencia ciudadana, así como la competitividad que les permita ingresar a instituciones de educación superior.

Los maestros desde sus campos de acción o centros de trabajo, pueden aprovechar su cátedra para inducir a los alumnos a formarse como ciudadanos útiles a la sociedad, o a inclinarse hacia determinada ideología (la de su interés), quitándoles la oportunidad de analizar y seleccionar sus propios caminos en la vida social del país; en este último caso ¡están incumpliendo con su labor!

En el Artículo 155 de nuestra Carta Magna se establece la libertad de cátedra, pero hay quienes abusan convirtiéndola en un libertinaje, el cual debe ser sancionado, para evitar que algunos “maistros” transmitan ideas u opiniones abiertamente contrarias a los principios constitucionales, e impedir la preferencia del maestro por los alumnos que integren algún movimiento estudiantil afín a sus intereses (FRU, MEU, FUUD). ¡Tienen que haber límites!

Las universidades han sido el refugio o asilo de exfuncionarios y aspirantes a cargos dentro en la estructura gubernamental. Para esos fines encuentran muy apropiado a sus intereses personales, “enseñarse” en vez de enseñar, es decir, sobresalir ante los perplejos y novatos alumnos, ansiosos por encontrar la verdad en las diferentes ramas del saber, o por lo menos las bases para iniciar su camino hacia el destino que el Gran Arquitecto del Universo le tiene preparado junto a sus aspiraciones. Algunos maestros, quizás la mayoría, tratan de transmitir sus ideas para ganar prosélitos u obtener fama y que con el tiempo sean admirados por los discípulos, cuyos cerebros están sedientos de conocimientos, logrando los malos pedagogos su reclutamiento.

En estos momentos en que los servidores públicos, como maestros de educación primaria y básica, le están enseñando a los niños a quemar llantas y lanzar piedras, es conveniente mencionarles lo que dijo el gran Benito Juárez: ¡El respeto al derecho ajeno es la paz!, ya que están irrespetando la libre locomoción y tranquilidad que merecen los demás, es decir ¡formando vándalos!, cuya instrucción no será la de preparase con ideas para lograr adelantos en cualquier campo de la ciencia, sino obtenerlo todo por medio de la violencia.

Afortunadamente en nuestro tiempo de estudiantes universitarios tuvimos excelentes maestros, miembros o simpatizantes de diferentes partidos políticos, que jamás trataron de inducirnos a formar parte de alguna institución política por medio de sus cátedras, podemos citar al Amado H. Núñez (quién nos inculcó la disciplina del estudio diario), los abogados Francisco Cardona Argüelles, Edmundo Orellana Mercado, Rigoberto Espinal Irías (Q.D.D.G.) José María Díaz Castellanos y otros cuyos nombres se nos escapan por el momento. Hacemos la salvedad del pesar que nos causa no haber sido discípulos del abogado Oswaldo Ramos Soto, de quien siempre nos hemos deleitado con sus acertadas intervenciones públicas.

Los padres de familia tienen que esmerarse más en la educación de sus hijos para que la formación que reciban no los afecte, ni permitan que sus descendientes corran peligros de muerte por incitadores e irresponsables pedagogos, que mantienen en sus gavetas los tenis rojos, las pañoletas o máscaras rojo y negro usadas en las “marchas”, junto a cartelones llenos de consignas revolucionarias descargando así, el odio hacia nuestro sistema de gobierno.

Los maestros de primaria y secundaria deberían aplicar lo dicho por algunos pastores y sacerdotes (humanos con defectos y cualidades) así: Hagan lo que yo digo no lo que yo hago.

De rodillas solo para orar a Dios.

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