Tiempos de cambios revolucionarios

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/ 8 de agosto de 2020
/ 12:24 am
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Tiempos de cambios revolucionarios
Esperanza para los hondureños

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Por: Héctor A. Martínez
(Sociólogo)

El panorama económico que se vislumbra en Honduras para el año venidero es terriblemente funesto y poco esperanzador. En este momento debemos dejar de lado las estadísticas macroeconómicas que solo sirven para maquillar la realidad, mientras en los hogares, la situación corre muy diferente.

Más allá de las cifras, lo que a la gente le interesa saber es si habrá suficiente oferta de empleo para contar con un buen ingreso y suplir las necesidades alimenticias, de salud y de educación. Necesitamos economía práctica, no de aula. Necesitamos una empresa privada que genere empleos y requerimos de un Estado que facilite la apertura de negocios sin las consabidas trabas burocráticas que, hasta el momento, son un verdadero dolor de cabeza para los emprendedores.

El que viene será un año saturado de política y de promesas que no se cumplirán. Al compás de los mariachis, los candidatos encaramados en una tarima darán por sentado que el sector construcción, la maquila y los “call center” engancharán a miles de jóvenes, o que el sector turismo y la microempresa, absorberán la fuerza de trabajo a una cota del no sé del cuánto por ciento de la población económicamente activa. Para arrancar los aplausos del respetable, al que no le importa -ni entiende- lo que gritan los políticos, esas cifras deberán acercarse al cien por ciento, desde luego.

Fuera de las mentiras, si alguien tratase de convencernos de que Honduras podría gozar de servicios como los del primer mundo, se le tacharía inmediatamente de loco o de “pendejo”, que es la acepción de rechazo más latina que podemos encontrar. Pero, esa posibilidad existe, en principio, si el Estado cambia las reglas del juego y permite que el mercado se juegue de una manera muy diferente a como se han venido haciendo las cosas; un mercado sin complicaciones burocráticas para los emprendedores y sin privilegios proteccionistas para los compadres empresarios. Que los empresarios y compadres dejen de lado el mercantilismo patrocinado desde el Estado, y muestren de qué madera están hechos compitiendo contra la alta calidad de los productos extranjeros.

Queremos verlos produciendo según las ventajas comparativas en sus rubros; que saquen la plata guardada para reinvertirla en la diversificación de bienes y servicios de alto valor agregado. En otras palabras, que se conviertan en verdaderos y agresivos capitalistas que funcionan sin proteccionismos en un mercado verdaderamente libre. Una manera de hacer patria es generando la riqueza con crecimiento sostenido. Para ello habrá que aconsejarle al gobierno y al próximo presidente que ocupará la “silla imperial”, que definan la línea económica a seguir, porque la era del Estado de bienestar, el de los subsidios y exoneraciones, ya no funciona. Lejos de incentivar el mercado, esos “incentivos” empobrecen porque los recursos fiscales que no logra captar el Estado impiden la activación de los programas sociales focalizados hacia los más pobres.

Desgraciadamente, el Estado deberá practicar cierto keynesianismo interventor por un tiempo no mayor de seis meses, patrocinando a los más necesitados, pero equilibrando la economía a través del ahorro y la frugalidad en el gasto institucional. Deberá hacer a un lado el clientelismo político de una vez por todas, mientras la empresa privada comienza todo un proceso revolucionario de competitividad en la zona, diversificación en las exportaciones y una generación masiva de empleos -estables, no temporales-, para un buen porcentaje de la PEA.

Si después de más de cien años de vida republicana seguimos viviendo en la indigencia, entonces hay algo que no funciona: ni el mercado protegido, ni el Estado protector. Es tiempo de probar con un capitalismo más agresivo, es tiempo de un cambio radical en el país.

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