EL FIN

OM
/ 20 de enero de 2020
/ 12:15 am
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EL FIN

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TODO indicaba que los equipos destacados por el gobierno hondureño y el Secretario General de la OEA para trabajar en un borrador de revisión al convenio de la MACCIH, llegarían a un acuerdo que prorrogaría las funciones del ente fiscalizador. Horas antes de conocerse el desenlace –ya que las pláticas se llevaron a cabo bajo el más hermético sigilo– nadie sospechó siquiera en qué acabarían las negociaciones. Así que –si bien se especulaba que, aunque no fuese una prórroga del mismo convenio, a algún tipo de arreglo llegarían con algunas modificaciones– la conclusión cayó en forma sorpresiva. Así anunció la Cancillería hondureña la falta de acuerdo: “El Gobierno de la República lamenta que a pesar de los esfuerzos realizados para que la SG/OEA nos acompañara en la propuesta de construcción de un nuevo sistema integral de transparencia y lucha contra la corrupción e impunidad y fortalecimiento del Estado de Derecho, no alcanzamos los consensos para la firma de un nuevo convenio entre el Estado de Honduras y la Secretaría General de la OEA”.

Justificó la Cancillería –que junto al Ministerio de la Presidencia llevaron la voz cantante en las negociaciones– que “en la construcción de un nuevo convenio es importante considerar elementos como las denuncias de algunos sectores sociales económicos y políticos en Honduras, en las que expresaron sus observaciones y desacuerdos con las actuaciones de algunos funcionarios integrantes de la Misión, que se interpretaron como excesos en sus facultades convencionales, derivando en las denuncias de supuestos afectados, quienes alegan haber sido atropellados en sus derechos y garantías constitucionales, así como la suplantación de las facultades constitucionales y legales e independencia de actuaciones de las instituciones del Estado en lo que tiene que ver con la justicia penal”. (Parte del juicio anterior lo recogía un informe elaborado por el Congreso Nacional que recomendaba no prorrogar las funciones de la MACCIH). Citó además el Ejecutivo no poder ignorar “las observaciones sobre la aplicación y alcances del convenio que dio origen a la Misión hechas por la Corte Suprema de Justicia, a través de la Sala Constitucional, al Poder Legislativo”. Minutos después la Secretaría General de la OEA dio a conocer su percepción: “Lamentablemente, no ha resultado posible alcanzar los acuerdos necesarios para la renovación del mandato de la Misión, razón por la cual la MACCIH finalizará sus funciones el 19 de enero de 2020”. La SG de la OEA “se ve en la obligación de expresar que la finalización de las tareas de la MACCIH en Honduras constituye un hecho negativo en la lucha contra la corrupción y la impunidad en el país”.

Sostiene además que “en el curso de las negociaciones, la delegación de la Secretaría General de la OEA no presentó objeciones a las propuestas recibidas por parte de la delegación del Gobierno de Honduras, en particular en lo relativo al fortalecimiento de las capacidades de las instituciones nacionales en materia de lucha anticorrupción”. Al conocerse que la gestión de la MACCIH llegó a su fin, estalló la ráfaga de reacciones. Jubilosas de quienes apoyaban su terminación como de indignación de quienes abogaban por que se quedara.

Brota otra vez en el debate público el mismo sentimiento de desconfianza que prevalece en la sociedad. De dudas y de sospechas agitadas entre la opinión pública. Ha hecho mella en la colectividad ese argumento repetido que el país no funciona sin acompañamiento de misiones, comisiones y otros entes internacionales manejados desde afuera. De forma tal que la injerencia muchos la aceptan como algo bueno, preferible a confiar en la labor que realizan las instituciones nacionales. Es una lástima que así sea. Pero mientras no cambie esa percepción, dudamos que haya reflexiva superación de los complejos en el inconforme auditorio. Dicho lo anterior. Hay cuestiones conflictivas –como esto de la MACCIH– que polarizan tanto a la sociedad que quizás, por esa sola consideración, lo recomendable hubiese sido que midieran bien los riesgos y las consecuencias de la decisión, antes de tomarla.

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