El carro de don Tiburcio

El carro de don Tiburcio
ZV
/ 23 de agosto de 2020
/ 12:10 am
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Por: Mario Hernán Ramírez

Destinado a formar parte de las antigüedades del Museo Nacional, el automóvil que usó don Tiburcio Carías Andino, cuando fue presidente de este país, ahora se encuentra en lugar especial del ente responsable, adscrito al Instituto Hondureño de Antropología e Historia.

Este vehículo dicen los conocedores de la época que llegó a tierras de Honduras, allá por 1935, obedeciendo a una regalía del entonces presidente de los Estados Unidos, señor Franklin Delano Roosevelt, que quiso contribuir a la seguridad personal de don Tiburcio, obsequiándole un carro a prueba de balas, es decir, blindado.

Cuando llegó la máquina Packard a Tegucigalpa, Tomás (Kakita) Martínez, fue el encargado de probar la dureza del material blindado del automóvil y fue en el campo La Isla, donde con una ametralladora de gran calibre, disparó una y veinte veces sobre la estructura metálica, sin que las balas lograran penetrar al interior, comprobando así la garantía de que venía revestido el auto.

Pero ahora es una reliquia que ha pasado a formar parte de las cosas viejas, con algo de historia y que, por su construcción, puedan tener algún interés para los curiosos y estudiosos de la historia nacional.

Este carro se encontraba en la casona en donde exhaló el último suspiro el “hombrón de Zambrano”, como lo llamaban adulonamente, sus parciales el 23 de diciembre de 1969, 95 años después de su nacimiento, ya que don Tiburcio había nacido el 15 de marzo de 1874 en la residencia de sus padres ubicada a inmediaciones del mercado Los Dolores.

En un garaje del caserón del barrio La Moncada, el carro se extinguía, como la vida de las personas, pero alguien con ojo de coleccionista, lo rescató, no sabemos si a título personal, o por gestiones oficiales, pero lo cierto es que ahora el armatoste se encuentra a buen recaudo y cuando ya ha cumplido medio siglo de existencia, forma parte de los objetos inservibles, intrínsicamente hablando, porque a decir verdad, el vehículo tiene su propio valor que ya es historia, porque en él el General viajó todos los días hasta su casa campestre de Zambrano, a relajarse mentalmente, después de las arduas tareas del día, en Casa Presidencial.

Dentro de los misterios de la vida se presentan casos y cosas tan insólitas, que llaman a la meditación. Por ejemplo, dándole un poco de matiz político a este asunto del automóvil del expresidente Carías, nadie, en su tiempo, sospechó que algún día ese vehículo iba a penetrar a la mansión residencial de los Lozano Vijil, por cuanto, entre el General Carías y don Julio Lozano hubo un irreconciliable distanciamiento, a raíz del fraccionamiento del Partido Nacional, en 1954, cuando este organismo político se dividió y creó entre sus adeptos un odio infernal que los llevó a incontables duelos a muerte, tanto en la capital como en el interior del país.

Sin embargo, el carro llegó a Villa Roy y allí tiene ya cerca de 10 años de estar guardado, esperando que las generaciones presentes y futuras pasen por el Museo Nacional y admiren su estructura metálica, que es a prueba de balas y que ahora constituye un objeto más, de carácter histórico.

En atención al relato anterior este fue concebido en los años setenta del pasado siglo, por lo que, de esa época a la fecha el automóvil tantas veces mencionado fue objeto de una restauración total durante el gobierno del licenciado Rafael Leonardo Callejas, el que pagó alrededor de un millón de lempiras para su reconstrucción, en la que posiblemente participó algún experto extranjero, independientemente de que hubo necesidad de rehacerle las piezas dañadas por el tiempo, todo eso ocurrió en fábricas o talleres norteamericanos.

El ilustre general Walter López Reyes, excomandante general de la Fuerza Aérea Hondureña y exjefe supremo de las Fuerzas Armadas de nuestro país, es del criterio que esta máquina debe pasar al Museo de Historia Militar, ubicado en las instalaciones del antiguo Cuartel San Francisco, anexo a la iglesia del mismo nombre y frente al Parque Valle en el propio corazón de la capital, ya que don Tiburcio, además de haber sido gobernante de la nación, fue general de brigada con despacho emitido por el Congreso Nacional.

Sin embargo, ignoramos el sitio donde actualmente se encuentra el automóvil, que con las reparaciones ordenadas por el expresidente Callejas Romero, volvió a circular airosamente algunos días por las calles y avenidas de la capital, ante la admiración y asombro de las personas que lograron observar aquella joya eminentemente histórica, pues para entonces ya su vida rondaba los sesenta años, tal como lo dejamos señalado líneas arriba.

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