Monigotes y tradiciones del año viejo

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/ 3 de enero de 2020
/ 12:06 am
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Monigotes y tradiciones del año viejo

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Por: Lizzy Flores

Se entiende que la anunciada intención de prohibir la quema de monigotes durante la época de Navidad es para evitar quemaduras, emitiendo ciertas ordenanzas donde se censura la venta de muñecos de año viejo, solo que puede ser que se hayan sobrepasado de su mandato y alcance, afectando tradiciones íntimamente ligadas a nuestras raíces.

La quema de monigotes es una tradición antigua en América Latina, que se remonta a varios siglos. La historia señala que en tiempos de la conquista los indígenas elaboraban los muñecos con fisonomía europea, de piel blanca y ojos claros para protestar contra la subyugación y represión de los españoles.

Hoy en día en las celebraciones de noche vieja se ha adaptado y modernizado, donde estos muñecos representan los acontecimientos o personajes más significativos. Puede que los mismos reflejen una protesta o desahogo en relación a los eventos difíciles o trágicos que se vivieron en el año.

Asimismo, simboliza el cierre de un ciclo de vida, con la esperanza de que el nuevo año sea mejor y traiga felicidad y prosperidad. El fuego es parte de un rito que purifica, libera y transforma la materia en cenizas, como parte del ciclo vital en la existencia de los pueblos.

Es parte de un nuevo comienzo, donde triunfa el bien sobre el mal, y la luz sobre la oscuridad.

Existen rituales similares en la quema de una efigie de Judas Iscariote en algunas comunidades cristianas, donde lo cuelgan el Viernes Santo y lo queman la noche del domingo.

Independientemente de donde provenga la práctica de quema de monigotes en Honduras, si es de inspiración nacional o regional, indígena o importada, de corte seglar o religioso, es una faena que se ha repicado tras décadas, legada de generación en generación. En su mayoría es un negocio sustentado por la población más humilde que depende de esos ingresos en esta época especial del año. La autoridad haría bien en regular su producción y venta, en lugar de prohibirla. Y así brindar los apoyos en la verificación de su composición y diseño, así como los mecanismos y las medidas necesarias para que los menores no corran riesgo y sufran quemaduras.

Si nuestros representantes y servidores públicos se comportan de manera más tolerante y humana coadyuvarían de manera significativa a generar un ambiente más generoso y agradable en nuestra sociedad. Mayor consideración de nuestra cultura y comunidad puede asegurar la buena convivencia, reducir la frustración, los malestares y la violencia, y contribuir a años nuevos de paz y armonía.

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