¿OBSOLETO?

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ZV
/ 24 de agosto de 2020
/ 12:36 am
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DURANTE una conferencia, “el Futuro de Sapiens”, patrocinada por Newsweek Bélgica, una estudiante universitaria, hablando en perfecto inglés, planteó la siguiente interrogante: “Estudio español y francés en la universidad, y mi inclinación inicial fue que un ser humano social, por lo menos debemos dominar varios idiomas para poder interactuar con el mundo que nos rodea; pero si entiendo lo que usted expone en sus libros, que eventualmente la inteligencia artificial va a realizar una mejor función traduciendo, quedo bastante desconcertada, ¿si lo que hago ya no tendrá mayor valor económico, o beneficio en el mercado laboral (se detiene por las sonoras carcajadas del auditorio, y continúa); así que lo que quisiera preguntarle es si lo que hago es todavía relevante (vuelve la hilaridad del auditorio a interrumpirla, pero termina) si lo que hago es relevante y si no lo es cómo me preparo para mi futuro?” Extraordinario. No solo en ese contexto sino generalizando su preocupación a una realidad más universal.

Ya días –dudando si de tanto arar en el mar se pueda incidir en las decisiones nacionales– hemos planteado parecidas reflexiones en torno al modelo educativo nacional. Aquí en editoriales y en forma presencial en una de las universidades. La necesidad de revisar si lo que se enseña, si el plan de estudios para escuelas, colegios e institutos, públicos y privados, y el currículo académico de las universidades –en fin, comprendido a todos los niveles del sistema educativo, es todavía relevante al mercado laboral–. Yendo más allá, ¿si los planes de enseñanza de la actualidad –la naturaleza de las asignaturas para las profesiones que se ofrecen, y la índole de los títulos que se entregan– van a colocar al país en un nivel de ventaja o desventaja respecto a los demás? Ya no de aspirar competir en el mundo, tan solo superar la condena tercermundista. Esta disyuntiva, sobre la que no hay siquiera debate nacional, ni al interior de los centros educativos, ni liderazgo alguno que como iniciativa propia hayan tomado los centros superiores de enseñanza, es todavía mucho más relevante a la luz de la crisis que se atraviesa. Una es la realidad AC, antes del coronavirus, y otra DC, después de coronavirus. ¿Qué capacidad de adaptación tendremos, a estos inferiores niveles de la calidad educativa, para encarar el cambiante y gigantesco desafío de lo que se viene encima? Ya en cierta ocasión Harrari hizo referencia, con clara insinuación de desahucio, al retraso de estos pintorescos paisajes acabados. Citando a Honduras –en un conversatorio con el dueño de Facebook– como ejemplo.

Aquí las chatarras de los chats y los zombis hipnotizados en sus pantallas digitales –cuyo tiempo íntegro lo dedican a la frivolidad– no se percataron de esa conversación hasta año y meses después que estuvo colgada en “YouTube”. Por el reenvío de un artículo en Presencia Universitaria. Hasta entonces muchos también se enteraron de la existencia del israelí –hoy casi elevado a la notoriedad de rabino de una nueva religión– autor de los tres libros más leídos en los últimos tiempos. Para que deduzcan la naturaleza de la información que comparte el mediocre ambiente y de la lectura que capta su atención en las redes sociales. Ahora bien, la respuesta del conferencista Yuval Noah Harari –historiador, escritor israelí a quien muchos acreditan virtudes proféticas por su habilidad de advertir escenarios a los que podría evolucionar la humanidad en el próximo futuro– fue la siguiente: “Hay muchos niveles en esto, y por supuesto que estudiar un idioma no solo es pertinente a la traducción; se aprenden distintas perspectivas sobre la vida. No solo es la cuestión económica”. “No hay que verlo solo atinente a la inquietud del empleo sino en un espectro más amplio. Muchos se preparan para trabajos de hoy; un trabajo que en el cercano futuro puede desaparecer. Nadie sabe cómo será el mercado laboral en 20 años, solo que será muy volátil”. “Mi sugerencia es no enfocarse en una habilidad muy estrecha y poner todas sus esperanzas allí, ya que muchas de esas faenas podrían estar automatizadas en los próximos años’’. “Lo más importante en el siglo XXI es cómo aprender constantemente nuevas cosas y reinventarse a través de la vida’’. “Se necesita inteligencia emocional y flexibilidad mental’’. “Una carrera o un trabajo para toda mi vida será completamente obsoleto’’. Y aquí alude a los sistemas educativos especialmente de los países aletargados. “Necesitamos incorporar esto a los sistemas educativos hoy y no cuando sea tarde’’. “Es más difícil enseñar inteligencia emocional que fechas de batallas en historia, o flexibilidad mental que una ecuación de física’’. “No hay que ser ingenuos. Va a ser difícil y varios se van a quedar atrás’’. “Sobre todo los más subdesarrollados’’. “Un país próspero como Bélgica, podrá invertir en reentrenar su gente y al manejo psicológico de las transiciones repetidas. Pero otros no podrán”.

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