OTRA MUESTRA

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ZV
/ 21 de agosto de 2020
/ 12:02 am
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NO halla la OMS qué pito tocar con tanta propagación de noticias falsas, otra pandemia dentro de la pandemia. No en todos lados le hacen las cruces a esta forma malvada de mentirle al público. En Venezuela, el uso de bots, trolls, y otras herramientas digitales ha sido implacable para manipular a la opinión pública en internet. Mientras en otros lugares son los opositores apertrechados quienes dominan el espectro digital, allá es la autocracia tecnificada la que tiene amplia ventaja. La diferencia entre Venezuela y otros países “es el rol central de entes de Estado en la difusión de desinformación, su alta capacidad de coordinación y la sofisticación de sus campañas”, explica una especialista. Ahora bien, enfocándonos al daño de la desinformación en esta crisis sanitaria. La “infodemia”, ha exacerbado los efectos de la peste, con rumores, teorías de conspiración y falsas noticias. Trabajo –si es que la vagancia se interpreta como trabajo– de los zombis haciendo sus diabluras acostumbradas por las redes sociales. Con versiones sobre supuestos remedios que mandaron al panteón a varias almas que cayeron presas de la información manipulada.

Otros miles fueron hospitalizados por aplicarse o beber pociones tóxicas. Los curanderos aliados con las “chatarras de los chats”, hicieron creer a los boca abierta que funcionan como remedio casero. Varios, siguiendo esas indicaciones, se bebieron un frasco de “metanol”, dizque para purificar el organismo y espantar los malos espíritus. Recién la FDA norteamericana envió una alerta sobre la toxicidad de los geles para manos a base de “alcohol metílico o sea alcohol de madera”. La plataforma ciudadana mundial Avaaz, en un reciente informe titulado “El algoritmo de Facebook: Una gran amenaza para la salud pública” denunció que “el algoritmo de Facebook ‘ayudó’ a que redes que difunden desinformación sanitaria lograsen 3,800 millones de visualizaciones estimadas”, y que los esfuerzos de la red social por atajar la información sanitaria “están siendo gravemente socavados por sus propios sistemas”. “El contenido de las principales diez páginas que difunden ese tipo de información falsa logró ‘casi cuatro veces más’ visualizaciones en Facebook que el equivalente de las principales diez páginas de instituciones sanitarias, entre ellas la de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”. Una muestra adicional de cómo funciona el morbo. Lo que se ocupa aplicar para hacer virales las transmisiones por las plataformas digitales. Entre más se miente, más se exagera, más se inventa, más se distorsiona, más se escandaliza el contenido del mensaje, mayor es su difusión.

(Por eso es que –a propósito– los empresarios no pueden vender sus productos o sus servicios por esas redes sociales. A no ser haciendo el ridículo para llamar la atención, o recurriendo a la morbosidad. Los mercadólogos que les recomiendan eso, igual son de ingenuos. No entienden que se trata de mercados distintos, herramientas y métodos de polos opuestos. No hay espectadores para anuncios serios en el estercolero. Malgastan sus recursos metiéndose en los hoyos negros del universo. Allí el auditorio ve el material perturbador, la broma, el chiste, el ataque, pero no se detiene a ver promoción comercial). Así que –con todas y sus fallas, que las hay– volvemos a la mayor efectividad, confiabilidad y veracidad de lo que se transmite por los medios convencionales de comunicación. Volvemos a preguntar. ¿Qué hacen las autoridades del sistema educativo nacional –funcionarios, rectores, maestros– en los centros de enseñanza, en las universidades, los colegios, sobre esta degeneración evidente? A la que se refiere el doctor en filosofía de la comunicación Antonio Fernández Vicente, “Estupidez viral: las redes que atontan”: “Sí es cierto que para el observador atento de la estupidez hay fenómenos regulares de estulticia que se propagan con rapidez en nuestros días”. “La estupidez se vuelve viral y se contagia de forma instantánea”. “Más rápido que nunca y eso es un logro de nuestra querida civilización digital”.

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