Yeni Dinora Espinosa: La india “pata rajada” que salió de quebrada chiquita a conquistar España

Yeni Dinora Espinosa: La india “pata rajada” que salió de quebrada chiquita a conquistar España
ZV
/ 23 de agosto de 2020
/ 12:17 am
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Yeni Dinora Espinoza.
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Autor: Luis Alonso Gómez Oyuela
Email:luisgoyuela15@gmail.com

DANLÍ, El Paraíso. Yeni Dinora Espinoza Rodríguez, como ella dice, la india “pata rajada” de Quebrada Chiquita, saltó al otro lado del mar para ir en busca de una vida mejor que aquí no pudo encontrar. Hoy, compartimos las experiencias de su vida en la Península Ibérica.

Yeni, ¿Por qué España? “Viaje a España porque se puede viajar legalmente, con pasaporte en mano y las posibilidades de quedar más tiempo y conseguir residencia, todo depende de cómo te ven y te comportas, la conducta y la seguridad que muestras al ingresar al país te permite actuar con libertad y no andar huyendo de las autoridades migratorias como sucede, por ejemplo en Estados Unidos.

Cuando tomaste la decisión de viajar a España, porque ya habías estado fuera del país: ¿tengo entendido que estuviste varios años en Costa Rica, pero al otro lado del charco, como dicen algunos es otra cosa? “Si estuve varios años trabajando en Costa Rica, no me quejo de mi tiempo allá, siempre me trataron bien, pero yo quería algo más, salir de Centro América, quizá con un espíritu de aventura, pero también de superación, siempre he sido una persona inquieta, loca como dices tú, y yo digo: loca de remate. De hecho, salir del país y dejar atrás la familia, fue una decisión muy dura, dejarlo todo y empezar de cero no es fácil; encierra aspectos sentimentales fuertes; es algo que hay que dejar un poco de lado si vas a cruzar el océano en un viaje quizá sin retorno”.

¿Qué ambiente encontraste al llegar a España? “Imagínate, como en todas las sociedades hay buenos; no tanto, y otros a los que todavía no les cae el 20 que somos humanos y que la esclavitud debería ser parte de un pasado lejano. No puedo decir que encontré un ambiente de hostilidad, pero los europeos no son iguales que los latinos, ellos son fríos e indiferentes, viven sus propias vidas, no es que no tengan sentimientos pero no les interesa quién va o quién viene, así son estas sociedades”.

¿Cómo tratan a los extranjeros? Como digo, aquí, la gente si te ve, no le importa ni pregunta quién eres; sin embargo, debo decir que funcionan bastante bien las recomendaciones. Al principio fue difícil; gaste algún par de zapatos caminando por Madrid, en iglesias, y otros sitios buscando empleo. Repartía volantes hechos a mano en los que me ofrecía para limpieza, cuidar ancianos, niños, mascotas. Si no tienes tu situación migratoria regularizada cuesta mucho encontrar trabajo, afortunadamente, el problema migratorio lo tenía resuelto desde que ingrese al país legalmente”.

¿Ya que habías gastado zapatos y visitado iglesias, supongo no para rezar, encontraste trabajo con facilidad? “Pues no fue sencillo, pero la perseverancia nos conduce por buen camino. Hay empleadores empáticos que te tratan con respeto, otros son groseros. Hay historias de compañeras que te hacen sufrir. No todos tenemos suerte, aunque a veces no es tanto la suerte, sino el empuje y como decimos en Honduras, tenemos que ser conchudos para aguantar, pero hay buenos empleadores, en esa parte no puedo quejarme. Aquí al llegar hay que trabajar encerradas muchas horas, algunas mujeres no salen ni al portal, claro que hay mucha depresión. Los pensamientos suicidas están a la orden del día, abandonas hijos, estás sola aunque la ciudad tenga millones de gente”.

¿Muchos cuando regresan a su país, quieren volver o se olvidan? “Algunos quieren volver, pero cuando recuerdas la situación sociopolítica, económica de Honduras prefieren seguir lejos sin nada ni nadie. En Honduras, por ahora no hay posibilidades de aquella “vida mejor” que te ofrecieron en campaña, esa vida la buscamos todos los que dejamos nuestra patria, con sufrimiento quizá, pero con seguridad que es lo más importante”.

¿Cómo ha sido para ustedes este tiempo de la pandemia, en España ha sido difícil la situación? “Muy difícil y estresante. Algunos fueron despedidos, otros, como es mi caso solo he quedado con 15 horas semanales de trabajo. Pago una habitación de 300 Euros mensuales, los alquileres en Barcelona son elevados, hay que comer y pagar transporte. He tenido que echar mano de los ahorros que hice cuando estuve en Madrid.

¿Pero los salarios son buenos en comparación con Honduras? “Bueno los salarios son buenos, no puedo quejarme en esa parte. Solo siendo cuidadora (encerrada), es como se puede ahorrar, lo que ganas es libre porque el patrono te paga por ley 900 Euros, más un porcentaje en especie, es decir; alimentos y techo. Con ese estilo de vida sí puedes ahorrar y ayudar a la familia. Ojo si tienes suerte de encontrar un empleo, pero la mayoría acaba con el “síndrome del cuidador quemado” ya que a los cuidadores nadie nos cuida. Se respira estrés hasta en deshoras”.

Ya no tenemos espacio. ¿Un consejo para los que buscan el sueño europeo? Que no crean en las fotos que ven en las redes sociales, muchas paisanas se vuelven vanidosas y aparentan solamente; ya que su esencia se marchita, sonríen de mentira a la cámara, si hablas con ellas siempre están renegando por el encierro. Muchas de esas ropas que modelan es que la jefa en vez de tirarla al contenedor de basura se las regala a las “sudacas”, así nos llaman cuando creen que no escuchamos”.

¿Algún futuro? “No, no hay futuro aquí. Es decir, no el que nos quieren hacer creer, aquí los títulos no valen, he visto mucha gente latina pidiendo en el metro, durmiendo en los parques, haciendo piruetas para ganarse la vida. No es ser pesimista, aquí hay un futuro incierto. La pandemia solo vino a quitar la máscara de este país”.

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