Domingos plácidos y viernes prietos

Domingos plácidos y viernes prietos
ZV
/ 28 de agosto de 2020
/ 12:17 am
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¿Vuelven los oscuros malandrines del 80?
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Por: Óscar Armando Valladares

Poco antes de la pandemia, estuvieron a la orden -ventiladas por figuras del bello sexo- confesiones y denuncias contra faunos y galanes de otra hora. Exponentes del cine, el teatro, la política, los negocios, la religión, lo funambulesco, en suma, fueron sindicados de actos licenciosos y silenciosos, con severa incidencia en quienes dejaron sus aventuras echadas en el olvido, y que a la vejez -santuario de las angustias- les está cobrando réditos.

¿Qué indujo a las víctimas, forzadas o no forzadas, a desempolvar los atentados y desnudar a sus vejadores, y estos a pedir perdón, indulgencia o impugnar los cargos? ¿Venganzas de una parte y del otro arrepentimiento o alegar mutua avenencia? ¿Librarse de un mal recuerdo y excusarse entre “su” gente? ¿Demandar compensación y atenuar una condena? ¿Sentar un precedente y reivindicarse ante hijas y esposas por el “desliz”. ¿Impedir la impunidad y apelar a las circunstancias? ¿Desprestigiar una carrera y alivianar la imagen corruptora? Sea lo que resultare del oleaje acusatorio, no sorprende lo que acontece en esos ámbitos sinuosos, en que oferta y demanda suelen conllevar apetencias, intereses y anzuelos, por lo que es de imaginar trasiegos de exigencias y veladas amenazas, ofrecimientos, sondeos y flirteos obsesivos y, además, trepadoras ambiciones.

En uno de tantos casos trascendió el nombre de Harvey Weinstein, arrimado a una corte neoyorquina por “congraciarse con mujeres, a veces prometiéndoles papeles en películas u otros ascensos antes de agredirlas sexualmente y violarlas”, según un cable de la AP (LA TRIBUNA, 23 de enero, 2020). En otro remitido de la agencia AFP, consignose la inculpación de la actriz Annabella Sciorrra -de la serie Los Sopranos- conforme a la cual el señalado productor de Hollywood la violó en los años 90. Es acusado igualmente de ejercer sexo oral a la exasistente de producción, Mimi Heleyi, en 2006, y de violar a la actriz Jessica Mann, en 2003, “un caso emblemático para el movimiento “Me Too contra el acoso y la agresión sexual”, agregó la AFP.

Por esos días, trascendió que la periodista E. Jean Carroll había acusado (el año anterior) al presidente Donald Trump por fornicarla “en el vestidor de una tienda de lujo a mediados de la década de 1990”. Sus abogados -reportó la AFP- “pidieron una muestra de ADN del presidente para determinar si hay material genético suyo en la ropa que ella dice vestía durante esa ocasión”.

Cuando Plácido Domingo vio la ópera “El rapto en el serrallo”, cuando cantó en “Otelo”, de Verdi, o cuando supo de las infidelidades de Puccini, no olfateó que andando el tiempo saldrían del closet sus amoríos, ni queridos ni buscados por sus imputadoras; y aunque soltó bonachonamente en agosto de 2019 que, a su entender, habían sido encuentros de recíproco deleite, por lo oído solo él paladeó los refocilos: los domingos plácidos de tenor y de tenorio. Y como ciertos goces “son por onzas y los males por arrobas”, no le surtió excusarse, pues por encarnar a Don Juan, afuera del escenario le han bajado el telón en el viernes prieto de la senectud.

Ahora, creer que acá somos la excepción de la regla embaucadora, es nadar en el desierto. Entre nos, forman legión los guaperas cola alegre -algunos de armas tomar- que acaramelan promesas por distracciones de alcoba o que droga en ristre jinetean a su gusto. Sexo, negocio y forzamiento -en cualquiera de sus formas- andan tanto en las altas esferas como a ras del bajo mundo, con diferencias de pesos. Mientras en las cumbres voluptuosas puede saldar don dinero los agravios o cortarse los frutos del vientre, entre la ralea -si el hecho conlleva denuncia poco o nada se investiga-, y si el acceso fornicario acarrea dolor y tristeza el fanatismo inducido clama: ¡A Dios le dejamos todo!

Enamorar en buena lid, vale para hombre y mujer. A quien viste pantalón, el amor sabe dulce cuando se alcanza con dificultad, dice Nathaniel Field; en la fémina, el amar es como un símbolo; borra todo sentido del tiempo, destruye todo recuerdo de un principio y todo temor a un fin, asegura Madame de Stael. En español, en latín, “el amor”, en verdad, “no puede ser impuesto”, “amor cogi non potest”.

Desafortunadamente, nunca faltan hijos de …Sade, a los cuales agradaría leer -con renovada lubricidad- “Los ciento veinte días de Sodoma”, que escribió el libertino autor francés.

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