Biden-Harris

Biden-Harris
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/ 20 de agosto de 2020
/ 12:38 am
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Carolina Alduvín
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Por: Carolina Alduvín

Con este encierro, paranoia y búsqueda de algo que todos sabemos dónde fue a dar; parece que se olvida, que el mundo sigue girando y, que es año electoral en los Estados Unidos. Antes del involuntario confinamiento de los últimos meses, todo apuntaba a la reelección del actual presidente, dado que, en su persona, en general, el típico estadounidense racista y xenófobo, está bien representado; con la ventaja adicional que le daba un partido opositor atomizado. Antes de que la pandemia modificara la tradicional forma de hacer campaña política, antes de los pormenores que salieron a la luz durante las comparecencias de Trump ante el Congreso, el partido Demócrata tenía un problema: organizar el debate presidencial entre 20 precandidatos.

Lo resolvieron haciendo dos sesiones, diez aspirantes la primera noche y el resto en la segunda. El momento más memorable, fue en la última, cuando Kamala Harris cuestionó a Joe Biden por oponerse a la disposición federal de integrar en las escuelas a estudiantes de diversos orígenes nacionales mediante el uso de los autobuses y, por lo que ella consideraba un trato demasiado amable a dos senadores segregacionistas. Para entonces, Harris no lideraba las encuestas, pero era percibida como una candidata muy prometedora, la más capaz para reconfigurar la coalición progresista de Obama, entre votantes no blancos y gente joven.

Los conocedores comentaban que Biden encabezaba las encuestas gracias a haber sido vicepresidente, que divagaba mucho y a menudo parecía ser muy lento para moverse. Lo que mejor recuerda el público de aquel debate, es la afirmación de Harris: “esa niñita era yo”, refiriéndose a cómo era transportada cada mañana a una escuela de mayoría blanca. Menos presente, está que Biden, luego de absorber sus ataques, dio un paso atrás, recordando a la audiencia que, a diferencia de Harris, él es un defensor público, mientras que ella una perseguidora (lo que le valió una nutrida ronda de aplausos). Se contuvo, cometido nada fácil, ya que Harris es una asertiva contrincante, aguda y que no da tregua. En subsiguientes debates, ambos se mantuvieron girando en torno al otro, sin atacarse. El choque no pareció haber dejado mala sangre y, la semana pasada Biden anunció que Harris es su compañera de fórmula.

A sus 55 años, tiene una larga y exitosa carrera política; además de talento, preparación y carisma, durante años sostuvo un romance con el líder de la Cámara de Representantes de California y luego alcalde de San Francisco, lo que le abrió muchas puertas y conexiones que, le han proporcionado los recursos necesarios para impulsar su candidatura y victoria como procuradora general de San Francisco. Más adelante, terminó la relación por no verle futuro. Es hija de inmigrantes que se conocieron en la Universidad de California en Berkley, padre jamaiquino y profesor emérito de Economía ahí mismo, madre nacida en la India y doctorada en Endocrinología; tiene una sola hermana, Maya.

Su gestión fue exitosa y controversial; así que compitió y ganó en el nivel estatal en 2011 y reelecta en 2014 como Procuradora General de California. Se casó con otro abogado y es madrastra de sus 2 hijos, no tiene descendencia propia. Obtuvo apoyo de la plana mayor demócrata para competir por un puesto en el Senado; el presidente Obama la consideró para el cargo de procuradora general de la nación, primero y, más adelante para llenar la vacante en la Suprema Corte de Justicia, a la muerte del magistrado Scalia. Harris declinó en ambas posibilidades, declarando su único interés en el Senado.

Biden declaró desde el principio que se haría acompañar de una mujer, se decidió por una no blanca, en vista del recrudecimiento en la violencia racial, a raíz de la muerte de George Floyd. Dada la edad del candidato, los expertos no vislumbran que busque la reelección, por lo que Harris sería el relevo natural en 2024; mientras que la barrera del color ya fue superada por Obama, todo indica que ella derribaría la de género. Además, ella acaba de pasar por el escrutinio público durante su campaña hacia la presidencia; esta, le ha generado invaluable experiencia, dándose a conocer y desplegando simpatía por todo el país. De paso, la misoginia de Trump, le ha valido el mote de “farsante”, típica postura de acosador que denota a quien se siente amenazado por alguien mejor. El binomio demócrata mixto, tiene ventaja coyuntural.

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