Agua, agua por doquier y ni una gota para beber

Agua, agua por doquier y ni una gota para beber
ZV
/ 25 de julio de 2020
/ 12:04 am
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Por: Francisco Zepeda Andino
Cnel. (R) FAH

El poeta inglés Samuel Taylor Coleridge escribió su poema “La Rima del Anciano Marinero”, entre 1797-98, y allí describe las andanzas y penurias de un marinero cuando azotado su barco por tormentas, es empujado a sitios remotos. Encontrándose cerca del ecuador terrestre, sin viento que los movilice, en la inmensidad del mar, la sed los angustia y en su desesperación exclama: “agua, agua por doquier y ni una gota para beber”, (water, water everywhere but not a drop to drink). Debemos recordar que en esa época no existían los medios de comunicación como telégrafo, radiocomunicación o los más modernos, para dar aviso o solicitar auxilio.

Si una embarcación zozobraba o quedaba atrapada en una “calma chicha”, frase marinera, significando “mar en absoluta calma”, no había forma de ser rescatados o asistidos y solo la suerte que otra embarcación pasara cerca, los salvaba de sufrimientos o muerte.

En 1976, cuando la Fuerza Aérea Hondureña adquiere aviones jet de combate en Israel, 4 técnicos y un piloto militar llegan a San Pedro Sula para instruirnos a sus pares hondureños en el funcionamiento y mantenimiento adecuado del equipo. Los israelitas no salían de su asombro al ver el caudaloso paso de los ríos Chamelecón y Ulúa por el valle de Sula y nos decían “qué no podríamos hacer nosotros con un río como esos en Israel”.

Los adolescentes capitalinos de mediados del siglo pasado tuvimos el privilegio de vivir nuestra infancia y temprana juventud en una Tegucigalpa libre de criminalidad, drogas, con un clima templado y cuando las ciudades gemelas no llegaban a los 100,000 habitantes, el suministro de agua potable era proveído desde las llamadas “pilas de El Picacho” mediante una tubería superficial hacia el plantel del barrio La Leona. La tubería superficial también servía de distracción para los jóvenes de la época que subían hacia la cresta del cerro utilizando la ruta de la cañería.

El poder abrir la llave del agua todos los días, a cualquier hora y recibir el preciado líquido, fue desapareciendo en forma paulatina con el crecimiento exponencial de la población hasta llegar a los racionamientos extendidos a lo largo del año.

Una parte de la capital todavía depende del abastecimiento de agua potable de El Picacho, que a su vez recibe el mayor caudal del sistema nublado de la montaña La Tigra.

Ignoro la razón por la cual desde hace muchísimos años no se incrementó la capacidad de almacenamiento del agua en el plantel de El Picacho. Cuando llueve en gran cantidad en los alrededores de Tegucigalpa y Comayagüela, salvo lo que se puede retener en las represas La Concepción y Los Laureles, con impotencia podemos observar millones de metros cúbicos de agua lluvia yéndose al cauce del río Choluteca, sin uso alguno para los sedientos capitalinos y nos lleva a recordar al viejo marinero inglés.

En la actualidad, la alcaldía metropolitana viene gestionando la construcción de por lo menos una represa adicional para el abastecimiento del preciado líquido a los más de un millón de habitantes de Tegucigalpa y Comayagüela. Técnicamente no sé si es posible aumentar la capacidad de almacenamiento en las pilas de El Picacho para coadyuvar en el esfuerzo. Nuestro alcalde, Nasry “Tito” Asfura, aparte de la enorme obra física y social llevada a cabo en los últimos años, podrá ser recordado con cariño por los capitalinos al plasmar en realidad una solución al problema del suministro de agua potable al Distrito Central.

¡Adelante señor alcalde!

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